Kirchner y Duhalde confirman acuerdos
Duhalde, que asume en días su cargo de conductor político del Mercosur, una especie de Romano Prodi que hace lo suyo para Europa, tiene como meta alcanzar la integración sudamericana con la idea de concretarla para 2005 para que sirva como apoyatura, o contrapeso, al proyecto impulsado por George Bush para conformar el ALCA.
La cancillería no ha mostrado demasiado entusiasmo en la propuesta de Duhalde, que en principio cuenta con el respaldo de Lula y Kirchner que tiene la posición más firme dentro del gobierno en materia de integración regional, ha dado señales que está de acuerdo con su predecesor, más allá de las palabras formales.
El encuentro, en el plano local, estuvo precedido por rumores de nuevos encontronazos entre el kirchnerismo con el aparato político del peronismo bonaerense del que Duhalde es su mentor.
Dos asuntos de nuevo cuño se suman al rosario de contradicciones existentes entre esas dos fuerzas de una alianza muy peculiar que aseguró que Kirchner triunfara en las presidenciales de abril pasado.
Una, la acusación que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, ha hecho sobre el manejo non sancto de planes sociales en el Gran Buenos Aires, donde la mayoría de los alcaldes es de prosapia peronista-duhaldista. Y dos: versiones sobre un plan del matrimonio Kirchner para instalar a la senadora Cristina Fernández, la esposa del Presidente, como candidata a gobernadora del primer estado argentino en 2007, que es como decir vaya uno a saber.
Hay una agenda preparada para que el Presidente visite las comunas más pobres del cordón urbano y con ello, unir lo útil con lo agradable.
Es que el kirchnerismo supone que necesita instalarse en la gran provincia argentina si quiere avanzar, no sólo pensando en un segundo mandato para Kirchner, sino para afianzarse políticamente en el actual.
El distrito bonaerense
¿Cómo son realmente las relaciones entre Kirchner y Duhalde? Amigos del primer mandatario transmiten que están en un buen nivel, que el ex gobernador está dispuesto a ayudarlo y cumplir un papel de estadista más que de conductor de un aparato político que a todas luces muestra signos de agotamiento.
No es un proceso sencillo porque el duhaldismo constituye la expresión más acabada de utilizar la pobreza como herramienta de construir poder. Esa política es enfrentada por un lado por Kirchner, quien busca la manera de sacarle a los intendentes y caciques políticos el manejo de los subsidios (Planes de ayuda a Jefes y Jefas de Familia, entre otros) y por otros lares, por el movimiento piquetero, que disputa las masas al justicialismo, asunto que no deja de preocuparle al Presidente.
Limarle poder a los caciques tiene otra meta clave: romper lo que se cree coyunda entre intendentes con sectores policiales que favorecen la sensación y real inseguridad urbana.
Kirchner logró cierta paz de Año Nuevo con los sectores más radicalizados de los desocupados organizados, que de todas maneras se preparan para una nueva etapa de movilizaciones.
Por lo pronto, han rechazado, después de haberlo aceptado, integrar una comisión investigadora del atentado al mitin piquetero de hace dos sábados en Plaza de Mayo, una bomba que dejó más de veinte heridos: quieren que el comité sea absolutamente independiente del Estado.
Pero al Presidente, su amiga y aliada Hebe de Bonafini, la histórica dirigente de Madres de Plaza de Mayo, salió a respaldarlo polemizando desde la hoja semanal de esa entidad, con los piqueteros considerados duros. «Hay una nueva situación», sostiene Bonafini que pide adaptar a esas condiciones la lucha reivindicativa.
Le han dicho de todo, los llamados «duros», se comprende. *
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