El muro del apartheid
Tengo ante los ojos una vista aérea del muro de separación que se construye por orden de Ariel Sharon y se adentra profundamente en los territorios palestinos de Cisjordania. Vi también por TV escenas de la construcción del muro, que prosigue a pesar de la protesta de la comunidad internacional y del rechazo el cuarteto integrado por la ONU, la Unión Europea, Rusia y EEUU (este último de labios para afuera, como veremos). Pude observar asimismo las duras represalias del ejército israelí contra los militantes internacionales que pintan graffitis reclamando la demolición del muro, que es el triple de alto y el doble de ancho del muro de Berlín.
Anexión de territorios palestinos
El sudafricano John Dugard, relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, dictaminó que el muro «es una forma de anexión progresiva de territorio palestino».
En el mismo sentido, el analista Juan Argullo formula tres preguntas en La Jornada de México: ¿Por qué el muro no es contiguo a la frontera con Palestina sino que se introduce en los territorios ocupados? Si la razón invocada del «Plan unilateral de separación» es la seguridad, ¿por qué quedan intramuros, es decir del lado israelí, 290 mil palestinos? ¿Por qué Israel se está anexionando por la vía de los hechos consumados el 10% de la Cisjordania ocupada?
En Le Monde Diplomatique, Matthew Belmessuos sigue paso a paso la dirección de los tramos ya erigidos del muro. En el norte se levanta a través de Qalandia para disociar Jerusalén de Ramalá. En el este, una construcción hormigonada corre a lo largo del Monte de los Olivos para separar Jerusalén de las zonas palestinas de Abu Dis y Asaria. En el sur, el muro y la zanja contigua aíslan Belén de Jerusalén, dejando del lado israelí tierras municipales palestinas. De este modo, señala el autor, «Israel se anexiona el lugar –sagrado tanto para los judíos como para los musulmanes– llamado de la tumba de Raquel, situado en el interior de Belén y bordeado por dos campos de refugiados». Una crónica periodística dice que «los colonos del asentamiento judío de Ariel pretenden que el trazado (del muro) se desplace hacia el este, de modo que sus casas queden del lado israelí y no del palestino». Este es el caso en toda Cisjordania, donde viven dos millones de palestinos y se han asentado unos 250 mil colonos judíos.
Voceros palestinos afirman que «los primeros 245 kilómetros con frecuencia viran profundamente dentro de ciudades y pueblos palestinos de la ribera occidental, y terminarán ocupando 20 aldeas palestinas y anexando ilegalmente una porción de su territorio, habiéndose ya erigido el tramo que separa Ramalá y Belén de Jerusalén».
Bantustanes aislados
La construcción prosigue sin pausa, aunque por fragmentos discontinuos, a veces en lugares menos visibles. Fue descrita así: «Vallas electrificadas, alambre de espino, focos de alto poder, censores de última generación, fosos, trincheras, torreones de vigilancia, perros adiestrados y toneladas de cemento acentúan el carácter de gueto». A menudo del lado palestino hay un foso de cuatro metros de profundidad.
Según una anécdota narrada por un nieto de Churchill, se le preguntó precisamente a Sharon, al término de la guerra de Yom Kipur, cómo harían para entenderse con los palestinos, y éste respondió: «Instalaremos asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza durante los próximos 25 años y ni Naciones Unidas ni nadie podrá impedirlo». Es lo que ha estado aconteciendo, por derecho de conquista. Se han construido 31 mil viviendas ilegales en los territorios y en ellos se asentaron 400 mil ciudadanos israelíes, lo que ha dado carácter permanente a la ocupación y fragmentó los territorios, aislándolos entre sí, de Israel y del mundo. El muro acentúa esta fragmentación, convierte a cada uno de los poblados en bantustanes separados. Muchos perderán la mejor parte de sus tierras comunales, de sus acuíferos, y la libertad de movimientos de la población. Esto se suma a los desmanes que han venido perpetrando las tropas de ocupación israelíes, derribando viviendas y cegando los pozos de agua.
La conciencia moral
Un llamamiento de intelectuales judíos de la talla de Immanuel Wallerstein y otros, que circula bajo el lema: «Detengan la construcción del mundo inmediatamente», señala: «El muro torna irreversibles las colonias judías (todas ilegales según la ley internacional) y la toma progresiva de Jerusalén Este, lo que transforma el siempre prometido ‘Estado palestino viable’ en una mera colcha de retazos de bantustanes y de campos de refugiados, generalizando y agravando el modelo creado en Gaza. El mismo aprisiona a los palestinos en una parte restringida de Cisjordania cercada por una triple columna mortífera de cemento, alambradas de púa y fortificaciones electrónicas, cuyos precedentes en la historia moderna pertenecen indiscutiblemente a la tradición totalitaria».
La organización israelí para los derechos humanos B’Tselem sostiene que el muro agrede a 210 mil palestinos, y que muchos vivirán en un enclave en tierra israelí.
La farsa Bush-Sharon
Bush recibió el 25 de julio al primer ministro palestino Mahmud Abbas y, de acuerdo con la Hoja de Ruta, prometió influir a favor de la liberación de prisioneros palestinos y el cese de los asentamientos ilegales, a la vez que se pronunció contra el muro. Cuatro días después, llegó a la Casa Blanca Sharon, por octava vez. Dijo que continuaría la construcción del muro, para lo cual la Knesset había votado fondos la víspera de su partida. Bush respondió que comprendía sus razones. De los 6.500 presos palestinos, Israel prometió liberar el 5% y ni siquiera eso se cumplió. Los soldados que se asomaron a algún asentamiento se vieron prepoteados por los colonos; algunas colonias fueron desmanteladas pero en su lugar se erigieron otras (cable de ANSA del 29/7). Y el muro sigue adelante. Entre bueyes no hay cornadas. *
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