Por el miedo a explosiones y la falta de energía

Papá Noel no canta ni baila en Irak

En Karrada, un barrio del centro de Bagdad habitado por numerosos cristianos, no hay ánimo de fiesta y muchos echan de menos el antiguo régimen, durante el cual por lo menos se sentían seguros.

El muñeco que representa a Papá Noel en el comercio de regalos de Najiba John permanece inanimado. «Lamentablemente no tenemos electricidad», dice la dueña, señalando que dicho muñeco supuestamente canta y baila.

Nadie tiene planes para ir a bailar y muchos se preguntan si vale la pena ir a las iglesias para la misa.

«Tenemos miedo de las explosiones», afirma la dentista Nisrine Thomas, de 30 años. «Bajo el antiguo régimen celebrábamos Navidad hasta la madrugada, pero este año no nos atreveremos a salir», agregó.

Las fuerzas de la coalición que ocupan Irak no han logrado, nueve meses después de la caída del régimen, restablecer totalmente la seguridad en un país que vivió una de las dictaduras más severas. Por otra parte, la actitud triunfal de los chiítas, el sector mayoritario, preocupa a los cristianos, que constituyen menos de 5% de la población.

Numerosas víctimas civiles murieron en los atentados con coche bomba, sobre todo en Bagdad, así como en los ataques de la guerrilla y las respuestas de las fuerzas de ocupación.

«Ya no queda nada. Nos encerraremos en nuestros hogares y ni siquiera iremos a la iglesia.

¿A dónde podríamos ir? Ya no quedan clubes, no hay nada», se lamenta Danny Rasso, de 51 años, propietario de uno de los raros comercios de bebidas alcohólicas.

Monseñor Emmanuel-Karim Delly inauguró el domingo pasado su patriarcado caldeo en la capital haciendo un llamado a todos los iraquíes. Los caldeos, con 700.000 miembros, constituyen la mayor comunidad cristiana del país.

«Saddam amaba a los cristianos, eso es un hecho. Pero desde hace seis, ocho meses, no sabemos nada» sobre nuestra situación, señala Laith Calotti, un vendedor de flores y regalos de Navidad.

Nisrine Thomas teme un fortalecimiento de los islamitas. «Esperamos al próximo gobierno para conocer bajo qué sistema político viviremos», explica.

Los vendedores de alcohol afirman que viven con miedo, no debido a su religión, sino a su comercio.

Rasso afirma que tres de sus colegas fueron asesinados y acusa a los extremistas musulmanes, mientras que uno de sus competidores, Sabieh Isho, de 52 años, señala que también es culpa de la delincuencia común. *

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