Un grito contra el FMI y el ajuste
Así lo proclamó su secretario general, Hugo Moyano, quien llamó a sumarse a la Corriente Combativa y Clasista, que orienta el dirigente Carlos Santillán, pero no hizo ninguna mención sobre la CGT de Rodolfo Daer, que hasta hace poco dialogaba con el gobierno.
Llamó la atención que el mitin, que tuvo un fuerte contenido anticapitalista y antiorganismos financieros internacionales, haya sido abierto por un representante del cardenal de Córdoba, Francisco Primatesta, con un discurso convocando a la unidad contra el «modelo salvaje».
Los organizadores de la protesta con cien mil personas (la Policía Federal calculó la mitad), tanto el camionero Hugo Moyano como el estatal Víctor De Gennaro, habían pensado que la demostración debía preocuparse de no poner en la misma bolsa al organismo financiero que al presidente Fernando de la Rúa.
Pero después de la poda de los sueldos de cientos de miles de empleados públicos anunciada el lunes, junto con una batería de medidas, algunas que afectan a trabajadores y otras a intereses de grupos sindicales que controlan las Obras Sociales que serán desreguladas –con los que se le eliminaría una caja negra de financiación extragremial– no quedó espacio para los matices y la marcha y mitin de ayer se transformó en un duro rechazo a la política económica de la Alianza.
De la Rúa, que ayer voló para Berlín para participar de un encuentro de alto nivel sobre la Tercera Vía (estarán, entre otros, Clinton, Jospin, Schroeder, Lagos y Cardoso), señaló que esperaba que el FMI receptara el clamor por un mayor enfoque social de su política. El vicepresidente Carlos Alvarez manifestó que «adhería afectivamente al sentido de esta manifestación» y abogó por que el FMI escuchara la demanda social.
El día contra el FMI
Pero aunque dijo comprender el porqué de la protesta de los empleados públicos, víctimas del ajuste, el Presidente le restó motivación valedera al resto de las organizaciones sindicales para salir a la calle. «Los une la desregulación de las Obras Sociales», afirmaron a dúo De la Rúa y el vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez.
Es, con todo, una verdad a medias, que le cabe muy bien a la CGT que dirige Rodolfo Daer y que mantuvo un fugaz romance con el Presidente cuando aceptó la nueva ley laboral, fuertemente fustigada por las otras dos centrales.
Tal es así que Moyano insistió en que «el tema de las Obras Sociales no nos preocupa; no está en el centro de la discusión. Lo que importa es repudiar al FMI y ahora, al ajuste, porque esta política agravará la desocupación y la crisis».
La explicación oficial es diferente: con las cuentas fiscales en orden será posible impulsar la estabilidad y el crecimiento, generar un clima para las inversiones, muchas de ellas anunciadas como para orientarlas a emprendimientos con mucha mano de obra. De otro manera, sostuvo el ministro de Economía, José Luis Machinea –que el lunes estará en Wall Street para medir la temperatura allí– quedaba el camino de la devaluación o de la dolarización que motoriza un sector financiero y Carlos Menem.
Pero la fecha del repudio al Fondo no fue casual: ayer la responsable de la entidad para América del Sur, Teresa Ter Minassian, comenzó el monitoreo de acuerdos firmados cuando De la Rúa llegó a la Casa Rosada y tiene ante sí la novedad de medidas que quieren meter en caja las finanzas, que no dejen dudas de que la Argentina podrá pagar los intereses de la deuda externa y por eso, es confiable para obtener créditos.
A la movilización adhirió el peronismo en sus diversos matices, pero también la Federación Universitaria Argentina (FUA), bastión de la Alianza y más de una docena de diputados nacionales del oficialismo.
Un retorno a las fuentes
«El pueblo votó por una alianza de clases que no está expresada en la política del gobierno. Hay que pelear para rectificar el rumbo», explicó Elisa Carrió, una diputada chaqueña de prosapia radical, seguida por la mayoría de los socialistas de la coalición y algunos del Frente Grande, la corriente del Frepaso que encabeza «Chacho» Alvarez.
Por primera vez la Iglesia envió señales de respaldo, algunas más nítidas que otras, pero que marcan un escenario novedoso, tal vez el nacimiento de un Frente de Protesta al que deben añadirse a las simpatías de sectores del comercio y las empresas nacionales y la activa participación de los partidos de izquierda, con ascenso político y electoral.
Al peronismo le cuesta adaptarse a un papel de crítico de una política que respaldó cerradamente por una década. Pero ni Eduardo Duhalde, el derrotado candidato presidencial, ni el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, que adhirieron al mitin, se sienten con compromisos con lo que fue el menemismo.
Moyano subrayó en su arenga, interrumpida unos minutos al cortarse inopinadamente el suministro de energía eléctrica, que todos los gobiernos populares, o fueron derrocados por los militares que «torturaron y asesinaron a los patriotas» o han sido copados por «la dictadura financiera» que ejerce el gran capital.
El dirigente de la CGT combativa reclamó un cambio de rumbo al gobierno de De la Rúa, actitud para la cual ofreció respaldo.
En caso contrario, advirtió, el pueblo luchará para decirle «basta de desocupación y ajuste, basta de FMI» y amenazó con promover una «desobediencia fiscal» para que no pueda enviarse el dinero argentino a los acreedores externos.
La diversidad de los participantes del mitin en la histórica Plaza de Mayo de espaldas al Cabildo, más allá de los oportunistas, parece haber dejado una semilla para la configuración del «contramodelo», con el aura de los movimientos anticapitalistas que emergieron en Seattle y en Washington cuando se realizaron conferencias de organismos internacionales.
Si no toda la Iglesia, un sector al menos, aparece con mucha fuerza dándole ideología a esta novedad. Un llamado de atención para la Alianza.
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