Un informe militar de los años de plomo
Las Fuerzas Armadas se basaron en un informe de 93 carillas, caratulado como «estrictamente secreto y confidencial» y elaborado en junio de 1980 por la «Central de Reunión», para capturar a una veintena de montoneros que ingresaron al país en dos momentos llamados, por la propia organización subversiva «Contraofensiva 1″ y «Contraofensiva 2″.
El documento forma parte del cuerpo de la causa 6.859, a cargo del juez federal Claudio Bonadío, que investiga el secuestro y desaparición de esos activistas, de los cuales sobrevivió Silvia Tolchinsky, residente en España.
El juez, basado en este documento, sospecha que los datos de que dispuso Inteligencia del Ejército para elaborarlo fueron aportados por alguien de la propia cúpula de Montoneros, más precisamente por Mario Firmenich, o por el descubrimiento, en ese entonces, de armas ocultas en muebles, que delataban, además, el ingreso de nuevos activistas al país.
El largo análisis del 601 hace referencia a otro documento que anunciaba lo que llamaban la «crisis interna de la BDT» banda de delincuentes terroristas por causa de «la decisión de la CN Conducción Nacional de Montoneros de lanzar la maniobra de contraofensiva en el país».
El documento también recuerda que «un conjunto de intelectuales del «MPM» Movimiento Peronista Montonero elaboró una propuesta política llamada «Proyecto nacional revolucionario» que sería presentado «a personalidades extranjeras». Esta propuesta «en general tendía hacia los postulados de la socialdemocracia europea», por considerar que era «lo más potable para Europa, los Estados Unidos y países socialistas».
El documento redactado por el batallón militar también dice que los réditos políticos de la «contraofensiva» fueron «escasos», y subraya que Montoneros seguía «adjudicándose el liderazgo de los movimientos de fuerza ocurridos en el país, por diversas causas», durante 1979.
El informe comenta la deserción del movimiento de Rodolfo Galimberti y de un «grupo de adherentes» entre ellos, el escritor y periodista Juan Gelman que, además de causar «daño político» a la organización subversiva, la obligaba a traer al país «otros miembros de nivel, para cubrir los claros dejados por el grupo disidente», consigna el documento que, además, especula con que la venida de estos nuevos montoneros le supondría «graves bajas» al grupo.
«Aproximadamente en noviembre de 1979, los militantes prófugos se repliegan al exterior», dice el documento, y añade que las armas y material de propaganda, «material salvado de la acción de las FFLL fuerzas legales », fue depositado en empresas guardamuebles previendo su retiro, «para continuar la actividad, entre febrero y marzo de 1980″, lo que fue finalmente desbaratado, cuando se allanaron esas empresas en diversos puntos del país y cuando se secuestró «la casi totalidad del material», que incluía elementos para la difusión y las comunicaciones, armamento y explosivos, «embutidos» en muebles y objetos. El conocimiento de esta operación es lo que despierta sospechas en Bonadío de que información exclusiva de Montoneros se infiltró en las Fuerzas Armadas.
El documento relata también pormenores del encuentro que mantuvieron en «la Comandancia», lugar de reuniones en La Habana, Cuba, «el secretario general del Partido Montonero y comandante en jefe del Ejército montonero, Mario Firmenich, con el jefe del Comando Táctico» que entró desde el exilio a la Argentina, comandante Raúl Clemente Yaguerm, Roque, tal su nombre de guerra.
Yaguer, según el 601, presenció «uno de los atentados realizados por las TEI (tropas especiales de Infantería) más precisamente el cometido con Francisco Soldati», donde hay bajas montoneras, y «pone de manifiesto su escepticismo en cuanto a la eficacia de las TEI instruidas en Medio Oriente, ya que le dice a Firmenich que «los cursos Pitman no van». Este detalle de las percepciones del guerrillero, en la reunión en Cuba, también abona la idea de que uno de los montoneros mejor informados reveló esos datos a la Inteligencia del Ejército.
El Informe del 601 abunda en datos sobre la relación militar entre Montoneros y Al Fatah (organización terrorista palestina) que fue publicitada en una entrevista concedida al semanario español Cambio 16 por el jefe de la estructura militar, Horacio Mendizábal, que luego cayó en combate durante la primera «Contraofensiva».
La revelación de «Hernán» o «el Lauchón», como se conocía a Mendizábal en Montoneros, causó alarma en el alto mando palestino y atrajo sobre los guerrilleros argentinos la mirada del Mossad israelí que, según algunas fuentes, también nutrió con información al 601.
Posteriormente, prosigue el documento, «los militantes convocados para realizar cursos en el Líbano realizaban un entrenamiento completo (de dos meses de duración) de adoctrinamiento político, en base del ‘Manual Roqué’, en Madrid, y luego viajan para realizar la instrucción militar en Medio Oriente».
El «Manual Roqué», que llevaba como título formal «Curso de formación de cuadros del Partido Montonero», había sido escrito en México por el comandante Julio Iván Roqué («Lino»), que en 1977 regresaría clandestinamente al país y se enfrentaría contra un grupo de la ESMA. El texto agrega luego que la reorganización y reestructuración de Montoneros estaba más acorde con la realidad que vivía la organización (llamada Banda de Delincuentes Terroristas) y que había «dejado de lado la ampulosidad que la caracterizaba en épocas pasadas».
También afirma: «Influye en esta nueva organización la falta de cuadros partidarios que reemplacen las bajas producidas, las deserciones y las figuras que, en franca disidencia con la conducción montonera, han abandonado sus filas para generar nuevas organizaciones que si bien no divergen en lo ideológico, no comparten los puntos de vista de la CN Conducción Nacional de Montoneros en cuanto a la apreciación de situación y metodología a emplear para el accionar.
En el mismo sentido, nota que otra causa de las disidencias y escisiones la constituyen «la falta de democracia interna» y «elitismo» reinante en el seno de la banda, «lo que molesta y causa desagrado en los niveles inferiores capitanes, hasta tenientes, especialmente».
Además describe un ámbito que se suponía más que hermético para esas fechas: la Secretaría General y sus distintas dependencias: Comunicaciones, Seguridad Personal, Técnica, etcétera.
En relación con la Secretaría Técnica, revela que tiene como responsable a la «DT delincuente terrorista » Silvia Tolchinsky de Villareal (Chela) de nivel Tte. 1º. «Dependen directamente de ella un centro de computación de datos, el archivo, la guardería y la oficina de la comandancia», dice el documento.
Una fuente ignota detalla, según el dossier, que en el centro de computación de la Comandancia «en algún lugar de La Habana, puede encontrarse una computadora TRS 2 Sistem, con consola de mando, pantalla, impresor y cuatro aparatos para discos ‘TRS 2′ o ‘Basic Disk'», y que «a esta computadora se le pueda anexar teléfono y grabador».
Además, especifica que hasta los primeros días de 1980 estaba programada para trabajar con información de los legajos personales de los militantes.
El documento revela detalles de hasta qué datos contenía esa computadora cita en La Habana: «El archivo a cargo de la DT delincuente terrorista ‘Raquel’ (nombre de guerra) ‘Mac Donald’, Tte., contiene los documentos de la BDT Banda de Delincuentes Terrorista información necesaria para sus actividades».
El informe revela que Angel Carbajal (Quique) entró a la Argentina el 5 de febrer
o y fue secuestrado el 21, que Julio César Genoud (Facundo o Raúl) entró el 26 de febrero y fue detenido el 27, y que a Mariana Guangiroli (Toti) y a Verónica Cabilla (Cecilia), les sucedió lo mismo.
Cita también a «Ernesto Emilio Manuel Ferré (Chino), jefe del grupo, que había reingresado el 10 de febrero y capturado el 28, a Miriam Antonio (Gringa o Lucía), sobrina de Jorge Antonio, igual que el Chino».
«Raúl Milberg (Ricardo) pasó la frontera el 5 de febrero y fue detenido en la misma casa en que cayeron los anteriores», consigna, además a Ricardo Marcos Zucker (Pato), hijo del actor cómico Marcos Zucker, que «regresó de España a comienzos del 80 y cayó en una cita el 29 de febrero».
«Marta Libenson (Ana), cayó igual que el Pato Zucker. Matilde Adela Rodríguez había regresado poco antes de su caída, el 29 de febrero de 1980″, continúa.
Según este informe, la inteligencia montada a partir de los guardamuebles fue decisiva para «tirar de la piola y que fueran cayendo», según el texto. *
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