Chávez y los vientos de cambio en América Latina
Soplan vientos de cambio en el continente, dijo y reiteró el presidente Hugo Chávez en su removedora visita relámpago a nuestro país. Su propia presencia era expresión viva de la nueva situación que se perfila en América Latina. Venía de Asunción, donde la toma de posesión de Nicanor Duarte reunió a varios gobernantes consustanciados con este nuevo modo de pensar y actuar. Ello se concreta en la decidida oposición al ALCA y en la promoción de alternativas. Precisamente, el denominador común de las intervenciones del mandatario venezolano fueron las propuestas para revertir la situación de tremenda desigualdad social que agobia a nuestros pueblos. No sabemos si por casualidad Roger Noriega le sigue los pasos por Uruguay y Argentina, mientras el general Myers y el secretario Rumsfeld se concentran en Colombia.
El descenso a los infiernos
Tras fustigar «el bombardeo irracional del pensamiento único», Chávez comparó el ALCA a un descenso directo y sin paradas al quinto infierno, en cuyo frontispicio Dante colocó la leyenda: «Perded toda esperanza, vosotros que entráis». No es una solución, sino un agravante. Implica firmar la partida de defunción de nuestros países. No implica integración, sino desintegración de nuestras sociedades. En sintonía plena, Fidel Castro decía la noche anterior en la capital paraguaya que «ni América latina puede resistir el ALCA, ni el ALCA resistir al nuevo despertar de América Latina». Y frente a la represa gigante de Itaipú, expresaba al día siguiente el flamante presidente paraguayo, en presencia de Lucio Gutiérrez y de Lula: «Un nuevo espíritu impregna América del Sur, un nuevo sentimiento recorre los países, el de la unión más que el de la integración meramente mercantilista, un sentimiento de solidaridad, un regreso hacia esa pasión por el destino común en Latinoamérica». A lo cual el presidente brasileño respondió que la hidroeléctrica es un emprendimiento que puede ser tomado como referencia para la integración de América del Sur y coincidió en que «hay un nuevo clima, una nueva realidad en toda América del Sur».
Chávez sustentó su concepción en un llamado a recuperar la memoria histórica, tomando como eje el pensamiento de Simón Bolívar. Es falso afirmó que éste haya sido precursor del panamericanismo, todo lo contrario. Recordó su conocida sentencia de que «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad», y contrapuso su concepción integral a la doctrina lanzada en 1823 por el presidente norteamericano James Monroe.
Es en ese sentido que planteó sustituir la proyectada Asociación de Libre Comercio de las Américas por la Alternativa Bolivariana para América (ALBA).
Propuestas y alternativas
Así como se habla de zona de libre comercio argumentó deberíamos proponernos hacer de América Latina un área libre de analfabetismo y de desnutrición infantil, libre de pobreza y marginación social, libre de niños de la calle, de personas sin techo y sin tierra, libre de destrucción ecológica.
Otra iniciativa relevante se refiere a la creación de un organismo que agrupe las empresas petroleras estatales de la América sureña, con el nombre de Petroamérica o mejor de Petrosur, que abarcaría la explotación del petróleo y también del gas, de gran futuro. Allí podrían conjuntarse la Pdvsa venezolana con la Petrobras brasileña y la Petrotrin de Trinidad y Tobago (esto ya está en un principio de concreción), y además con Petroecuador, Petroperú, Ecopetrol y otras. Se habló de contactos con Pemex, de negociaciones con Argentina (donde la estatal YPF ha sido privatizada), y de ventas en condiciones ventajosas a países no productores. Cuando se mencionó una OPEP latinoamericana, Chávez se preguntó: ¿Y por qué no?
Otra propuesta se refiere a la creación de un Fondo Financiero Sudamericano y de un Banco de América del Sur reuniendo la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo de la Cuenca del Plata (Fonplata). Tampoco estuvo ausente el tema de la negociación conjunta de la deuda externa. Puso el ejemplo de su país. Debían unos 26 mil millones de dólares. Pagaron puntualmente unos 20 mil millones de dólares, a pesar del paro petrolero y del sabotaje de diciembre pasado que les hizo perder unos 10 mil millones de dólares. Y siguen debiendo prácticamente lo mismo.
El milagro del pueblo
Una de las enseñanzas más importantes que nos legó Chávez, y que tiene validez universal, se refiere a la movilización del pueblo que revirtió el golpe de Estado de abril de 2002 y en 47 horas lo recondujo al Palacio de Miraflores. Ante una pregunta que aludió a este hecho en términos de «milagro ambulante», Chávez respondió que ese milagro se llama: pueblo venezolano, fortaleza de un pueblo, conciencia de un pueblo, en la que incluyó la conciencia de los militares y la unión cívico-militar. Ya conocíamos este proceso por el formidable documental que se ha exhibido entre nosotros, pero Chávez agregó significativas anécdotas. Nos hizo sentir cuán cerca estuvieron de matarlo en la isla de Orchila, lo que no se concretó por decisión de los militares encargados de la custodia y de la ejecución.
Informó que la movilización del pueblo, nacida espontáneamente desde abajo, en uno de los más hermosos episodios de la historia contemporánea, logró congregar a ocho millones de personas. En primera instancia se rodearon los cuarteles y luego grandes columnas convergieron sobre Miraflores, haciendo huir despavoridos a los golpistas. La fuerza del pueblo prevaleció sobre la confabulación de la oligarquía, las Fedecámaras de Carmona, la actitud inaudita de los medios (sobre esto volveremos), la plana mayor supercorrupta de Pdvsa y la jerarquía de la iglesia católica, que firmó el acta del golpe.
Una frase de Víctor Hugo
La conclusión está contenida en esta frase de Víctor Hugo, citada por Chávez: «No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad