Dejando detrás suyo un rastro de sangre de 300.000 asesinatos

Murió ex dictador ugandés Idi Amín

Tenía 78 o 79 años, según diversas fuentes. «Sólo Dios sabe cuando nací», solía afirmar.

Fuentes del hospital King Faisal Specialist Hospital de Jedda, donde estaba internado desde el 18 de julio, dijeron que Amín, autoproclamado «presidente a perpetuidad» de Uganda en los años 70, murió por complicaciones en varios órganos vitales.

Amín, a quien sus enemigos lo acusaban de practicar el canibalismo con sus opositores, necesitaba en forma urgente un trasplante de riñón para sobrevivir.

«Podemos confirmar que murió por complicaciones derivadas del mal estado de diversos órganos», dijo un portavoz del hospital.

Su estado de salud era grave desde hace semanas. Desde entonces permaneció internado en terapia intensiva acompañado de sus familiares y en medio de severas medidas de seguridad, ya que había recibido amenazas de muerte.

Amín vivía en el exilio desde 1979, cuando fue desalojado a la fuerza del poder en Kampala. De religión musulmana, halló asilo en Arabia Saudita, donde vivió desde entonces la mayoría de su tiempo.

El presidente ugandés, Yoweri Museveni, declarado adversario de Amín, dijo esta semana que no se opondría a que los funerales se realicen en Uganda.

Amín es considerado uno de los más sangrientos dictadores del Africa. Mariscal, presidente perpetuo, conquistador del imperio británico, rey de Escocia, doctor, fueron alguno de los títulos que Amín («big daddy», gran papá, como era llamado) se atribuyó a lo largo de su feroz dictadura.

Con casi dos metros de altura y 150 kilos, fue durante nueve años (entre 1951 y 1960) campeón nacional de peso pesados de boxeo.

Durante su dictadura (1971/79) se calcula que al menos 300.000 opositores fueron asesinados, entre ellos el arzobispo anglicano Janan Luwum, el jefe de la corte suprema Benedict Kiwanula, ministros, docentes e intelectuales.

Nació en 1924 o 1925 en la perdida región de Koboto, noroeste de Uganda, entre el ex Zaire y Sudán, en el seno de una tribu minoritaria musulmana y de poco peso nacional.

Pero el «gigante» Amín, de familia pobre, llegó a Kampala junto a su madre y causó una buena impresión a los colonialistas británicos que lo enrolaron primero como cocinero en el cuerpo de elite, integrado en su mayoría por analfabetos (años después supliría esa falta al entregarse un doctorado honoris causa). Luego como suboficial participa en la represión interna de la revuelta de los mau-mau en Kenia (1952/56) y se distingue como un sanguinario ejecutor de torturas y ejecuciones en nombre del imperio británico. Pronto se convirtió en general.

Tras el fin del colonialismo, Londres se preocupó por hacerlo ascender al poder en vistas de sus «méritos» en Kenia y lo colocó en una posición cercana al primer presidente ugandés, Milton Obote, en 1962.

Pero ambos eran enemigos. Amín se convirtió en 1966 en jefe del ejército y de la aviación, pero se lo encontró con el tesoro de los guerrilleros que combatían al dictador de Zaire Mobutu y el escándalo lo cubrió siendo degradado a la vida civil.

Poco tiempo después, en 1971, Obote partió a una cumbre del Commonwealth en Singapur, y Amín tomó el poder a través de un golpe de Estado, aplaudido en Occidente visto que el presidente ugandés era acusado de comunista.

Historiadores afirman incluso que el golpe fue motorizado por Londres y Washington.

Desde entonces, el régimen de Amín fue una «orgía de sangre», de desastre económico, de proclamas absurdas y demagógicas que culminaron en 1978 con la invasión de Tanzania, cuyas tropas derrotaron a los invasores y llegaron hasta Kampala en 1979.

Antes de la invasión, había desafiado al presidente tanzanio a dirimir sus cuestiones en una pelea de box. También desafió a Mohamed Alí y pidió que Muammar Kadafi fuera el árbitro. *

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