Brasil: avances en la reforma previsional y en la reforma agraria
Estuve en San Pablo en la última semana de noviembre, participando en nombre de la Fundación Rodney Arismendi en un seminario sobre «Nuevos desafíos de la izquierda en América del Sur», organizado por la Fundación Perseu Abramo, anexa al PT, y la Fundación Rosa Luxemburgo, vinculada al PDS de Alemania. Pude apreciar de cerca tres procesos importantes: la votación en el Senado de la reforma previsional, la llegada de la marcha de los Sin Tierra a Brasilia y la participación del presidente Lula en su Foro por la Reforma Agraria y la Justicia en el Campo, y las relaciones de la CUT con el gobierno.
Después de muchas idas y venidas se puso a votación en el Senado la reforma previsional, que ya había sido aprobada en dos vueltas en Diputados. En la maratónica sesión se votó nominalmente.
Votación de 55 a 25 en el Senado
El resultado final fue de 55 a favor y 25 en contra (con un senador ausente), superándose los 3/5 del total de integrantes requerido (49). El gobierno se ha empeñado en esta reforma, que restablece principios de justicia en el sistema de pasividades, asegura su estabilidad y elimina algunas injusticias flagrantes, particularmente en el caso del Poder Judicial, que se opuso a la misma, al igual que algunos sectores de funcionarios públicos, presentes en las barras para manifestar su desaprobación. No obstante se logró un amplio consenso, tras prolongadas negociaciones. En las mismas participó activamente el presidente. Durante la votación habló con el senador Aloizio Mercadante, líder del gobierno, que le pasó luego el celular al senador Paim (del PT de Río Grande do Sul, renuente a votar) y luego al presidente del Cuerpo, José Sarney. Al final, votaron todos los senadores del PT, con la única excepción de Heloísa Helena, así como los senadores de los partidos de la coalición de izquierda integrantes del gobierno. A éstos hay que restar al PDT de Leonel Brizola, ahora situado en la oposición.
La votación cortó transversalmente todos los partidos, concurriendo a la aprobación los votos del PMDB (con representación parlamentaria mayoritaria y aspirante a integrar el gobierno), del PSDB de FHCardoso y José Serra y también del PFL.
Eso fue lo que aconteció. Pero si se atendía a los grandes medios de difusión, lo central fue la intervención en la tribuna de Heloísa Helena, cuya imagen desatada en llanto ocupó todas las pantallas y la portada de los diarios. Fue la única del PT que votó en contra. Alagoas, el estado que representa dicha senadora, es el único en el cual no triunfó la candidatura de Lula sobre la de Serra en el segundo turno. En la votación en la Cámara de Diputados, tres de los 93 diputados del PT votaron en contra, y hoy realizan una campaña desaforada contra el PT.
Lula en el Foro por la Reforma Agraria
El 10 de noviembre partió de Goiania una marcha de trabajadores rurales, organizada por el Movimiento de los Sin Tierra (MST), la Confederación Nacional de los Trabajadores en la Agricultura (Contag) y la pastoral de la Tierra (CPT), que llegó el 20 en número de 5 mil a Brasilia, donde tuvo lugar el Foro Nacional por la Reforma Agraria y Justicia en el Campo (véase mi nota del 18 de noviembre «La marcha de los Sin Tierra por la Reforma Agraria»). En el Foro participaron: Miguel Rossetto, ministro de Desarrollo Agrario, João Pedro Stédile, líder del MST; Plinio de Arruda Sampaio, ex diputado federal y director de Correio da Ciudadania; Manoel José dos Santos, presidente de Contag. El presidente Lula se dirigió al Foro y señaló los objetivos inmediatos del gobierno. A la vez, los participantes le entregaron sus aspiraciones en cuanto al ritmo de aplicación de la reforma agraria.
El plan nacional garantiza el acceso a la tierra a 530 mil familias: 400 mil serán asentadas y 130 mil recibirán tierras a través de créditos agrarios. Además, otras 500 mil familias, en su mayoría concentradas en el nordeste, verán regularizada la tenencia de sus tierras. El plan apunta a un nuevo modelo de asentamiento agrario, que prioriza la integración productiva, la viabilidad económica y el acceso a la educación, la salud y la seguridad social, previendo la generación de 2,075 millones de puestos de trabajo permanentes. También se dispondrán recursos para asegurar la infraestructura y los servicios a los asentamientos ya existentes. De las 500 mil familias asentadas entre 1995 y 2002, 90% carece de abastecimiento de agua, 80% no posee energía eléctrica ni acceso a carreteras, 57% no dispone de crédito para habitación ni recibieron asistencia técnica.
Lula dijo que el gobierno procura no sólo asentar familias sin tierra sino contribuir a organizarlas en cooperativas, llevar la tecnología, la educación y la salud, impulsar a los bancos a otorgar créditos al pequeño productor. «El problema no es sólo asentar. El trabajo es organizar a los trabajadores en cooperativas, llevar la tecnología al campo, construir una combinación entre producción, industrialización y comercialización. Tenemos que discutir en los asentamientos qué tipo de casas levantar. Es preciso construir un nuevo modelo de escuela, un nuevo modelo de salud».
Stédile señaló que la manera más barata de generar empleo es invertir en agricultura familiar y reforma agraria. Agregó que el presidente no se preocupa sólo de los números y las matemáticas, sino que «pone en primer lugar la vida y los sentimientos».
La CUT y la superación de las contradicciones
De esa forma se van resolviendo, en la práctica, las contradicciones (que son inevitables) entre el gobierno e importantes movimientos sociales. Conservando cada cual su independencia, actuando en el ámbito de su competencia, buscando armonizar las propuestas por objetivos comunes y avanzar en su concreción.
Otro tanto acontece con la CUT, nacida en 1983 por influjo del PT. Es aleccionador el reportaje de Teoría e Debate a Luiz Marinho, presidente de la Central, que agrupa a 3.353 sindicatos con 22 millones de trabajadores. A la pregunta directa sobre las relaciones de la Central con el gobierno, contesta: «La CUT tiene el compromiso de ayudar al gobierno a salir adelante, porque está dada la oportunidad para la sociedad brasilera de abrir un nuevo rumbo. La CUT, para ayudar al gobierno, no puede decir amén a todo lo que éste proponga. Apoyará las medidas del gobierno, si corresponden a sus propios compromisos históricos, a los actuales y mirando al futuro.
Con la misma tranquilidad la CUT debe decir No, contestar, dialogar y disputar con el gobierno, incluso porque es reconocidamente un gobierno de izquierda que, dentro de las reglas democráticas de correlación de las fuerzas políticas, precisó componer con el centro y hasta con la derecha, porque sin eso en el Congreso no hay posibilidad de hacer nada». Reconoce que «el gobierno no está para hacer todo lo que quiere la CUT», así como «tampoco el gobierno nos puede pedir que hagamos todo lo que le gustaría». Son contradicciones reales, pero agrega «prefiero eso a tener un gobierno que no dé espacio para el diálogo, que no estimule la organización y la participación social».
Esta visión global está a su vez matizada. Por ejemplo, a propósito de la reforma previsional misma. La dirección apoyó las normas que procuraban incorporar 40 millones de excluidos al sistema, lo que suponía podar privilegios como jubilaciones de 50 mil reales (magistrados, «desembargadores», etc.), a lo que éstos se opusieron. A la vez, la CUT logró incorporar cambios en el proyecto original, que benefician al conjunto de sus afiliados (en materia de topes, exenciones, etc.). La discusión fue muy enriquecedora, para el gobierno y para la CUT.
Y deja un bagaje de enseñ
anzas útiles, no sólo para Brasil. *
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