Kirchner echó del gabinete a los protegidos de Scioli
Néstor Kirchner reclamó la renuncia de los funcionarios nacionales que llegaron al gobierno de la mano de Daniel Scioli, tornándose en enfrentamiento institucional serio las divergencias públicas que con tenacidad ha ido formulando el vicepresidente.
Para que no quedaran dudas, el Presidente le pidió la renuncia a los secretarios y principales funcionarios de Turismo, Deportes y Parques Nacionales, áreas que quedaron como compromiso entre los dos, bajo la órbita de Scioli. Lo anunció el jefe de Gabinete Alberto Fernández quien simplemente señaló que el Presidente ya quería «renovar el área» y que tomó la decisión «recién ahora».
El castigo, podría calificárselo así, alcanzó al secretario de Turismo, Germán Pérez, y al coordinador ejecutivo de Planeamiento Deportivo, Víctor Groupierre. Otros funcionarios a los que se les solicitó la dimisión fueron el presidente y vice de la Administración de Parques Nacionales, Sergio Zaragoza y Oscar Iriani.
¿Qué está pasando? Scioli viene exhibiendo públicamente criterios distintos a los de Kirchner en temas claves como la lucha contra la impunidad y aspectos de la política económica. En este espacio el vicepresidente aseguró a los grupos más concentrados de la economía que en octubre el Presidente iba a informar de incrementos en las tarifas de los servicios públicos.
En pleno proceso de dura negociación entre el gobierno y el FMI, donde la cuestión de las tarifas ocupan un lugar importante en las demandas del organismo financiero, el anticipo de Scioli fue leído como un modo de presionar al gobierno para que se defina a favor de las empresas. Para Kirchner la cuestión de las tarifas está vinculada a una lectura previa de la manera en que se han cumplido los contratos de concesión y cual sería el impacto de un incremento sobre los sectores populares y la producción.
Los amigos de Scioli lo defienden: «El Presidente no habla con él», comentan. O, afirman, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, tiene la misma apreciación. Algo es visible: Kirchner no puso a Scioli en su intimidad, no lo consulta como lo hace con un núcleo pequeños de sus amigos de militancia, sobre todo de la provincia de Santa Cruz, donde gobernó con estilo férreo y desconfía de los esfuerzos del vice por acumular política propia.
Kirchner exhibió un franco fastidio con quien compartió la fórmula presidencial en las elecciones del 27 de abril, cuando Scioli descalificó el esfuerzo contra la impunidad del Presidente al alentar en el Parlamento la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Para la Cámara Baja, en sintonía con el pedido de la Casa Rosada, la derogación de las leyes de impunidad debería tener efecto jurídico, aunque los constitucionalistas, al menos los más mentados, opinan lo contrario. Scioli dijo que la nulidad «no era algo serio», pero más tarde se retractó algo: «Es un reclamo político contra la impunidad, pero será la Corte Suprema la que dirá si tienen o no efecto jurídico».
Detrás de estas posturas, algunos analistas ven que un sector del gran empresariado, el menemismo acaso vetas de los que caen bajo la influencia de Eduardo Duhalde, el poderoso dirigente del peronismo de la provincia de Buenos Aires está buscando en Scioli un referente para contrarrestar la orientación fijada por Kirchner y que hoy goza, aún, de un respaldo francamente relevante en la sociedad.
Ayer Scioli al recibir al mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, dio un discurso de bienvenida que debe haberle dolido el estómago del visitante. Allí volvió a postular la necesidad de señales claras al capital, particularmente a los extranjeros.
También en la víspera al recibir a las organizaciones de derechos humanos que le reclamaron un rápido pronunciamiento del Senado Nacional para que se anulen las leyes de impunidad, Scioli volvió a reiterar que se trataba sólo de un efecto político.
¿Exagera el Presidente o trata de impedir que se le forme dentro del gobierno un polo opositor?
Para los analistas se habría penetrado en un camino sin retorno, repitiéndose la vieja puja entre presidente y vice que ha tenido en el pasado antecedentes institucionales, el más fresco que enfrentó a Fernando de la Rúa con Carlos «Chacho» Alvarez y que determinó la renuncia de quien entonces era el referente más connotado de la centro-izquierda.
¿Busca el primer mandatario que su segundo resigne? Hay un final que puede tener todavía muchas lecturas. Scioli entró a la política de la mano de Carlos Menem y le fue leal hasta que sus intereses determinaron lo contrario. ¿Estamos en un momento de esa naturaleza cuando para Scioli sus intereses le dicen que lo mejor es diferenciarse de Kirchner? ¿O el Presidente no acepta disensos y supone que lo mejor es ahogar a la criatura en la bañera?. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad