¿Qué cambió tras la captura de Saddam Hussein?
Saddam Hussein era el as de triunfo en el juego de barajas que las tropas de ocupación difundieron por todo Irak como su primer objetivo a apresar. Ahora que lo tienen en sus manos la pregunta es: ¿Qué cambió? ¿Terminaron las acciones de resistencia, las muertes de los soldados de las tropas de ocupación? ¿Terminaron las masacres, los allanamientos, las torturas, las detenciones por centenares de los iraquíes? La respuesta es: No. Más bien todo lo contrario.
Muertos de ambos lados, campos de concentración
No disminuyó el número de muertos entre los soldados y oficiales del presunto ejército liberador, cuyos féretros llegan a EEUU a la sordina. Los atentados se suceden todos los días, y alcanzan también a los mercenarios iraquíes al servicio de los ocupantes. Por eso Washington está reclamando, con poco éxito, que otros países envíen tropas, para compartir los muertos. Todo ello en aras de los planes electoreros de Bush. Queda demostrado que la resistencia no dependía de Saddam ni se limitaba a sus partidarios. Es una resistencia nacional, más allá de las divisiones de diverso orden entre los habitantes.
La réplica de los ocupantes ha consistido en incrementar los niveles de la represión. Atacan con tanques y helicópteros a la población, matan a mansalva en los lugares de donde suponen que parten los atentados, con métodos análogos a los de los ejércitos de Sharon contra los palestinos (de paso sea dicho, Bush ha declarado impúdicamente que Israel debe desembarazarse de Arafat, lo que supone una condena a muerte o al exilio). Allanan barrios enteros, dinamitan viviendas, se llevan cientos de presos con los ojos vendados, los encarcelan en lugares desconocidos donde no los pueden visitar sus familiares y carecen de toda defensa legal.
Ahora se sabe además, gracias a las revelaciones del periodista norteamericano Gordon Thomas publicadas en la American Free Press, que existe un gigantesco campo de concentración, el Camp Cropper, en la periferia del aeropuerto de Bagdad, donde se hacinan tres mil presos iraquíes en condiciones inhumanas, bajo temperaturas que llegan al mediodía a los 50 grados. Se describe la situación degradante a que está sometido Tarek Aziz, ex vocero internacional del gobierno. Como tortura adicional se les da de comer cerdo, que los musulmanes rechazan. Al menos incumplimiento del régimen draconiano se les obliga a sentarse en posiciones incómodas (método inventado por Luis XI en Francia) y se les mete la cabeza en una bolsa.
Si Saddam hablara
El autor recuerda que esas técnicas fueron usadas por los franceses en Argelia y por los estadounidenses en Vietnam, y eran enseñadas en las escuelas de contrainsurgencia del canal de Panamá y de Fort Bragg, basadas en la doctrina de seguridad nacional. En grado aún más extremo son empleados contra los 660 presos de la base yanki de Guantánamo, donde ni siquiera la Cruz Roja puede ingresar.
Bush acaba de reunirse con el virrey Paul Bremer y con el secretario de Defensa Donald Rumsfeld para evaluar la situación. Este último es un hombre marcado.
Ya mencionamos sus reuniones con Saddam en Bagdad en medio de la guerra Irak-Irán de los 80. Las imágenes de los dos juntos reaparecieron estos días en canales europeos independientes (no por cierto en la CNN). Una de las reuniones Rumsfeld-Saddam tuvo lugar el 19 de diciembre de 1983, cuando el actual jefe del Pentágono fue enviado por el presidente Reagan a Bagdad para sellar el apoyo de EEUU a Irak en la guerra contra el Irán del ayatolá Jomeini.
Esa visita se repitió en 1984, cuando EEUU eliminó a Irak de la lista de naciones que apoyaban el terrorismo y exportó a este país sistemas de misiles y equipos químicos y biológicos, incluyendo ántrax, según lo reveló en 1992 un informe del Comité del Senado. Se agrega que desde octubre de 1983 Saddam utilizó en la guerra contra Irán unos cien mil proyectiles en los que se hallaban contenidos de gas mostaza y de gas nervioso, con pleno conocimiento del secretario de Estado George Shultz (si no me equivoco directamente conectado a Bechtel, otra de las grandes beneficiarias de los contratos en Irak).
Para las calendas griegas
Se revela además que la Dow Chemical vendió pesticidas a Irak en diciembre de 1988; y que después de la guerra del Golfo de 1991 empresas norteamericana como la Bechtel, M. W. Kellog, Dresser Industries e Interchem Inc. proporcionaron a Bagdad tecnología para armas químicas y biológicas.
Bastan y sobran estos datos, que no son los únicos, para pronosticar que no habrá juicio público a Saddam, ni se le permitirá hablar. Seguirá recluido y sin defensa, en violación de todas las leyes internacionales, por lo menos hasta mediados del año próximo.
En el mejor de los casos, podrá abrir la boca después de las elecciones de noviembre. Si no lo ejecutan antes, que es la solución preferida de Bush y de algunos de los corruptos miembros del gobierno provisional que lo visitan para humillarlo, entre ellos Ahmed Chalabi, un banquero ladrón condenado por sus desfalcos y que huyó a Jordania, ahora huésped frecuente de la pantalla de CNN.
El reparto de la torta
Bush le prohibió a Blair viajar a Irak para saludar a las tropas antes de Navidad, a fin de que nadie opacara su presencia exclusiva (con el pollo de plástico incluido). Blair se vengó dando a conocer al mundo la captura de Saddam antes que Bush.
En los contratos para la reconstrucción, empresas como Halliburton (con sus negociados tramposos) y Bechtel picaron en punta y no las desaloja nadie. Blair se queja de que los países europeos le recriminan que EEUU los deje fuera del negocio y al mismo tiempo les pide (misión Baker) que condonen la deuda de Irak. La lucha sigue a dentelladas por el reparto del botín. *
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