La bala no mató el sueño

Una bala mató a un estadounidense negro pero no a su sueño, no al sueño de millones de negros. Fue asesinado en Memphis, Tennessee, Martin Luther King, el líder negro que creyó en una tierra ideal, en la cual habría igualdad racial y justicia social. King sabía que personalmente nunca iba a llegar a ese destino, pero su enérgica batalla contra la discriminación cambió definitivamente el rostro de Estados Unidos.

Hoy, aunque los conflictos raciales no han desaparecido, su prédica es parte de la conciencia colectiva de los Estados Unidos. Pero en los años 50 y 60, el discurso del líder del movimiento negro era poderosamente subversivo e incitante.

Su objetivo era demoler los últimos resabios del esclavismo. Su lucha le brindó muchos enemigos, entre ellos Edgard Hoover, el temible jefe del FBI, que mandó a legiones de agentes a seguirlo, fotografiarlo e interceptar sus conversaciones telefónicas. Esto dio pie a diversas teorías sobre su asesinato, todas basadas en un concepto: el gobierno conspiró para deshacerse de él.

Sin embargo,como casi siempre sucede, no se han encontrado pruebas fehacientes de que James Earl Ray, el convicto asesino de King (condenado a 99 años de cárcel y muerto en prisión), haya actuado por órdenes de otros. Más bien los indicios apuntan a que era un desesperado ser anónimo, buscando ingresar a los libros de historia. Pero la polémica persiste y es la familia del líder la que más convencida está de que la verdad sobre la tragedia todavía no se ha dicho.

El momento más memorable de King fue la gran marcha de agosto de 1963 a Washington, en la que pronunció el todavía hoy emocionante discurso: «Tengo un sueño». «Tengo un sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivan un día en una nación en la que no sean juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su personalidad.» Como resultado directo, se aprobó al año siguiente el Acta de Derechos Civiles, en la que se prohíbe la discriminación laboral, ya sea por religión, nacionalidad, género o raza. Esta ley prohíbe también el acoso sexual en el ambiente de trabajo.

King predicaba la integración racial, no la lucha entre razas, como lo hizo el líder nacionalista negro Malcolm X. Por su discurso pacifista, King ganó el Premio Nobel, en 1964.

Pero, para 1968, el año en que fue asesinado, su movimiento estaba perdiendo fuerza. King viró el foco, del sur al norte, y comenzó a hablar más de la pobreza urbana y menos de las leyes racistas.

El 4 de abril de 1968 el líder negro viajó a Memphis para participar de una protesta de los trabajadores de la limpieza. Eligió el motel Lorraine, como otras veces, cuyos dueños eran negros. A las 6 de la tarde, luego de afeitarse, salió al balcón para hablar con sus compañeros, que lo estaban esperando en el estacionamiento para ir a cenar. Un minuto después estaba muerto: una bala le cruzó la yugular. Fue disparada de un edificio de enfrente, por un hombre blanco que se esfumó en el aire. Tenía 39 años y entró definitivamente en la historia. *

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