Los empresarios reclaman "orden"

Intentos por demonizar a los piqueteros argentinos

Ahora, desde vertientes distintas, se insufla un clima que los ubican como enemigos de soluciones pacíficas de los problemas.

No es ocioso marcar las prioridades, ni el fondo de lo que se debate hoy en la Argentina, porque pareciera que desocupados y marginados pasan a ser autores y no víctimas de su tragedia.

Así como en tiempos de Eduardo Duhalde el programa de asistencia que abarca 2,2 millones de familias, con todas sus falencias, evitó la hambruna en el país que disputa la primacía en la producción alimentaria. También desnuda lacras y afianza un esquema de redistribución negativa del ingreso nacional, como quedó patentizada en el Presupuesto para el 2004. El gobierno de Néstor Kirchner corre el peligro de verse envuelto en la vorágine de presiones para que reprima la protesta social y que no ceda a otras de distinto signo, para que modifique su actual política de ingresos. Aunque el presidente o los ministros insisten que no se proponen criminalizar las luchas por reivindicaciones, lo real es que algunas de sus promesas, como sacar del ámbito judicial a miles de procesados por participar de reclamos sociales en el pasado, está congelada.

No habrá amnistía para los procesados, porque se supone en el oficialismo que se trata de «pan para hoy, pero hambre para mañana» ya que, como será largo el tiempo para que se sientan las soluciones reales, los reclamos con cortes de caminos o manifestaciones podrían volver a enviar a algunos de los demandantes a los tribunales.

 

Aniversario caliente

Se trabajó en esferas del Ministerio de Justicia en modificar artículos del Código Penal que donde dice que un reclamo callejero puede ser un delito federal, por otros que no tengan esa mirada clasista. Pero el debate, entre duro y provocativo, entablado por algunos grupos piqueteros, anticipando acciones que deberían modificar el contexto político actual, han paralizado esas ideas.

Están aguardando en el oficialismo que pasen el 19 y 20 próximos, cuando se cumplan dos años de la pueblada de capas medias enfurecidas por la confiscación de sus depósitos y sectores empobrecidos alentados a saquear, que derivaron en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa con muertes nutridas en grandes centros urbanos. Entre el temor y las negociaciones, en el gobierno se reza para que nada sangriento ocurra.

Esos sucesos serán rememorados con concentraciones variadas, tantas como trazan gruesamente la división del universo de los desocupados organizados. Pero la Plaza de Mayo será ocupada por los sectores que, aunque negocian con el gobierno, recogen con el discurso más virulento el estado de ánimo de millones de desamparados.

Kirchner ha hablado con casi todos los grupos de piqueteros; tenía buen diálogo con las organizaciones más voluminosas, pero en una de ellas, la Corriente Clasista y Combativa, hubo un cambio interno. Lo corren por izquierda sectores menores que de hecho ocupan el centro del escenario. A casi todos, tantas advertencias antipiqueteras que se oyen bien pueden crear el clima para la represión y envolver al presidente en la tragedia. Otro peligro que acecha a Kirchner es que le impongan la agenda. Hasta ahora el presidente ha ido manejando los tiempos, generó casi a diario iniciativas, esas que le han dado fama de emprendedor y se llegó a acuñar la existencia del «estilo K».

 

El fastidio de las capas medias

¿Momentos de inflexión? Por lo pronto, los dirigentes de la Unión Industrial han reclamado que el gobierno ponga orden en las calles y en los caminos, porque cortes y manifestaciones desalientan –dicen– las inversiones y retrasan el proceso de recuperación económica. Ni un dejo de autocrítica por cómo subsisten las mayorías. La voz de los empresarios se siente ahora con mayor vigor y, aunque no imponen agenda, consiguen ser escuchados en la Casa Rosada.

Las encuestas revelan, más allá de manejos traviesos con los números, cierto hartazgo de sectores medios por la manera con que los piqueteros expresan sus demandas. Sin embargo, no son los cortes de rutas o los piquetes lo que dominan los reclamos; son manifestaciones –no siempre populosas– que dislocan el tránsito en el macrocentro porteño, básicamente con gran repercusión mediática y en partes de la zona sur del Gran Buenos Aires.

La idea del no conflicto no tiene adeptos dentro del gobierno, pero sí en las organizaciones empresariales, y es el caballito de batalla de la derecha. Se «sueña» con una sociedad «democrática» aplastada, sin reclamos, como si fuera Haití, ya que, se sabe, no siempre la pobreza tiene expresiones dinámicas y orgánicas de reclamos.

No se podría afirmar que Kirchner no tiene objetivos estratégicos, pero se tiene la percepción de que en las últimas semanas ha quedado envuelto en polémicas internas, especialmente con el ex presidente Duhalde, que aunque tiene su miga sobre la gobernabilidad futura, aparece como un debate sobre el sexo de los ángeles.

El presidente, que la semana ida ha logrado avanzar en su prédica por la renovación de la justicia, ha lanzado un reto para quebrar, especialmente en la provincia de Buenos Aires, la tríptica sociedad entre aparatos políticos, fuerzas policiales y sectores del Poder Judicial, como única posibilidad para reducir la inseguridad que por momentos tiene tal incremento (secuestros crueles, asaltos sangrientos) que hacen pensar que una mano está detrás del delito.

Primera reflexión: a semejantes cuerpos policiales, cubiertos de corrupción, ¿puede confiarse el orden público? ¿No es previsible que una protesta pueda ser el pretexto de vendetta por la política anti corrupción?

 

Problemas de un gobernador

Es un desafío, también para el gobernador bonaerense, Felipe Solá. Se acaba de desprender como ministro de Seguridad de J.J. Alvarez, político que detestaba Kirchner porque decía que apañaba ese tríptico, sin resolver bien la sucesión ni la política a seguir. Solá fue desairado por varios intendentes del Gran Buenos Aires durante una ceremonia. Ese desdén lo obligó a aceptar que la conducción de la Legislatura bonaerense quedara en manos de lo peor del duhaldismo.

Es el dilema que vive el presidente, que necesita del caudillo mayor para tener los legisladores necesarios para que le voten leyes. Sin esos votos, no hubiera sido posible defenestrar del más alto tribunal a Eduardo Moliné O’Connor, considerado el cerebro del menemismo en el Poder Judicial.

Kirchner necesita de Duhalde y viceversa, y por eso parece, a primera vista, incomprensible, que éste y su influyente esposa hayan reclamado que termine la «mano de seda» cuando se enfoca al piqueterismo.

Curiosa recomendación de parte de quien, días antes, ordenara a los suyos a apoyar al presidente, so pena de ser considerado «traidor a la patria», una manera escasamente feliz para reclamar lealtades.

Además, Duhalde ha mentado la soga en casa del ahorcado. Cuando en el 2002 fueron asesinados dos piqueteros en el Puente Avellaneda, situación no esclarecida pese a las promesas de Kirchner a los amigos de las víctimas, tuvo que apurar su salida de la presidencia y emprender mil argucias para impedirle el paso a Menem, y lograr un delfín presentable.

Con semejante antecedente, no es fácil discernir las motivaciones del matrimonio bonaerense, salvo que, como siempre sientan que se apoyan en la gente, a la luz de las encuestas, de la que son fanáticos, o han querido decirle al presidente que mejor no insista en su objetivo de desplazar a los caudillos zonales, que son sus amigos.

 

El poder de Duhalde

Pero hay más, y no poco. El fenómeno piqueterista disputa, por izquierda, el clientelismo sobre los humildes que domina el peronismo de
sde hace medio siglo, y esa pérdida de poder la sienten los caciques que reclaman respaldo y no escatimarían en apoyar la represión. O promover, en las semanas aniversario que vienen, disturbios y saqueos, para endilgárselos a las organizaciones de desocupados o impulsarlos en su nombre o el de algún dirigente que oculta sus propósitos con frases revolucionarias.

Duhalde sintetiza lo peor de la antigua política, con intenciones de comprender el mundo y apoyar con fuerza el Mercosur, como el espacio de resistencia a los planes de los EEUU mediante el ALCA. Pero no cede terreno en su territorio, apoya a sus incondicionales, debilita al gobernador Solá y apañó a que vayan al Parlamento personajes que fueron los que generaron la consigna de «que se vayan todos», aunque gran parte de ellos ocupan cargos claves en el nuevo Parlamento.

Lo de Solá es patético. No asumió aún su período constitucional, y ya le están probando las pilchas que dejaría si no se somete totalmente a los dictados del duhaldismo. Bien mirado, experimentan en el bonaerense lo que desearían, y hoy no pueden, imponerle a Kirchner. El presidente y el hoy su aliado, el gobernador, temprano o tarde deberán definir su relación con Duhalde.

El Parlamento que se inaugura el 10 de diciembre, justamente cuando se cumplen 20 años de recuperación de las instituciones democráticas, está plagado, no dominado, por los impresentables. ¿Es responsable Kirchner de esta realidad? Veamos: heredó el cronograma electoral, pero por pragmatismo, apoyó en varias provincias a caudillos que son la continuación de lo peor de la política donde además no siempre acertó. Con esta realidad, debe intentar cumplir con sus promesas de transparencia y cambios. Regresemos a los «piqueteros». Los tiempos de los desocupados no se compadecen con los que necesitan las autoridades para que den frutos los programas de generación de empleo o inclusión. Las señales son poco visibles, pese a que la economía se reactiva por encima de las predicciones.

Se sabe que el pesidente considera un plan de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) sobre distribución de la riqueza que, de suyo, constituiría toda una novedad capaz de revertir años de caída del ingreso. Por lo pronto, lo charló con el liderazgo de esa central sindical.

Por ahora, como decía Perón, la realidad es la única verdad. Y ella está ceñida por el Presupuesto para el 2004. ¿Puede modificarlo una fuerte decisión política? Esa sola actitud, ¿alcanza en la relación de fuerzas dentro del peronismo? Tiempos complejos se asoman. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje