La guerra preventiva de Bush en su límite extremo

En un discurso pronunciado el martes 26 en Saint Louis, Missouri, ante 6 mil veteranos de la Legión Americana, Bush dijo que EEUU adoptó «una nueva estrategia para una nueva forma de guerra» y agregó: «No esperaremos que nuestros enemigos vuelvan a golpear. Los golpearemos antes de que maten a más de nuestros compatriotas». Es una amenaza de sangre y fuego contra toda la humanidad, que coloca en la mira a un número indefinido de países. Esta extensión ilimitada de la doctrina de la guerra preventiva implica llevar a cualquier parte la invasión, la ocupación militar y los crímenes que están perpetrando las tropas yankis en Irak.

 

La humanidad amenazada

Esta doctrina bárbara se puso en práctica en violación descarada de la ley internacional. Ahora, cuando en todos los ámbitos se demuestra que la invasión carecía de la mínima justificación, que se realizó en base a un gigantesco cúmulo de mentiras y los responsables están acusados por la opinión pública de sus propios países, Bush propone extender estas prácticas de auténtico terrorismo de Estado a todos los confines del planeta.

El New York Times dice que Irak no era un peligro y ahora lo es. En efecto: a casi medio año del inicio de las operaciones militares, las armas de destrucción masiva no aparecieron por ninguna parte. Todo lo que alegaron al respecto EEUU y Gran Bretaña era falso. La verdad estaba en los informes de los inspectores de armas que ambos gobiernos descalificaron, tras lo cual descerrajaron la invasión, contra la voluntad expresa de la comunidad internacional. Ahora quieren tomar como chivos expiatorios, a la CIA en su caso, y al jefe de comunicaciones del gobierno en el otro para desviar su responsabilidad en la guerra y en la muerte del científico David Kelly.

Desde el 1º de mayo, fecha declarada oficialmente como fin de las operaciones, hasta ahora murieron más soldados de USA en Irak (141) que durante la misma guerra iniciada el 20 de marzo (138). Eso hace aumentar el clamor en EEUU por el retiro de las tropas, para que los muchachos vuelvan a casa. Newsweek señala que 48% de los norteamericanos opina que debe repatriarse las tropas frente a 47% favorables a que permanezcan, pero el 70% teme que la presencia militar se extienda más de lo necesario sin lograr los objetivos proclamados. Esto se acompaña de la baja de la popularidad del presidente y compromete la reelección a la que se lanzó a todo vapor. Pero en el mismo discurso Bush afirmó que de ningún modo retirará las tropas, integradas por 170 mil hombres. La Casa Blanca procura que otros países envíen contingentes, con la condición sine qua non de que todos los efectivos estén bajo el mando norteamericano.

 

Los crímenes de guerra

Todo esto repercutió en el importante debate del Consejo de Seguridad el mismo martes 26. Ante la voladura de la sede de la ONU en Bagdad el día 19, México propuso que los atentados contra quienes realizan tareas humanitarias o misiones de paz sean considerados crímenes de guerra y colocados bajo la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya. La propuesta, sostenida por Adolfo Aguilar Zinser, concitó el acuerdo de todos los demás integrantes del Consejo menos de EEUU, que se opuso totalmente y amenazó con el veto. Eso llevó a que se eliminara toda mención al TPI, que EEUU –en su actitud de colocarse al margen de la ley internacional– no acepta, porque reclama urbi et orbi la impunidad absoluta para los crímenes que cometan sus tropas en cualquier latitud.

Por añadidura, EEUU impuso que en el texto se especificara que para merecer la condena «los ataques deben estar intencionalmente dirigidos» contra el personal humanitario o de paz, para excluir –según sus voceros– las muertes accidentales y los incidentes. En el ámbito del Consejo se señaló que «Estados Unidos busca con esta nueva objeción proteger sobre todo a Israel», habida cuenta de que varios trabajadores humanitarios de distinta procedencia habían sido muertos por el ejército israelí en los territorios ocupados (sin contar los militantes pacifistas sepultados por blindados israelíes). De paso sea dicho, Israel continúa su escalada, ahora con la entrada de tropas en Ramalá, provocando heridos y detenciones. En esas condiciones la resolución 1.502 eludió el veto norteamericano.

 

Blair en el banquillo

El primer ministro Tony Blair compareció ayer ante el Tribunal especial presidido por Lord Brian Hutton que investiga el origen de los falsos informes de inteligencia que decidieron la entrada de Gran Bretaña en la guerra al lado de EEUU. El día anterior había sido el turno del ministro de Defensa, Geoffrey Hoon. Se recordará que Blair hizo caudal ante los Comunes de que Saddam poseía armas de destrucción masiva que en 45 minutos podrían provocar efectos terribles. Pura patraña, como quedó probado. El 29 de mayo de 2003 el periodista británico Andrew Gilligan destapó el tarro en un programa resonante difundido por la BBC. El 17 de julio apareció el cuerpo sin vida del doctor David Kelly (miembro del equipo de inspectores de armas de la ONU en Irak y asesor del Ministerio de Defensa), sindicado como el informante de que los datos manejados por Blair carecían de base. En su comparecencia el primer ministro negó que hubiera exagerado los informes de los servicios de inteligencia sobre el peligro de las armas iraquíes, y le cargó el mochuelo a su jefe de comunicaciones, Alistair Campbell. Es dudoso que le crean, y su prestigio está por el suelo. Volveremos sobre el punto.

 

Sergio Vieira de Mello

Entre tanto, ayer fueron inhumados en Ginebra (cerca de las tumbas de James Joyce y de Jorge Luis Borges) los restos de Sergio Vieira de Mello, víctima junto con 22 funcionarios de la ONU del atentado terrorista y de la desidia de las tropas yankis de ocupación. Se supo que de haber existido servicios de rescate se hubiese salvado su valiosa vida. *

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