Duro enfrentamiento entre Kirchner y Duhalde
Esos días hubo cerca de 30 muertos y fue cuando la consigna «que se vayan todos», indujo a algunos sectores a creer que se podía tomar el cielo por asalto. En su segundo aniversario, los caídos serán recordados, pero como el movimiento piquetero está dividido, no habrá un solo acto de masas.
El gobierno ha reiterado que no piensa criminalizar la protesta social pero desde las filas del oficialismo, nada menos que el ex presidente Eduardo Duhalde, mandamás del peronismo bonaerense y hombre clave, todavía, en la estructura política que respalda al actual gobierno, reclamó que se termine con «la mano de seda», palabras que tronaron como un pedido de represión.
Lo niegan el ex mandatario y su influyente esposa, Hilda González «Chiche», otra voz con el mismo reclamo.
Duhalde cambió en una semana de actitud. Antes de esa demanda había dirigido una carta a los legisladores por la provincia de Buenos Aires, un subloque de mucho peso dentro del universo peronista de la Cámara baja, reclamándoles lealtad a Kirchner so pena de caer bajo el estigma de «infames traidores a la patria», una frase que se consideró desmedida.
Un discurso contradictorio
Pero se ve lo efímero de ese pedido de lealtad sin cortapisas. El viernes pasado, Duhalde se dirigió a Kirchner señalándole la necesidad de cambiar de política frente a los piqueteros, indicando dos cosas: 1) que los cortes de ruta y calles por las sucesivas manifestaciones de los desocupados, generan malestar entre las capas medias, que en gran porcentaje respaldan al gobierno. Y 2) que detrás de los reclamos se esconden planes «revolucionarios».
A Duhalde le salieron al cruce algunos ministros que son de su mismo corazón, como el titular de Defensa, José Pampuro, quien calificó como «imprudente» lo que dijeron el ex mandatario y su esposa.
Duhalde está actualmente de gira por países árabes incluido en la comitiva de Lula por ser el titular de facto del Mercosur. Sin embargo, fracasaron los intentos de concertar un encuentro entre él con Kirchner, antes que saliera de viaje.
Estas fricciones, las más graves desde que Kirchner se despegara de quien lo ayudó a llegar a la primera magistratura, siguen a otra serie de altercados en relación a la inseguridad que para el Presidente es incentivada por la coyunda existente entre la policía bonaerense con intendentes de comunas del Gran Buenos Aires, casi todos ellos de prosapia duhaldista.
Consignas duras
Kirchner ha presionado al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, a que no se quedara a mitad de camino. Es decir, que no sólo expurgue a la policía bonaerense de corruptos sino que quiebre lazos con los caciques políticos que los amparan.
Por lo pronto, ayer Solá aceptó la dimisión del ministro de Seguridad, Juan José Alvarez, a quien Kirchner tenía entre ceja y ceja y venía también del corazón del duhaldismo.
No estaría descartada que la presión antipiquetera del matrimonio Duhalde sea en rigor una manera de presionar al Presidente para que abandone su cruzada contra los caciques zonales del peronismo, que conforman el aparato más selecto de lo que se se conoce como «duhaldismo de paladar negro».
Es que para Duhalde hablar de represión es mentar la soga en casa del ahorcado. En junio del 2002, cuando era primer mandatario, fueron asesinados dos militantes piqueteros durante una jornada de reclamos, y ese acto vandálico lo obligó a anticipar las elecciones para frenar la bronca.
El mismo creó el Plan de Jefes y Jefas de Familia, que hoy alcanzan a 2.200.000 beneficiarios, para que se encauzara el descontento generado por los altos índices de desempleo e indigencia. El 10% de esos planes son controlados por una veintena de organizaciones piqueteras: el resto, por las intendencias y sus aparatos clientelistas.
En el gobierno se consideran como justos los reclamos piqueteros, pero negocian la manera de ir solucionando problemas con la legitimidad de las protestas, que quisieran que no generaran disloques en el tránsito.
De todas maneras, en el universo piquetero hay voces que claman por una virtual «salida revolucionaria» para revertir la falta de empleo, consignas minoritarias. pero que sirven para que la derecha haga fila para reclamarle mano dura al Presidente.
Echándose nafta a la hoguera, un juez de garantías de la provincia de Buenos Aires inició el proceso contra media docena de piqueteros que reclamaban el pago de una indemnizacion prometida cuando fue privatizada la empresa estatal petrolera YPF.
Hay más de dos mil personas bajo proceso por participar en luchas sociales, que pende como espada de Damocles. *
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