Encuentro entre el Papa y Putin
Ciudad del Vaticano, ANSA
Hay expectativa en el Vaticano por el encuentro entre el Papa y el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, que se realizará el 5 de junio.
Esta será la primera vez que el flamante presidente ruso mantenga una conversación con el Papa que, en cambio, se reunió en varias oportunidades tanto con Mijail Gorbachov como con Boris Yeltsin.
Las relaciones entre la Santa Sede y la Unión Soviética antes y Rusia hoy, desde el final de la guerra fría, son decididamente cordiales y la conversación entre los dos líderes debería consolidarlas.
Pero la atención está dirigida sobre todo a la eventualidad de que Putin llegue allí donde sus predecesores han fracasado: hacer prácticamente realizable una visita de Juan Pablo II a Moscú.
La capital rusa, sede del patriarcado ortodoxo más poderoso e influyente, es una de las últimas metas que esperan al peregrino Wojtyla, que aceptaría con gusto una invitación a visitarla.
Existe por cierto el riesgo de que, como ocurrió en las anteriores invitaciones dirigidas a Gorbachov y a Yeltsin, la visita no se realice por la oposición tenaz del patriarca Alexis II.
Después del final del imperio soviético el mejoramiento de las relaciones de la Santa Sede con Rusia tuvo como correlato el empeoramiento de las relaciones con la Iglesia ortodoxa moscovita.
Los ortodoxos consideran el activismo de los católicos en la recuperada libertad rusa como proselitismo.
Los católicos rechazaron las acusaciones pero las divisiones permanecieron acentuadas por la vieja cuestión del estatuto y de los bienes de los uniatos, es decir, los fieles de la Iglesia de rito oriental que sin embargo juraron fidelidad a Roma. Un encuentro entre el Papa y Alexis II –que tendría gran significado ecuménico y por el cual varias Iglesias ortodoxas, desde Constantinopla a Bucarest, han luchado– no fue hasta ahora posible ni siquiera en una sede neutral.
En los años 90 hubo una serie de intentos fallidos para concretar ese encuentro, desde Hungría a Rumania, para citar sólo dos.
Dada esta situación, ¿qué es lo que podría hoy hacer posible lo que ayer no lo fue? Observadores rusos hablan de una menor influencia de la Iglesia ortodoxa sobre la política interna: la ley sobre cultos, por ejemplo, que años atrás discriminó a las religiones «no tradicionales», entre ellos la católica, fue reconsiderada.
En fecha reciente, Putin mostró que los representantes de la Santa Sede estaban en un plano de dignidad igual a los representantes ortodoxos y existe, por fin, el interés del nuevo presidente en dialogar con el Papa cuya autoridad es reconocida a nivel mundial.
De todas formas, ¿es suficiente con todo esto para superar la oposición de Alexis?
Las señales en este sentido no son alentadoras, el martes, pocas horas después de que Familia cristiana avanzara la hipótesis de que Putin fuera el portador de una invitación oficial al Papa, con fecha y modalidad de viaje, el patriarcado reaccionó dura y fríamente.
La Iglesia Ortodoxa rusa especificó que no formuló ninguna invitación al Papa a visitar Moscú ni se ocupará de la organización de este encuentro.
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