Insurrección zapatista de 1994 mostró la severa pobreza indígena de México
La insurrección zapatista de Chiapas en 1994, aunque en realidad sólo duró una docena de días, puso al descubierto la situación de los más de 12 millones de indígenas mexicanos, la franja más atrasada económica y socialmente de todo el país.
En el sureste mexicano, donde se ubica el estado de Chiapas, existe «el índice de desarrollo humano más bajo» de México, según el más reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En esta zona –con una alta densidad de población indígena– «los índices de esperanza de vida, escolaridad y PIB per cápita (Producto Interno Bruto por habitante) son claramente inferiores a los de todas las demás regiones», de acuerdo al organismo internacional.
Al levantarse en armas el 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) pedía «trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz», y consideraba que la pobreza en la que vivían era «una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos» indígenas, según la primera Declaración de la Selva Lacandona, con la que los guerrilleros se dieron a conocer internacionalmente.
Mientras en las zonas centro, oeste y norte de México la esperanza de vida al nacer ronda los 77 años, en Chiapas el promedio es de 72; en ese estado sólo 57% de los jóvenes entre seis y 24 años tiene acceso a la educación y el PIB per cápita anual es de 3.300 dólares en promedio, en comparación a los más de 6.100 dólares en el resto del país.
Chiapas «es un ejemplo de cómo viven en general los indígenas de México».
En ese sector de la población la tasa de mortalidad infantil es de 31,9%, muy superior al promedio nacional de 24,9%, cifra que en las zonas urbanas y no indígenas llega sólo a 17%, de acuerdo al Consejo Nacional de Población (Conapo).
En México 871 municipios –sobre un total de 2.443– tienen población indígena, que asciende en total a 12.707.000 indígenas mexicanos. El 46,5% de esa comunidad vive con «alto grado de marginación», reportó recientemente el Instituto Nacional Indígena (INI).
Más del 56% de los indígenas de México trabajan en el campo, 53% vive en inmuebles con piso de tierra, 42,3% no posee agua entubada, 73% carece de drenaje y 20,7% no tiene electricidad, lamentó el INI. *
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