Prudencia de iraquíes y soldados de EEUU ante lo que les espera en el año 2004

En el escenario de un nuevo y sangriento atentado en Bagdad, soldados estadounidenses y civiles iraquíes confían en las últimas horas de este difícil año en que la violencia no les volverá a castigar con la misma fuerza en 2004.

Los hombres se preocupan por el estado de salud de Fuad, un vendedor de cigarrillos, gravemente herido en la nuca, el vientre y el brazo en la explosión de una bomba ayer martes a las 08h50 de la mañana (05h50 GMT) cerca de su quiosco en el barrio de Karrada.

También están apenados por la muerte de otro hombre, al que ni siquiera conocían, pero al que trasladaron a una mezquita vecina. Todos ellos rezan para no acabar como él en los días, semanas o meses venideros.

Algunos miran a los soldados estadounidenses alejar a los curiosos que se agruparon en medio de la calle y algunos culpan a estos militares de la nueva tragedia y rezan para que se vayan de una vez de su país. Otros todavía esperan que se queden para reconstruirlo.

«El día de Año Nuevo será peor. Habrá nuevos ataques», afirma Haidar Abu Iklam tras el mostrador de su restaurante, donde el suelo está cubierto de escombros de vasos rotos mezclados con pepinillos en vinagre salidos de un tonel que se rompió con la explosión.

Con aire pesimista, Abu Iklam espera una continuación de la violencia mientras los estadounidenses permanezcan en el país. «Â¡Qué situación terrible!», lamenta.

Jamil Yunes Mohammed, de 42 años, que limpia el suelo de su restaurante de pedazos de carne asada y restos de cristal, no comparte esta opinión. «Espero que la violencia pare», confía. *

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