Un brasileño muere en Bagdad

Murió desangrándose entre los escombros de la sede de la ONU en Irak. Por horas estuvo apresado y comunicándose con quienes intentaban socorrerlo. Dejó de respirar delante de ellos y de sus inútiles esfuerzos de deshacer el sepulcro de piedras que un carro bomba había hecho.

Así dejó de existir Sergio Vieira de Mello, un brasileño que era el representante de la ONU en territorio iraquí. Su misión era pacificar a ese país, que no termina de salir de la guerra, y buscar que el poder vuelva lo más pronto a los propios ciudadanos. Nadie puede dudar que las Naciones Unidas han actuado como un contrapoder a la iniciativa bélica de los Estados Unidos y que lo iba a ser también para la ocupación, a través de sus fuerzas, de su territorio.

Sin embargo, el blanco escogido para este brutal ataque fue el Cuartel de la ONU. Qué extraño. ¿Por qué no eligieron, los terroristas que realizaron este atentado, golpear directamente a quienes ocupan su país? ¿Por qué no dirigieron este ataque contra los Estados Unidos y sí contra las Naciones Unidas, que no son una fuerza de ocupación? Muchos se deben estar haciendo esta pregunta. Será porque las instalaciones de la ONU estaban menos custodiadas. Sería terrible que esta hipótesis fuera la cierta, demostraría que otra vez las Naciones Unidas son el chivo expiatorio de las guerras que hacen las naciones. Trágico destino de ellas (la ONU), trágico destino de todos nosotros.

Y trágico además fue el destino de este diplomático brasileño. Sergio Vieira era un hombre con muchos atributos. Tenía una carrera brillante, había participado con éxito en varios de los conflictos más recientes que vivió el mundo. Estuvo en Timor y en Kosovo, siempre buscando reinstaurar la paz. Su inteligencia y su determinación estaban al servicio de restaurar los horrores que otros habían cometido con su saña de guerra.

Era una persona carismática. Muchos pensaban que iba a llegar a ser secretario general de las Naciones Unidas. Tal vez si no hubiera sido asesinado hace unos días, un latinoamericano podría llegar por primera vez al puesto máximo de la ONU.

Los destinos que puede torcer la saña criminal. No se sabe aún quiénes cometieron el acto terrorista que mató a Sergio Vieira, pero sean quienes sean, deben saber que han atacado a un blanco de paz. No al ejército que los venció y los domina, sino a las únicas fuerzas que pueden ayudar efectivamente a que su futuro, el de los iraquíes sea mejor. Que puedan vivir en paz y determinar ellos mismos su propio futuro.

Para eso estaba Sergio Vieira de Mello en las tierras de Irak. Para colaborar con su gente. Para eso están las Naciones Unidas.

¿Puede ser tan irracional el terrorismo, de atacar mortalmente a quien no puede ser su enemigo? Parece imposible. Parece mentira. Pero la muerte de este brasileño a hecho sentir a todos en Brasil este sentimiento de indignación. ¿Por qué? ¿Por qué a él?

Irak no está tan lejos como pensaban los brasileños. Ese país sigue siendo un polvorín. ¿Haber derribado del poder a Saddam Hussein ha hecho de este mundo un lugar más seguro? Los atentados de los últimos tiempos, incluyendo a éste, parecen mostrar que no. Seguimos viviendo encima de un polvorín. *

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