El ignominioso muro de Sharon
En el canal de televisión francesa TV5 vimos un estupendo documental sobre el muro que Israel construye penetrando profundamente en los territorios palestinos, robándoles una porción considerable, aislando a los campesinos de sus tierras y despojándolos del agua. Es un documento profundamente humano, que restablece la verdad acerca de los procederes del gobierno de Sharon contra la voluntad expresa de la ONU y de la comunidad internacional. Esta realización honra a la profesión periodística, en vivo contraste con la mercadería averiada que difunden día a día canales como la CNN, especialista en el arte de la tergiversación, la mentira y el ocultamiento.
Los tormentos palestinos
Nos referimos a sus versiones del conflicto palestino-israelí, y también a las andanzas de las tropas de ocupación en Irak, o a la situación venezolana, para citar ejemplos actuales.
Se filma in situ el muro con sus 8 metros de alto, complementado con cercas de alambradas de púa. El primer tramo de 140 kilómetros está finalizado, y continúa la construcción hacia el sur para completar los 600 kilómetros. Luego se proyectan mapas que demuestran cómo la línea sinuosa irrumpe dentro de los territorios palestinos, y de forma maligna y perfectamente estudiada aísla a los agricultores palestinos de sus tierras y los obliga a pasar día a día por puestos de control, en número de 42, donde los retienen por horas. Luego vemos a las víctimas de estos procedimientos odiosos, totalmente irracionales y arbitrarios, prepotentes hasta la humillación.
No sólo esto. Israel hace pasar carreteras dentro de los territorios, por donde circulan exclusivamente los blindados y vehículos israelíes. Con ese fin talan los olivos centenarios. Nos impactó la imagen de un campesino cuya familia trabaja esas tierras desde hace varias generaciones. Pasaron de sus abuelos a sus padres y quiere trasmitirlas a sus hijos. Señala cómo para abrir la carretera cortaron los olivos, dejando uno solitario. Con un sentimiento que llega al alma, habla del sufrimiento de los árboles que se quedaron solos y de los hombres que los cuidaron y cosecharon sus frutos.
En Kalkiliya volvimos a ver junto al muro en toda su altura a un campesino que perdió totalmente sus 6 hectáreas de tierra, que quedaron del lado de los israelíes (los cuales no abandonan ningún asentamiento en territorio palestino, al contrario). El muro, como nos muestran luego, pasa incluso por Jerusalén, dentro de la Universidad palestina Al-Qods, y junto con alambradas de púa separa totalmente dicha ciudad de Belén, cuyo alcalde expresa: «Esto es una catástrofe».
Los puestos de control
Vemos después un comercio en Belén, totalmente desmantelado, con los cajones y estantes vacíos, todo ello a causa de su aislamiento de Jerusalén. El propietario dice con amargura que no se quiere ir, ya que toda la vida vivió allí, pero se siente «como en una cárcel».
La filmación en directo en un puesto de control muestra en llaga viva los dolores de los palestinos. Los hacen llegar a las 6 de la mañana, pero les comienzan a revisar la documentación varias horas después, sin ninguna explicación. A veces los tienen hasta la tarde. Revivimos en la mente las imágenes de la película palestina «Inspiración divina». Los hacen aguardar en fila, los prepotean, las horas pasan. El control de identidad insume dos o tres horas, luego viene el registro. Sigue la patética escena del camión cisterna, imprescindible porque a los palestinos les bloquearon los pozos subterráneos, en otros casos las tropas los tapiaron. Largas conversaciones, discusiones, al final el camión cisterna es rechazado, no lo dejan pasar, se tiene que ir de vuelta.
Por añadidura, los campesinos no pueden vender sus productos en las aldeas palestinas, tampoco en las poblaciones israelíes. Uno de ellos dice: «Esto es la muerte lenta». Hace poco un alto funcionario de la ONU, Jean Ziegler, elevó un informe al organismo revelador de la catástrofe humanitaria y sanitaria en los territorios.
Los nazis israelíes
Pero hay quienes, en el campo israelí, no están satisfechos y reclaman más medidas de esta índole contra los palestinos, hasta borrarlos del mapa. El documental también los muestra. Uno razona así: «Antes nosotros vivíamos encerrados, cercados, ahora que vivan encerrados ellos, los palestinos». Es la apología del apartheid. Otro colono de un asentamiento en los territorios se pronuncia contra el muro porque les deja una porción de tierra a los palestinos, y él aboga por su expulsión total. El mérito del documental es que los exhibe diciendo estas monstruosidades con pasmosa tranquilidad, y hasta parecían tener un rostro humano.
El muro de Sharon ha sido comparado con el de Berlín, pero tiene consecuencias muchísimo más dañosas. Aquel, situado en el corazón de la RDA, aislaba su capital del sector occidental e impedía (relativamente) el tránsito del uno al otro. Este penetra en los territorios, anexa una parte de ellos en aras del plan del Gran Israel y hace imposible la vida de los habitantes.
Los sentimientos de los otros
Al mismo tiempo, las tropas israelíes matan palestinos, niños incluidos, en Jenin y en Ramalá (donde Arafat está cercado desde hace más de dos años en la Mukata, con amenaza de ser expulsado o asesinado), dinamitan viviendas, practican redadas de detenciones en Gaza y tandas de deportaciones, entre ellos de presos que nunca fueron juzgados. Y el muro sigue su curso. No es extraño que Avraham Shalom, un antiguo jefe del Shin Bet –el servicio secreto israelí que conoce la realidad– haya declarado: «Debemos admitir de una buena vez que existe la otra parte, que tiene sentimientos y sufre porque estamos actuando ignominiosamente. No hay otra palabra: ignominiosamente». *
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