El caníbal buscaba su comida a través de Internet
El proceso contra el «caníbal de Roteburgo», Armin Meiweis, acusado de matar, descuartizar y comer restos de un hombre al que había conocido por Internet y que supuestamente consintió su muerte, comenzó ayer en medio del horror en Kassel, centro de Alemania, en un desafío jurídico sin precedentes
Con voz serena y persuasiva, el hombre de 42 años, técnico en computación de Roteburgo, contó en todos sus detalles el macabro delito del que fue protagonista y que no tiene precedentes en la literatura jurídica alemana.
Los exámenes confirmaron que el imputado está en plena posesión de sus facultades mentales y para la acusación se trata de homicidio con fines de satisfacción sexual.
Por su parte, la defensa considera que la víctima era consciente de lo que iba a ocurrirle y que a lo sumo se puede hablar de ayuda a la eutanasia.
Armin Meiweis había conocido a su víctima, el ingeniero berlinés Bernd-Juergen Brandes de 43 años, mediante un anuncio en Internet en el que buscaba candidatos dispuestos a hacerse descuartizar.
La noche del 9 al 10 de marzo de 2001, en un altillo preparado para la matanza de su mansión abandonada de Roteburgo, este del estado de Hesse, se cometió el asesinato.
Después que el hombre que viajó desde Berlín había ingerido 20 tranquilizantes y bebido una botella de alcohol, Meiweis le seccionó el pene y lo comió.
Diez horas más tarde, durante la noche, después de que la víctima perdió la conciencia por la fuerte pérdida de sangre, le cortó la garganta y lo hizo pedazos; luego colocó las partes del cuerpo en bolsas de plástico y las congeló.
A medida que pasaba el tiempo las fue comiendo pedazo a pedazo: «Cada vez que comía una parte de la carne, refirió Meiwess hoy ante los jueces, me acordaba de él. Fue como una comunión».
Una videocámera encendida durante la noche del hecho filmó paso a paso todas las escenas del horror. El filme será mostrado, a puertas cerradas, como material de prueba en la próxima audiencia del proceso, que se realizará el lunes.
Durante el delito Meiwes dijo que había experimentado «al mismo tiempo odio, rabia y felicidad». «El descuartizamiento del cuerpo me divirtió, el momento de la muerte fue terrible».
Desde niño, contó el acusado, tenía fantasías de descuartizar y comer a los compañeros de escuela que les gustaban: «Lo he deseado toda la vida», dijo. De adulto, los filmes con escenas crueles y, en particular, con descuartizamientos excitaron su fantasía.
De pequeño, con una madre fuerte y un padre que abandonó a su mujer y a sus tres hijos, se sentía solo. Luego, cuando su hermano mayor se fue de la casa para estudiar «me sentí solo y totalmente abandonado», entonces inventó a «un hermano imaginario» al que le dio el nombre de «Frank».
Fue precisamente con el seudónimo de «Franky» que Meiwes, a mediados de 2000, un año después de la muerte de su madre, se puso a buscar en la red a la víctima dispuesta a hacerse descuartizar y dejarse comer.
El acusado cuenta que sólo la idea de cortar un cuerpo humano, el de «un hombre joven y bello», lo excitaba sexualmente.
Con el ingeniero de Berlín comprendió que «el sueño podría hacerse realidad: es serio y desea verdaderamente ser descuartizado», dice que pensó de la víctima.
Después del primer hecho de canibalismo, el imputado encontró a otros cinco hombres que se ofrecieron por Internet como posibles víctimas pero algunos no cumplían con los requisitos que él necesitaba: algunos eran demasiado gordos, otros desaparecieron después de saber de qué se trataba.
Al caníbal de Roteburgo, la policía llegó después de la denuncia de un estudiante de Innsbruck que encontró en Internet un anuncio donde se buscaba una víctima.
En una investigación realizada en diciembre de 2002 en su casa de campo se encontraron cuatro bolsas en el congelador con carne humana, y huesos en un pozo del jardín.
Según los investigadores, el imputado comió al menos veinte kilos de carne humana.
El proceso tiene fijadas 14 audiencias y debería concluir a fines de enero. En él además se escuchará a 38 testigos y a diversos especialistas.
Para la Justicia se trata de un desafío sin precedentes, no hay antecedentes jurídicos de un caso como éste; además el delito no está tipificado en el código penal y la víctima sabía a qué se exponía. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad