Recuerdan caída del presidente De la Rúa en un clima tenso
La fragmentación en las organizaciones de desocupados (piqueteros) determinó la convocatoria de cuatro actos centrales, sin contar manifestaciones paralelas organizadas por asambleas vecinales de la Ciudad de Buenos Aires.
Con dos años de gestión, De la Rúa no había logrado revertir la recesión y el crecimiento de la desocupación y el desempleo que se había iniciado en 1997, a lo que se sumó la inmovilización de depósitos bancarios («corralito») para enfrentar una corrida.
Así, a los desocupados que cortaban rutas, calles y avenidas, se sumaron en diciembre de 2001 miles de ahorristas de clase media, que también ganaron las calles, mientras proliferaban «asambleas populares», ámbito de protesta fuera de todo control partidario.
Hoy la situación es muy distinta: a partir de la devaluación de enero de 2002 el país está en proceso de reactivación, algunos ahorristas recuperaron fondos, otros hicieron acuerdos, otros se resignaron, y una recuperación parcial de los niveles de consumo tranquilizó a la clase media.
En cambio, aunque se están creando nuevos puestos de trabajo, el país cuenta aún con 2,1 millones de desocupados, lo que sigue dando sustento a los movimientos de piqueteros, que con todos sus matices y variantes son los que ganarán las calles mañana.
Muchos asambleístas y ahorristas que en diciembre de 2001 protestaron durante semanas a la par de los desocupados ahora les reprochan a éstos los cortes de calles y avenidas, pues se declaran afectados en sus libertades individuales.
A la vez, las diferencias entre los grupos de desocupados se agravaron en los últimos meses, a partir de una línea divisoria que pasa, esencialmente, por la mayor o menor confrontación con el gobierno del presidente Néstor Kirchner.
El gobierno endureció en los últimos meses su discurso contra los grupos de desocupados que a su gusto son «intransigentes» y a los que Kirchner vinculó con partidos de izquierda.
Sin embargo, en vísperas de las movilizaciones, el presidente se mostró hoy más dialoguista y dijo que el tema de las protestas «no se resuelve con palos».
El gobierno cultiva una relación cordial con los grupos «dialoguistas», a su vez criticados por los sectores «duros».
Luis D’Elía, expresión del sector «dialoguista» y que convocó a un acto en un estadio de fútbol, considera «espontánea» la reacción popular contra De la Rúa conocida como «cacerolazo», pero no los acontecimientos del 20 de diciembre en torno de la Casa de Gobierno, que a su entender fueron «incentivados» por el Partido Justicialista (peronista) de Buenos Aires, que por entonces lideraban Eduardo Duhalde (después presidente, entre enero de 2002 y mayo de 2003) y su canciller Carlos Ruckauf.
También se acusó al peronismo bonaerense, e incluso a la policía de la provincia, de haber estimulado en diciembre de 2001 una ola de saqueos a supermercados.
De la Rúa renunció el 20 de diciembre por la tarde, cuando ya sumaban 30 los muertos a causa de la represión de las fuerzas de seguridad en todo el país.
A causa de las diferencias entre los piqueteros, serán tres las concentraciones previstas para mañana en la Plaza de Mayo, el paseo histórico frente a la Casa de Gobierno, coordinadas por decenas de organizaciones que buscan evitar disputas por el escenario. Habrá una a partir de las 14.00, otra desde las 16.00 y otra desde las 18.00. Los organizadores prometieron garantizar la seguridad y que no habrá desbordes. El gobierno dijo que no perturbará a los manifestantes y adoptó medidas especiales para que no haya provocaciones, como por ejemplo que los policías de civil que actúen en la zona no lleven armas.
«Tengo seguridad de que no habrá ningún tipo de conflicto y que las movilizaciones programadas se realizarán con el recogimiento que merece ese día», dijo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. *
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