La derecha le prepara al presidente Kirchner una nueva oposición
Roces también, si no en el corazón, al menos en parte de la estrategia de Kirchner respecto a la negociación actual con el FMI en lo que respecta al incremento inmediato de las tarifas, la demanda apabullante de las empresas de servicios privatizadas con el respaldo militante del Fondo.
Scioli prometió a empresarios de poder incrementos para octubre y el Presidente lo desautorizó: primero hay que revisar los contratos, después ver. Kirchner usa esa carta para la negociación con el FMI
¿Han hallado los grandes intereses a su vocero dentro del Gobierno o, como algunos suponen Scioli puede ser el ariete para una ofensiva mucho más profunda de una derecha que siente impotencia para instalar su agenda de intereses económico y políticos?. O acaso más: ¿se inició otro proceso de crisis entre el titular del Poder Ejecutivo y su compañero de fórmula electoral como ocurrió en el 2000 entre Fernando de la Rúa y Carlos «Cacho» Alvarez que llevó a la dimisión de quien era entonces el máximo referente de la centro-izquierda?.
Scioli es como es. Proviene del menemismo que se recicló con más oportunismo que convicciones con lo que cristaliza en acciones, Kirchner. Cuando fue diputado nacional acompañó los pedidos de Carlos Menem, por caso en una decisión vital en la comisión investigadora sobre lavado de dinero que encabezó la líder del ARI, Elisa Carrió. «Su voto fue un escándalo; defendió a los grandes bancos», comentó una integrante de ese organismo.
¿Porqué entonces lo eligió Kirchner? Fue un paso obligado para encarar un acuerdo con varios gobernadores renuentes al sureño en esos días fundamentales para encarar dentro del justicialismo una coalición más amplia que la del patagónico para derrotar a Menem.
Se conoce que el Presidente está muy enfadado con su segundo tanto por el protagonismo que comienza a querer demostrar como por el sentido pro derechista y pro empresarial de sus declaraciones, que actúan como contracara del rumbo actual. Del fastidio hablan elocuentemente la serie de declaraciones de ministros o subsecretarios criticando duramente al vicepresidente.
En privado, Scioli exhibe su voluntad de «no ser un vice como el común», que puede interpretarse de distintas maneras en teoría. Quiere crear un poder del que ahora carece. Si continúa en el camino emprendido, se marcha a una crisis.
Sin doble discurso
No hay un águila de dos cabezas. Kirchner se mantiene firme en materia de derechos humanos y fue su intervención decisiva para que la cámara de Diputados anulara las llamadas leyes de la impunidad. Sin su presión, concretada primero con la derogación del decreto que obligaba a rechazar in limine los pedidos de extradición, del tipo que hizo el juez Baltasar Garzón y que llevó a mas de 40 oficiales retirados a prisión preventiva. Y el Presidente adhirió a la Argentina a la Convención sobre crímenes de lesa humanidad que logró un apabullante apoyo de los diputados.
Con estos pasos, Argentina asume un importante liderazgo latinoamericano en el aspecto más trágico de defensa de los derechos humanos, concepto integral, ya se sabe, porque incluye los referentes a la vida digna, una asignatura lejos de ser cumplida. En cierto modo, Kirchner integra al país al mundo de los derechos y garantías, esto es, lo saca del ostracismo o de la creencia que es una guarida de asesinos que no tendrían castigo. Desde la ONU recibió felicitaciones por este rumbo.
Precisemos que el apoyo externo que recibe el Presidente en esta materia, es mucho menos claro por la presión de la derecha–en el plano interno donde comienzan a objetarle que daña la seguridad jurídica al querer legislar»ex nunc» o sea, para atrás. ¿Es o no constitucional la anulación?. Según la decisión de la cámara baja, la violación de la carta magna ya ocurrió cuando fueron sancionadas las leyes de impunidad donde devendría el efecto de la nulidad absoluta del acto.
El juez federal Gabriel Cavallo cuando dictaminó la inconstitucionalidad de la Obediencia Debida y Punto Final, sostuvo que aparte de violar los tratados internacionales de lesa humanidad añadió que nunca el Parlamento las pudo dictar porque es violación al articulo 29 de la carta magna que es traición a la Patria. Es lo que defendió Elisa Carrió en el debate, un atajo para darle juridicidad a la anulación. Los radicales trinaron con el argumento porque acusa a Raúl Alfonsín que envió las leyes en un contexto de debilidad por la presión militar, como «traidor» a la patria.
Pero los académicos sostienen que legislar hacia atrás, viola todo el esquema legal en que está basado la República, más allá de otras consideraciones.
Si de recrear al poder judicial se trata, la última palabra la dirá la Corte Suprema. Será un camino largo, que puede ser provechoso. La renovación llega por la cabeza: ya renunció un supremo y ahora los diputados ya decidieron el juicio político contra Eduardo Moliné O’Connor, el cerebro de la mayoría menemista en el tribunal máximo. Por lo pronto los próximos días el Senado lo suspenderá en sus funciones, lo que no quiere decir que lo defenestre: este será parte final de un duro debate y Moliné, no solamente se defenderá, sino que recurriría a la Corte Interamericana de Justicia.
El retorno de los dos demonios
En días la Corte de nueve integrantes bajará a siete (y hasta podría caer a cinco) porque falta todavía que pase el sondeo del Senado el candidato propuesto por Kirchner, Eugenio Raúl Zaffaroni, blanco de ataques sin antecedentes por parte de la derecha. Menuda sorpresa se llevarán: el jurista no considera viable la anulación aprobada. Queda de todas maneras la interpretación de la constitucionalidad de las leyes de marras y si se reúnen cinco votos, para un lado o para el otro, la Corte puede fallar. En última instancia el grito parlamentario es un mensaje más que evidente.
Los jueces dan que hablar. Rodolfo Canicoba Corral que ordenó detener más temprano que tarde a los militares requeridos por Garzón, dio otro campanazo al decidir el arresto hasta que se inicie el juicio oral de María Julia Alsogaray, la mujer más emblemática del menemismo, tanto ideológicamente (una ultra liberal económica) como de corrupción permanente.
Es el contexto el que ha hecho viable esa detención que puede ser el anuncio de otras. La pregunta inevitable: ¿se la hubiera ordenado el juez si el Presidente hubiera sido Menem, porque los cargos no son flamantes y los numerosos juicios contra la Dama de Hierro, son de los tiempos de la década obscena? ¿Es que habrá justicia según quien ocupe el sillón de Rivadavia?
Otro interrogante provoca el juez Claudio Bonadío al ordenar el arresto de tres montoneros. Es cierto que investiga desde hace años las desapariciones de militantes que llegaron desde el exilio en 1980, caso en que tiene procesados a 40 militares, algunos de la flor y nata de inteligencia del Ejército. Como después de las detenciones exigidas por Garzón vino la nulidad de las leyes de impunidad, la idea que el magistrado inducía a recrear la teoría de los Dos Demonios, se tornó irrefrenable.
¿Busca el magistrado la verdad de lo ocurrido al abortarse la llamada «contraofensiva» montonera de 1980, que puede suponerse hubo infidencias? Los fundamentos de las detenciones de los ex montoneros no son jurídicamente fuertes pero inducen a pensar que el magistrado o tiene una carta guardada o trata de eludir su impotencia para conocer un secreto que está en los archivos nunca conocidos de la inteligencia militar. Que es donde debería hurgar.
Al Gobierno lo ocurrido con Bonadío lo incomoda porque coloca el eje de la búsq
ueda de la verdad en otro lado; no en el terrorismo de Estado, sino en sus víctimas aunque la historia ha juzgado, al menos para la mayoría de los argentinos, los errores de los milicianos de los ’70, que están en el ámbito de la política, no son judiciables. El caso saca pus por todos los olores, un festín para lo que quieren salpicar a Kirchner o a algunos de sus amigos. Pero lo ex montoneros, acusan al Gobierno de la operación para congraciarse con la derecha: una apreciación sectaria.
El caso lleva otra vez a Scioli. En la postura del vicepresidente, ¿vio Bonadío una luz donde orientarse? Es más creíble pensar que el juez se ataja de los anuncios oficiales de que se viene una reestructuración del fuero federal y golpea en un lugar sensible para las actuales autoridades: que no se las asocie con los rasgos más repudiados de los montoneros.
Si se reinstala la vieja teoría de los dos demonios, el tesón de Kirchner para salir de la impunidad y recrear al Poder Judicial, sufrirá tropiezos.
Macri, la esperanza blanca
Algo más del vice. Anticipó a empresarios que lo tienen como su aliado, que en octubre el Gobierno autorizará un incremento de las tarifas. Cuesta creer que no haya escuchado, acaso del ministro de economía, Roberto Lavagna, algo que lo indujera a hablar contra lo que opina el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido defensor de la hipótesis de trabajo que antes de esas subas hay que leer otra vez los contratos de concesión, saber si fueron cumplidos y definir entonces cuanto treparán, y a que sectores abarcará, las subas potenciales. Como están las cosas, no serán en octubre.
De Vido que es del riñón presidencial tuvo otros roces con Lavagna en torno a que montos son posibles destinar para obras públicas que el de economía retacea.
En cambio la política, que es el signo fuerte de estas semanas de Kirchner en la Rosada, tiene un desafió de envergadura en las elecciones del próximo domingo para definir si Aníbal Ibarra y su coalición progresista puede renovar su mandato o es derrotado por el empresario Mauricio Macri, quien pergeña un modelo a lo Silvio Berlusconi con el respaldo del menemismo.
La eventual fisura que genera Scioli en el contexto de una victoria de Macri, le daría otro tono a la «rebeldía». De hecho, será leída como una derrota para Kirchner que puede provocar consecuencias incluso sobre el futuro de algunos ministros que hicieron punta en el respaldo a Ibarra.
Atención: las encuestas otorgan a Macri el triunfo. Pero hay balotaje y el final puede ser distinto. Días claves. *
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