¿Cómo detener el derramamiento de sangre a raudales?

Ríos de Sangre corren día tras día en Oriente Próximo y Medio, hoy la zona más conflictiva del planeta. La segunda mitad de agosto ha sido particularmente dramática. El atentado del viernes 29 en la mezquita de la tumba del imán Alí en Najdaf, ciudad santa del chiísmo, provocó al menos 83 muertes, entre ellas la del líder chiíta Mohamed Bakr Al-Hakim. Diez días antes, la voladura de la sede de la ONU en Bagdad mató a Sergio Vieira de Mello y otros 22 integrantes de la misión. Todos los días mueren soldados yankis y británicos, mientras ciudadanos iraquíes son asesinados, torturados y humillados. También siguen las matanzas en Afganistán (aunque pesa sobre ellas el silencio mediático), así como los atentados y represalias en Israel-Palestina.

Una frase de Yitzaj Rabin

Como ya vimos, al terrible atentado del 19 en el autobús en Jerusalén sucedió la escalada de Sharon, en particular las matanzas de líderes palestinos con misiles lanzados desde helicópteros (cinco en una semana en Gaza, ayer por partida doble) y la amenaza de liquidarlos hasta el último. En represalia fue asesinado un colono israelí en Cisjordania, con la amenaza de seguir el ciclo de venganzas. Nada hay más urgente que romper este círculo infernal, de sangre que clama por más sangre.

A ello se refiere Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, en su libro del año 2002 «Las guerras del siglo XXI», cuyo tercer capítulo está dedicado a Oriente Próximo bajo el sugestivo título: «La nueva guerra de los cien años». A esa altura, los muertos habían sobrepasado el primer millar (260 israelíes y 915 palestinos), sin contar una decena de miles de heridos, muchos de ellos con lesiones de por vida.

«En estas circunstancias dramáticas y mientras siguen corriendo ríos de sangre  añadía  cómo no recordar las palabras de Yitzaj Rabin antes de caer él mismo bajo las balas de un fanático judío: ‘Nosotros, los soldados que volvíamos de los combates manchados de sangre, que hemos combatido contra ustedes, palestinos, les decimos hoy con voz fuerte y clara: ¡Basta de sangre y basta de lágrimas! ¡Basta!’. Sin embargo, en esas tierras estremecidas de Israel y de Palestina, ¡cuánta sangre y cuántas lágrimas!».

Refiere luego las consecuencias de «la provocación del general Ariel Sharon al presentarse el 28 de setiembre de 2000, protegido por decenas de policías, en la Explanada de las Mezquitas (el Monte del Templo para los judíos religiosos)».

Un engranaje trágico

«Esto desencadenó  prosigue  un nuevo engranaje trágico: protesta de civiles palestinos, brutalidad desproporcionada de la represión, niños y adolescentes palestinos abatidos por las balas, horrible linchamiento de dos militares israelíes, entrampamientos de los árabes israelíes, atentados suicidas en las calles de las ciudades israelíes, preocupación militar de las ciudades autónomas palestinas, provocaciones de colonos extremistas, nuevos atentados odiosos contra civiles israelíes. La espiral de violencia parece no tener fin. El shock planetario del 11 de setiembre 2001 no interrumpió el ciclo de venganzas y represalias. Por el contrario, parece haberlo intensificado».

Lo mismo cabe decir de lo sucedido en el año transcurrido desde la publicación del libro. Todo lo cual coloca en el centro de la escena, con más fuerza que nunca, la necesidad de hallar una solución de paz y seguridad para ambos pueblos. A ello está dedicado un reciente trabajo de Noam Chomsky, que historia las vicisitudes del proceso de paz palestino-israelí, condena el «muro de separación», dice que según B’Tselem (una organización israelí de derechos humanos) los asentamientos judíos controlan el 42% del territorio cisjordano y que, diseminados entre ellos, las áreas palestinas «recuerdan a desagradables regímenes del pasado, como el apartheid de Sudáfrica». Chomsky afirma que «con el muro y sus otras acciones, Israel socava la posibilidad de llegar a un acuerdo diplomático de paz y justifica sus acciones en términos de terrorismo palestino, que se ha intensificado».

Una nueva hoja de ruta

El artículo, denominado: «Hay que elaborar otra hoja de ruta», en su parte propositiva dice: «Todavía se podría alcanzar una paz justa. Hay muchos ejemplos de finalización e inversión de conflictos aparentemente irresolubles, como Irlanda del Norte y Sudáfrica. En el conflicto palestino-israelí, el horror desgarrador de cada día añade nuevas piedras a los muros de odio, miedo y deseo ardiente de venganza. Pero nunca es tarde para abrir brechas en dichos muros. Sólo gente que sufre el dolor a diario y espera lo peor para mañana puede abordar con seriedad esta tarea, pero desde el exterior se puede ayudar considerablemente a allanar el camino, siempre que haya predisposición a afrontar honestamente los propios cometidos y responsabilidades; y de acuerdo con ellos, elaborar una hoja de ruta».

En el análisis se destaca que la autoridad interna del ejército israelí ha alcanzado tales niveles que el periodista Ben Kaspit describe al país no como «un Estado con un ejército, sino como un ejército con un Estado». Chomsky agrega que dicho ejército es prácticamente un apéndice de las fuerzas militares que dominan el mundo.

Tropas de ocupación

Este es el denominador común con la situación en Irak, agravada por los desmanes de las tropas de ocupación. Máxime cuando quedó archiprobado que nada justifica la presencia de dichas tropas, como nada justificó la propia invasión. Sostener esta verdad le costó la vida al doctor David Kelly, y la persistencia en al mentira hizo volar a Alastair Campbell, el encubridor de Tony Blair. *

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