Escrito por: OSCAR BATRES, SANTIAGO - NONUALCO, EL SALVADOR, AFP
En el interior de su pequeña y pintoresca casa de ladrillos de barro, pintada de color violeta oscuro en las cercanÃas del cementerio del poblado de Santiago Nonualco, 56 kms al sureste de San Salvador, doña Sara se aferra a una fotografÃa donde posa uniformado con fusil en mano su hijo Carlos Arnulfo Valle (37), sargento del comando de Fuerzas Especiales del ejército salvadoreño.
“Lo único que sé de él y sus compañeros es lo que sale en las noticias o lo que me cuenta mi hija porque con ella sà habla, yo nunca he podido decirle algo y saber que está allá es una pesadilla peor a la que vivà durante la guerra acá”, narra doña Sara a la AFP mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas.
Carlos Arnulfo, es parte de los 359 soldados salvadoreños del batallón Cuscatlán (nombre prehispánico de El Salvador) que se encuentra en Nayaf, a unos 165 kms al sur de Bagdad en Irak.
Las noticias en la televisión o en los periódicos locales sobre los ataques a los campamentos de los contingentes de Honduras y República Dominicana en Irak, la semana anterior intranquilizan a la anciana mujer que teme que algo malo le pueda suceder a su hijo.
Sara junto a sus seis hijos, incluido Carlos Arnulfo, tuvo que huir en repetidas ocasiones de los enfrentamientos entre fuerzas del ejército y la guerrilla en el tiempo de la guerra civil salvadoreña de doce años (1980-1992).
Sentada al lado de mujer esta su hija Hilda Valle (42), quien rompe en llanto con solo recordar que su hermano Carlos Arnulfo está en Irak y trata de tranquilizarse pensando que “mi hermano siempre ha sido valiente”.
“El se comunica conmigo por teléfono cada quince dÃas y siempre me dice que esta bien, pero yo sé que está peligroso allá”, agregó Hilda.
Los 359 soldados salvadoreños, todos miembros del Comando de Fuerzas Especiales unidad de élite del ejército salvadoreño, iniciaron su labor en Irak en setiembre pasado y se mantendrán en ese paÃs hasta febrero de 2004, cuando llegará otro contingente de 360 soldados salvadoreños a reemplazarlos por otros seis meses.
En las afueras de la ciudad de San MartÃn, a unos 17 kms al este de San Salvador, doña Carlota MartÃnez, de 53 años, se ha levantado temprano y se ha puesto una gabacha blanca para atender sus pequeños negocios a un costado de la carretera Panamericana: una panaderÃa y una venta de comida.
Pese a que la mayor parte del dÃa se mantiene ocupada cocinando o atendiendo clientes, doña Carlota simpre tiene en su mente y en sus oraciones a su hijo, el sargento Carlos Nelson MartÃnez, de 36 años, también miembro del batallón salvadoreño en Irak.
“Para mi hijo su profesión es su orgullo, querÃa ir a Irak y yo lo apoyé como madre. Ahora sé que la situación en ese paÃs es bastante peligrosa, pero tengo confianza que su experiencia militar lo va a mantener vivo, pero yo ya quisiera que él regresara de esa misión”, comentó doña Carlota a la AFP. *
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