Latinoamérica se alineó con presidente peruano

Phil Stewart – Brasilia, Reuters

Los esfuerzos de Estados Unidos por coordinar una condena regional a la reelección del presidente peruano, Alberto Fujimori, parecen condenados a fracasar, al minimizar los líderes de América Latina las acusaciones de fraude en los comicios del domingo 28 de mayo.

Profundizando la división Norte-Sur antes de la asamblea general de la Organización de los Estados Americanos, la semana próxima, diplomáticos latinoamericanos han rechazado de forma tajante los llamamientos de Washington en pro de la imposición de sanciones a Perú.

México resumió el sentimiento regional el miércoles, en la OEA, diciendo: «Es a los peruanos a los que compete resolver la cuestión de los resultados electorales».

Brasil, el país más extenso de América Latina, su gigante económico y un peso pesado en la diplomacia regional, fue más allá hasta calificar de legítima la conquista de un tercer quinquenio por Fujimori, y fustigó los llamamientos a imponer sanciones diciendo que podrían desestabilizar al país.

El aislamiento de Estados Unidos no constituye sorpresa alguna en América Latina, donde su cruzada contra Fujimori se considera una intromisión e insensible hacia una región que todavía batalla por consolidar sus jóvenes democracias.

«La sensación es que, dentro de poco, ningún país de América Latina será capaz de celebrar sus propias elecciones», dijo esta semana el canciller brasileño, Luiz Felipe Lampreia.

«No estoy diciendo que vivimos en una región con el mismo nivel de democracia que Inglaterra. Pero es importante tomar en cuenta que aquí la democracia es reciente y que hay niveles de consolidación», agregó.

Las democracias latinoamericanas han confrontado desafíos durante el último año.

Ecuador fue sacudido por un incruento golpe de Estado en enero, Bolivia impuso un estado de emergencia para sofocar protestas sociales en abril y Paraguay vivió una sublevación militar el mes pasado.

Colombia, asediada por décadas de violencia y tráfico de narcóticos, amenazó con sumergirse en el caos político y económico en abril, cuando el presidente Andrés Pastrana sugirió que se disponía a disolver un Congreso plagado por la corrupción, aunque luego desistió de sus planes.

En comparación, los problemas electorales en Perú palidecen.

Fujimori ganó un tercer mandato sin precedentes por abandono, luego que su único rival, Alejandro Toledo, se retiró de la contienda denunciando fraude. La OEA retiró a sus observadores del proceso de verificación, diciendo que «estaba muy lejos de ser libre y justo», coincidiendo con su posición.

Pero respetados encuestadores políticos dijeron que Fujimori pudo haber ganado la elección por derecho propio, por cuanto los votantes, en especial la mayoría de pobres, aprecian al líder que desde 1990 ha aplastado a los rebeldes izquierdistas y controlado la desbocada inflación, llevando paz y estabilidad a la nación andina, de 25 millones de habitantes.

En último caso, algunos analistas latinoamericanos se han quedado perplejos, hasta cierto punto, de por qué Estados Unidos ha hecho de Perú –un crucial aliado de Washington en la guerra contra el tráfico de cocaína– un caso ejemplar en lo relativo a fraudes electorales.

Los analistas apuntan, por ejemplo, al caso de México, el segundo socio comercial estadounidense.

El gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, en el poder desde hace 71 años, ha sido blanco de denuncias de fraude electoral durante décadas, pero jamás ha sido objeto de una amenaza de sanciones por parte de Estados Unidos.

Hay quienes creen que Estados Unidos puede estar tratando de enviar una advertencia preelectoral a Venezuela y, en especial, a México, donde las elecciones del 2 de julio ofrecen la más firme perspectiva en décadas de una derrota del PRI.

Pero la mayoría considera que la política estadounidense es inconsistente cuando se trata de América Latina, lo que aviva el resentimiento entre algunos latinoamericanos.

«No creo que a nadie, a ningún demócrata genuino en América Latina, le gusten las prácticas (electorales) de Fujimori. Pero, ¿cómo podemos ver hacia arriba a las políticas estadounidenses, si son así de inconsistentes?», dijo Carlos Andrés Escude, un consultor político en Buenos Aires.

«Esa es una interrogante igualmente legítima», agregó.

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