El muro de Sharon ante la Asamblea General de la ONU
Una inscripción en el muro de 8 metros de alto, combinado con alambradas de púa, vallas y trincheras, que sigue construyendo el gobierno de Israel, dice: «Wall for peace? Sharon lies», o sea «¿El muro para la paz? Sharon miente». Nuevamente el lunes el muro fue objeto de condena por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas, que decidió plantear ante la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya «las consecuencias legales de la construcción del muro que Israel, potencia ocupante, está construyendo en el territorio palestino ocupado, incluyendo el interior y el perímetro de Jerusalén-Este, según lo expuesto en el informe del secretario general».
El mundo contra el muro
La votación arrojó 90 votos a favor contra 8, encabezados como siempre por Estados Unidos e Israel, y 74 abstenciones. Estas últimas incluyen a los países de la Unión Europea, que desempeñan un papel meramente decorativo en el «cuarteto» y se someten a la imposición norteamericana.
Se reproduce así la situación creada en octubre pasado. Cuando en el seno del Consejo de Seguridad se debatió una moción de condena a Israel por su decisión de matar o expulsar a Arafat de los territorios, EEUU la vetó en solitario. Reiterada ante la Asamblea General, obtuvo 133 votos a favor y 4 en contra, entre ellos EEUU e Israel. La mancuerna nunca falla. Luego Siria promovió ante el Consejo la condena a Israel por el bombardeo a su país. Negroponte anunció el veto. Después la propia Siria planteó la condena a Israel por la construcción del muro, calificado de muro del apartheid. EEUU se opuso de inmediato, mientras el delegado palestino demostró que el proyecto en ejecución anexa vastas zonas de los territorios. Finalmente se aprobó la moción por otra mayoría apabullante, con sólo cuatro votos en contra: EEUU e Israel, obviamente, más Micronesia y las islas Marshall, donde manda EEUU.
En el debate del lunes el delegado alterno de Cuba explicitó que el muro se une a la ampliación de los asentamientos judíos, al trazado de carreteras de uso exclusivo israelí que fragmentan los territorios, a la pérdida de tierras para los palestinos, determinando en suma «la expansión territorial israelí en detrimento del pueblo palestino». El delegado palestino amplió y documentó estos conceptos. En una intervención patética e irracional el delegado de Israel pretendió arrojar la culpa de la erección del muro sobre Arafat, que ha iniciado su tercer año de reclusión en la Mukata de Ramalá, aislado del mundo. El delegado norteamericano le hizo coro. De fuente israelí se admitió que el trazado del muro deja a 274 mil palestinos del otro lado y a 400 mil de sus pobladores los aísla de sus tierras, sus escuelas y hospitales.
La barrera mata el proceso de paz
Por su parte el primer ministro palestino Ahmed Qureia declaró que «la barrera mata el proceso de paz».
Recientemente, como se sabe, se registró el intento de emprender un proceso independiente de paz al margen de los gobiernos, encabezados por el ex ministro israelí Yossi Beilin, uno de los negociadores de los acuerdos de Oslo, y por el ex ministro de Información palestino Yasser Abed Rabbo. El acuerdo a que arribaron tras sus reuniones en Ginebra estipulaba el retiro de una porción de los territorios ocupados y el desmantelamiento de asentamientos, una soberanía compartida sobre Jerusalén, el compromiso de cese de acciones terroristas palestinas y un regreso limitado de los refugiados. Apenas salió a la luz pública el proyecto fue rechazado agresivamente por Sharon, opuesto a la más mínima concesión. Por la parte palestina se descartó de plano la limitación del retorno de los refugiados. Los negociadores se entrevistaron con Colin Powell en Washington, presentando su iniciativa como un complemento de la «hoja de ruta». Pero está visto que revivir dicha «hoja de ruta» equivale a insuflar oxígeno en los labios de un cadáver. No pasa de ser una coartada que le deja las manos libres a Sharon para hacer lo que le venga en gana.
La nueva frontera
El encuentro de Ginebra, no obstante, removió las aguas e hizo aflorar nuevas propuestas. Una de ellas ha sido lanzada por el viceprimer ministro Ehud Olmert, un alter ego de Sharon. Este propone que, en caso de fracasar las negociaciones entre Sharon y Qureia (que ni siquiera tienen fecha), Israel debería proceder a fijar las nuevas fronteras con los territorios palestinos, que en esencia correrían a lo largo de la línea de trazado del muro. Ello anexaría el 43% de la Cisjordania ocupada a Israel, incluyendo la mayor parte de las mejores tierras de cultivo y los acuíferos, dejando a los palestinos sólo con el 57%, en dos cantones separados. En los diarios Maariv y Yediot Ahronot se adelantaron detalles de este plan. El primero lo atribuye a Sharon, y dice que en su primera etapa Israel evacuaría algunas colonias judías en la franja de Gaza y otras pocas en Cisjordania, pero grandes colonias como el bloque de Gush Etzion, cerca de Belén, y Maale Adunim, al este de Jerusalén, serían ilegalmente anexadas a Israel. En la etapa siguiente, Israel fijaría unilateralmente la frontera, sobre los lineamientos señalados. Olmert, ex alcalde de Jerusalén, está preocupado por el crecimiento de la población palestina en Israel, y se propone lograr allí el máximo número de judíos y el mínimo de árabes, en una proporción de 80% a 20%.
Voces sensatas
Se siguen sumando al interior de Israel voces que reclaman una conducta sensata al gobierno. Cuatro ex directores del servicio secreto Shan Bet (citados en una nota de Juan Gelman) insistieron en que Israel debe retirar sus tropas de Gaza y Cisjordania y desmantelar los asentamientos, condenando «el muro de 600 kilómetros que Sharon levanta para encerrar a la población palestina». Uno de ellos, Yaakov Perry, dijo que «desde cualquier punto de vista que se examine la situación, ya sea económico, diplomático, social o de seguridad, nos encaminamos hacia una pendiente catastrófica». *
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