Revelaciones explosivas que apuntalan al gobierno argentino

Sobornos desnudan sistema político

Entonces Alvarez, que era el vicepresidente, debió dimitir abandonado por la Alianza y por Fernando de la Rúa quien con ese acto cavaba su propia fosa: meses más tarde debió irse en medio de los tumultos de diciembre de 2001 que estos días vuelven al escenario político.

El caso explotó ahora en el momento oportuno. El denunciante, un ex funcionario del Senado Nacional que fungió como pagador de las coimas de dinero que proveyó la Secretaría de Inteligencia con al aval de De la Rúa, ha recibido todo el respaldo de Néstor Kirchner que conoce desde hace semanas que estas cosas iban a ocurrir.

Son revelaciones que reivindican a «Chacho» Alvarez y sirven a Kirchner para reafirmar su política contra la impunidad, o exhibirlo como que no retrocede en sus objetivos aunque algunos de sus aliados justicialistas están en la nómina de los que recibieron coimas.

El sistema de toma y daca sufre un nuevo revés. Lo recibió cuando quedó desnudado hace tres años, pero como no hubo castigos porque los jueces forman parte del esquema de prebendas, nada indica que haya muerto. Hoy se supone que el contexto es distinto por las decisiones políticas del Presidente y con la aireación de la Suprema Corte que debería contagiar al universo de los jueces, pero quién sabe si quienes tienen el expediente se atreven a romper con su propio pasado.

Kirchner viene batallando contra el sector del peronismo que conjuga política con corrupción que, además, incluye en los negocios, a policías y magistrados, lo que conforman la mayor mezcla explosiva. Como todo lo que la garganta profunda le contó a una revista y al juzgado es rica en justicialistas activos y en radicales amén del ex Presidente, constituirá un revés para quienes quieran ponerle trabas.

De hecho, gran parte de lo que ahora se conoce fue amasado por el jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, pero sobre todo por la diputada del ARI, Graciela Ocaña que nunca abandonó la pesquisa, en vinculación estrecha con el jefe de Gabinete Alberto Fernández y donde no faltó algún encuentro con el Presidente.

 

Un papel para la centro-izquierda

Nada cayó como un rayo en cielo sereno y poco importa cuál sea el cuentito oficial de coyuntura. Pero la participación de figuras del no peronismo alientan sensiblemente la idea de ir amasando una fuerza de centro-izquierda que pueda acompañar críticamente al Presidente.

Es Ibarra uno de los mentores de este impulso para que Kirchner eluda su dependencia del peronismo que sólo lo acompaña porque sigue siendo muy popular. En este episodio una vez más, los «buenos» se respaldan en una opinión pública deseosa que la corrupción se convierta en cosa del pasado.

En el centro-izquierda hay un severo debate sobre cómo pararse frente a Kirchner. Elisa Carrió (o los socialistas con otro tono y magnitud de ser escuchados), huye de cualquier esquema que le rebane autonomía a su fuerza política, el ARI. Pero incluso en sus filas hay renuencias a tanta intransigencia como método político.

De todas maneras, se trata de un proceso largo. En tanto, la nueva explosión de los sobornos, pone las barbas en remojo a legisladores que desde posiciones de derecha se aprestan a formar una tendencia opositora: nadie querrá caer bajo la sospecha de recibir pagos.

¿Podrá seguir vigente la Ley Laboral nacida en este chiquero? Fue pedida por el FMI, que suma otro escarnio a sus reclamos. La corrupción política no es inherente a ella, pero tiene que ver con el sistema de acumulación y distribución: a mayor injusticia distributiva, más dolo. ¿Puede combatirse ese flagelo sin mejorar las condiciones económicas y sociales o modificar la distribución de la renta?

 

Una decisión poco feliz

Por ahora la remarke de los sobornos sacará de los titulares el tema de los piqueteros. Pero durará lo que un lirio.

No parece feliz la decisión de Kirchner al acusar a dos partidos de izquierda de motorizar el descontento más activo del universo piquetero.

Pero después de reclamos del liderazgo de la Unión Industrial para que se endurezca la política oficial con los desocupados organizados, luego que el máximo referente del peronismo, Eduardo Duhalde con su esposa, demandaron que se acabe la «mano de seda» con ese sector y en el contexto de una feroz interna dentro del justicialismo bonaerense que puede utilizar estos episodios para resolver sus problemas, el razonamiento presidencial parece arrancado por esos antecedentes.

Se niegan en el Gobierno razones subalternas y recuerdan que desde hace semanas Kirchner viene expresando su fastidio por la metodología que aplican algunos grupos piqueteros para reclamar demandas que se consideran legítimas pero que están irritando a un sector apreciable de las capas medias que el gobierno teme sean seducidas por las consignas de orden que previenen desde la derecha.

Mal camino calmar a las fieras cediéndoles en demandas o prejuicios. No hay que ser demasiado avispado para entender que el problema es la desocupación y no las personas que reclaman soluciones. O que tienen reparos sobre que el curso económico dará en plazo razonable una perspectiva loable para vender a la miseria.

De hecho es el Presidente quien se acerca en este teme al discurso conservador aunque diferencia los reclamos de los métodos, que aprecia el esfuerzo por encontrar soluciones por parte de algunas de las agrupaciones de desocupados y que no está dispuesto a reprimir.

 

Peligros

¿Cuál es entonces el sentido de los llamados a la advertencia dirigidos contra el Partido Obrero y la Izquierda Unida, mientras excluye a algunos grupos realmente confrontativos en los hechos no en los discursos que hacen gala sobre todo los primeros que sueñan con convertir a la Argentina en el centro de «la revolución mundial» ya que las eclosiones sociales del 2001, son parte para este partido político de ese ineluctable proceso.

Corre el Gobierno varios peligros, el más importante, que en algún sitio la policía, tanto la bonaerense como la Federal, que están de pica con las autoridades, utilice algún incidente para propagarlo.

Para la óptica oficial era un acierto ir dividiendo, negociaciones mediante, a los ya fraccionados grupos piqueteros, incluso algunos de esos sectores en otro momento considerados intransigentes realiza desde hace días sus protestas por las veredas para no perturbar el tránsito.

Son conversaciones útiles para ir generando puestos de trabajo mediante cooperativas donde participan algunas organizaciones de desocupados, un trámite que no es rápido pero que tiene una orientación interesante, aunque sea tildada por los más radicalizados como paliativos.

Si la advertencia presidencial se visualiza como una amenaza ¿no pasará todo lo contrario a lo buscado y la unidad de acción del amplio universo se restablece bajo el predominio de los mas duros?

Ni en la Secretaria General de la Presidencia ni en el Ministerio del Interior se esperan disturbios en las concentraciones del próximo sábado en Plaza de Mayo donde por ahora concurrirán los desocupados que están influenciados por los dos sectores de izquierda mencionados que no parecen tener el propósito de actuar como provocadores.

Corre el rumor que en el Gran Buenos Aires nuevos grupos, vinculados a caudillos peronistas vocean saqueos en algunos supermercados. Puede ser acción sicológica por eso extraña más aún que Kirchner que dice entender que la represión sea una tragedia, haya aparentemente equivocado la táctica para los días que vienen.

 

Rebelión o golpe de estado

Son de rememoración del estallido social del 19 y 20 de diciembre del 2001 que se llevó puesto a De la
Rúa. Sobre que pasó esos días, hay todavía grandes debates.

La izquierda en general, la consideró como el «argentinazo» entendiéndose como un momento prerrevolucionario (aunque los comunistas no lo creen así). Otros analistas entienden que se conjugaron factores de hartazgo de sectores medios por la confiscación de los ahorros (el famoso corralito de Domingo Cavallo), junto a presencia de militantes barriales y saqueos organizados por sectores vinculados a Eduardo Duhalde, para consumar una especie de «golpe de estado» constitucional para sacar al país de la convertibilidad.

Lo real es que los muertos fueron piqueteros o personas sencillas y que al gobierno volvió el peronismo trepando sobre los cadáveres. Comenzó por el efímero Adolfo Rodríguez Saá, que declaró la cesación de pagos. Tras él, llegó a la Rosada quien debió hacerlo desde el primer momento, Duhalde.

Fueron protagonistas las capas medias pero son ellas las grandes ausentes de las protestas actuales y el movimiento piquetero que creció en gran parte por los planes asistenciales de Duhalde, pensados para evitar un estallido social mayor, es el que cree ser heredero de esas banderas.

Dentro del amplio espacio de los desocupados organizados, los partidos de izquierda, han ido creando sus propias organizaciones, como ya funcionaban otras orientadas por peronistas con vínculos con la Iglesia.

Algunas tienen excelentes relaciones con el Presidente, al igual que pequeños núcleos (como los guevaristas) que ven en Kirchner una oportunidad para que la Argentina integre, con Brasil el espacio sudamericano para ingresar al sistema de países que en el orden regional o mundial «resistan» al Imperio.

Casi todo este universo introdujo la novedad que disputa a las masas al aparato peronista, especialmente en el Gran Buenos Aires.

Pero no hay que sobrestimar el proceso porque todavía el viejo aparato justicialista maneja el 90% de los subsidios a las familias más necesitadas, y es una herramienta clásica del clientelismo. Más aún: en los planes oficiales es ir eliminando esos intermediarios (y los de izquierda) con instrumentos que son por ahora muy resistidos por unos y otros.

Lo real es que los desempleados luchan por ser incluidos en el mercado, aunque algunos de sus dirigentes (cuadros de partidos enviados a ese frente de lucha) vislumbren un proceso revolucionario. Días tensos. *

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