Undécino aniversario de la matanza

La "cicatriz" de Tiananmen sigue abierta

Pekín, ANSA

En la noche del 3 al 4 de junio de 1989, los soldados del Ejército popular llegaron a la plaza de Tiananmen, donde se habían congregado desde hacía 40 días miles de estudiantes que pedían, pacíficamente, más apertura democrática del régimen.

El ejército y los tanques mataron a cientos de las personas desarmadas congregadas en la plaza, cumpliendo con la orden dada por Deng Xiaoping porque, en teoría, las manifestaciones estudiantiles ponían en peligro la estabilidad política necesaria para llevar a cabo las reformas económicas.

Sin embargo, detrás de la orden de Xiaoping se encontraba el objetivo de eliminar a un adversario político, el por entonces secretario general del PCC, Zhao Ziyang.

Hoy, a pocas horas del sangriento aniversario, agentes policiales de civil patrullan la céntrica plaza de Pekin para evitar cualquier tipo de protesta, por mínima que sea.

Los profesores de las universidades se movilizaron para controlar a los estudiantes y los censores escrutan las páginas de Internet en busca de lemas «revolucionarios» que suprimir inmediatamente, según una nueva circular publicada por el Ministerio chino para la Seguridad Pública.

Pese a los intentos oficiales por cancelar toda huella de lo ocurrido hace 11 años, el recuerdo de la represión resiste a través de las voces de las familias de las víctimas y de las de intelectuales y disidentes.

La matanza de Tiananmen también se encuentra enraizada en la memoria del PCC, cuya unidad ha minado a lo largo de los años, matando al mismo tiempo esos pocos ideales e ideología que lograron sobrevivir a la Revolución Cultural de Mao Zedong.

«Gran hermano, te equivocaste; ¿ahora quieres eliminar el recuerdo del 4 de junio?», afirmaba un mensaje anónimo enviado al sitio Internet del «Diario del Pueblo» antes de ser borrado por la censura.

Según un intelectual chino que prefirió permanecer en el anonimato y que habló con la prensa occidental, al PCC le gustaría eliminar el recuerdo de la matanza pero no puede, pues ésta significó el fin de la discusión ideológica en China. Los pensadores que, a partir de posiciones marxistas, proponían una reforma política, fueron arrestados, encarcelados, otros se vieron obligados a exiliarse y otros fueron perseguidos.

El pueblo chino, por su parte, se refugió en la religión, la superstición y el «culto esotérico» como el Falung Gong, un conjunto de ejercicios de meditación y respiratorios con vagas referencias al budismo y al taoísmo que ha conquistado millones de seguidores, en busca de certezas psicológicas.

El PCC, por su parte, no sabe cómo reaccionar ante esta oleada de misticismo, pues lo sucedido en 1989 hizo que el país sólo se abriese a la liberalización económica pero no a la política y a la social.

La caída de la URSS en 1991 –que el gobierno de Pekín atribuyó a la apertura política– empeoró las cosas.

El final en Taiwan del poder del Kuomintang, el partido nacionalista, hermano y antagonista del PCC que resultó derrotado por la oposición en las elecciones presidenciales de marzo tras haber estado en el poder durante los últimos 50 años, ha fortalecido la convicción china de que las reformas políticas son un peligro.

Los órganos de información chinos guardan silencio con respecto al undécimo aniversario de la matanza de Tiananmen mientras que las madres de las víctimas volvieron a lanzar hoy un nuevo llamamiento pidiendo justicia.

Las autoridades prohíben a las madres manifestar públicamente su dolor por lo que las mujeres ya depusieron virtuales coronas de flores en el nuevo sitio «www.FillTheSquare.org», supervisado por la organización pro-derechos humanos «Human Rights in China».

 

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje