El coronel Kadafi, con 34 años en el poder, es el más veterano dirigente árabe

El dirigente Muammar Kadafi, cuyo país acaba de anunciar que renuncia a sus programas de armas de destrucción masiva, es, después de 34 años de líder de la «revolución libia», el más veterano de los jefes de Estado árabes, aunque a lo largo de ese largo reino ha ido atenuando gradualmente su papel de agitador universal.

En una declaración el viernes por la noche, Libia anunció que «decidió desembarazarse de todos los equipos, útiles y programas que puedan conducir a la fabricación de armas de destrucción masiva».

El coronel Muammar Kadafi, citado por la agencia oficial Jana, saludó una «declaración sabia y valiente».

El polémico coronel, que tenía 27 años cuando derrocó al viejo rey Idriss el 1 de septiembre de 1969, cambió el calendario luego de llegar al poder y dio a los meses nombres diferentes para mostrar el inicio de una nueva era donde todo el poder era para las masas.

«Los ignorantes, la gente superficial y los que son animados por el odio preguntan cómo me he mantenido en el poder durante 34 años. Pero es porque no gobierno, pues es el pueblo el que gobierna desde 1977 y por eso Estados unidos no pudo cambiar el régimen libio», afirmó en un largo discurso televisado con motivo del 34(integral) aniversario de la revolución libia el 1 de septiembre pasado.

El dirigente libio proclamó en 1977 la «Jamahiriya», que se define como un «Estado de masas» que éstas gobiernan por medio de comités populares elegidos.

Teóricamente, el coronel Kadafi no desempeña ningún cargo oficial, salvo el título de «guía de la revolución».

El coronel reiteró a fines de agosto que el Libro verde que publicó en 1977 constituía la única solución para la humanidad.

«Estamos orgullosos de presentar al mundo una vía para la salvación, que es el Libro verde, y la tercera teoría mundial», entre el capitalismo y el socialismo, dijo.

El hombre que se presentó como adalid de la lucha contra Israel y que hizo múltiples declaraciones incendiarias contra el Estado hebreo, publicó recientemente un nuevo «Libro blanco» para una solución del conflicto árabo-israelí.

Ese Libro blanco preconiza «la instauración de un Estado que reuniría a los israelíes y los palestinos, y que se llamaría Isratina», amalgama entre Israel y Palestina, explicó en su discurso.

Afirmó también que Libia quiere abrir «una nueva era en las relaciones con Occidente», con el levantamiento el 12 de septiembre pasado de las sanciones de la ONU, impuestas a su país en 1992.

Las sanciones fueron levantadas luego de que Libia aceptó pagar compensaciones a las familias de las víctimas estadounidenses y británicas del atentado de Lockerbie en 1988 (270 muertos) y las víctimas del DC-10 francés de UTA (170 muertos en 1989).

El coronel Kadafi, que fue acusado de apoyar con dólares a varios movimientos de liberación, en especial africanos, y organizaciones extremistas, trata ahora de tener un papel conciliador.

Gracias a las entradas petroleras de su país obtuvo la liberación de rehenes alemanes detenidos por islamistas en Filipinas en 2000 y recientemente ayudó a la liberación de 14 rehenes europeos detenidos en el Sahara argelino.

En el marco árabe, luego de tratar en vano de proclamar varias uniones entre su país y Egipto, Sudán o Túnez, anunció el año pasado su intención de retirarse de la Liga árabe, desesperado de ver que sus proposiciones no eran tomadas en cuenta.

En el plano económico, el dirigente libio impuso un sistema inédito en Libia, en el que afirma que los libios son «socios y no empleados» en todas las empresas.

Anunció asimismo en junio pasado su intención de privatizar la economía, en especial el sector petrolero, que constituye la base de la economía libia, y afirmó que el sector público fracasó lamentablemente. *

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