Funerales de Estado para siete agentes de inteligencia muertos por la resistencia iraquí

Aznar defiende intervención en Irak

La jornada de ayer fue de luto oficial y las banderas ondearon a media asta en todos los edificios públicos y en los buques de la Armada, mientras el jefe de gobierno siguió recibiendo reclamos para que revea su política.

Aznar, como hizo el domingo tras la emboscada mortal del sábado contra siete espías cuando volvían desde Bagdad a la base de las tropas españolas, reafirmó la presencia de España en Irak, donde están desplegados 1.300 soldados que forman la brigada Plus Ultra, bajo mando polaco, en Diwaniya.

Los funerales se celebraron en la sede central de los servicios secretos españoles, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), en una ceremonia que el gobierno no quiso que fuera militar sino civil, pese a que las víctimas eran militares y a que fue militar el funeral oficiado por el también espía José Antonio Bernal, acribillado cerca de su domicilio de Bagdad el 9 de octubre.

La sede central del CNI  antes CESID  situada 10 kilómetros al noroeste de Madrid, se convirtió en una improvisada capilla para acoger los funerales de Estado, que estuvieron presididos por los reyes Juan Carlos y Sofía, acompañados por el príncipe Felipe.

A su llegada a la sede del CNI, los reyes y el príncipe dedicaron 20 minutos a dar el pésame a los familiares.

Los féretros de las víctimas, envueltos en banderas españolas, fueron portados con música de Bach de fondo por compañeros del CNI, cuyos rostros no fueron difundidos, por motivos de seguridad, por la Televisión Estatal Española (TVE), la única cadena autorizada a estar presente en la ceremonia.

Detrás de los féretros se situaron, a un lado los familiares y amigos de las víctimas, y al otro las autoridades políticas, encabezadas por Aznar, a quien acompañaron varios ministros y dirigentes de la oposición, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares (Izquierda Unida).

El silencio era imponente en este escenario inusual, la sede del CNI.

En su homilía el vicario castrense Daniel Ponte alabó la «labor callada» de unos hombres que, según dijo, «estaban trabajando en una misión de paz en ayuda de una nación que trata de reponerse tras una guerra».

«Ellos murieron dando su vida en una misión de paz y de ayuda a los demás», insistió.

Tres horas después de los funerales, mientras los féretros eran conducidos a los lugares de origen de las víctimas para recibir sepultura, Aznar comenzó en el Congreso una comparecencia extraordinaria, técnicamente debida a una petición suya.

A pesar de los decesos, Aznar insistió en su línea de alineamiento con Estados Unidos y a favor de la ocupación de Irak, decisiones que buscó apoyar recurriendo al tema de la seguridad y la lucha contra el terrorismo.

Así, dijo que «el gobierno sigue comprometido como el primer día con la causa de la libertad y la seguridad en Irak. Sabíamos que asumíamos riesgos». *

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