Bowling for Columbine y Gran Hermano superado
El Fantasma del macarthismo se pasea por Estados Unidos, decíamos hace poco aludiendo a todas las formas de represión interna en ese país, al descaecimiento de las libertades y la vulneración de los derechos básicos, al odio xenófobo y los ataques al periodismo independiente. Un estudio de Ignacio Ramonet revela que el objetivo de la potencia imperial es profundizar aún más esa tendencia en el ámbito interior y extender los sistemas de espionaje al mundo entero. A la vez, Bowling for Columbine, el estupendo documental de Michael Moore (el mismo que en la entrega de los Oscar condenó a viva voz al gobierno de Bush por la invasión a Irak, lo que fue visto por más de 500 millones de televidentes), muestra las consecuencias dramáticas del uso masivo de las armas en su país. Cuando niños matan a otros niños ¿qué más se puede decir?
Todos fichados
El punto de partida del director de le Monde Diplomatique es el tema de las visas requeridas para ingresar a EEUU (incluso en tránsito, como se estableció recientemente). Un acuerdo entre la Unión Europea y Washington determina que la compañía aérea suministrará por anticipado a las autoridades migratorias estadounidenses todos los datos de los futuros pasajeros, sin su consentimiento. Estos se ingresan a un dispositivo llamado Capps (Computer Assited Passenger Pre-Screening, sistema de control preventivo asistido por ordenador) y se cruzan con datos emanados de la policía, el Departamento de Estado, el ministerio de justicia, los bancos, etc., para evaluar la peligrosidad de los aspirantes a viajar, a los que se les atribuye un código de color. A los marcados en rojo se les impide el acceso al avión, y los sospechosos (cartón amarillo, entre ellos todos los musulmanes o provenientes de Medio Oriente) a su ingreso son fotografiados y se les sacan las huellas digitales.
Los hispanoamericanos son objeto de vigilancia especial, habiéndose revelado que 65 millones de mexicanos, 31 millones de colombianos y 18 millones de centroamericanos están fichados sin saberlo, incluso con datos confidenciales. «Poco a poco todos los hispanoamericanos serán etiquetados por Washington», dice el autor. La empresa responsable de esa tarea, y que se la vende al gobierno, es ChoicePoint, instalada cerca de Atlanta. Es la misma que recibió el encargo del gobierno de reorganizar las listas electorales en Florida para las elecciones presidenciales de 2000, con la consecuencia de que miles de personas fueron privadas de su derecho a voto y Bush ganó allí por 537 sufragios, lo que le permitió alcanzar la Casa Blanca.
Tampoco los norteamericanos escapan a ese régimen de vigilancia total, viabilizado por la Patriotic Act. No existe más el secreto de correspondencia, no se requiere autorización para pinchar los teléfonos, ni orden de registro para acceder a informaciones personales de los ciudadanos. Incluso el FBI pide a las bibliotecas la lista de los libros y páginas de Internet consultadas por sus abonados.
Espionaje por 6 mil millones
«Pero el más delirante de todos los proyectos de espionaje ilegal dice el estudio es el que elabora el Pentágono con el nombre de Total Information Awareness (TIA), sistema de vigilancia total de las informaciones, confiado al general John Poindexter». Este fue condenado en los 80 porque dejó sus huellas dactilares en el asunto Irán-contras. El proyecto (al que para disimular le cambiaron el nombre por el de Terrorism Information Awareness) recopila y entrega a un hiperordenador todos los datos personales de cada uno de los seis mil millones de habitantes del planeta, además de sus pagos por tarjetas de crédito, movimientos bancarios, llamadas telefónicas, correos electrónicos y páginas web, ficheros policiales, informes médicos y de compañías de seguros y de seguridad social. «Mañana sabremos todo de ustedes», dice uno de los organizadores. Ramonet coloca en el acápite la frase del libro 1984 de Orwell: «La policía del pensamiento vigilaba a todo el mundo, constantemente» y comenta: «Big Brother está pasado de moda».
Michael Moore, el valiente
El lector ya estará enterado de esa película fuera de serie (Bowling por Columbine), pero desearía destacar la valentía de Michael Moore al haber producido una obra con ese contenido (y con esa excelencia de factura cinematográfica) en el clima de histeria patriotera que envenena a la sociedad norteamericana desde el 11 de setiembre. No hizo un panfleto, sino una auténtica obra artística, con sus toques de humor ácido, de ironía y de auténtico humanismo, con su figura marchando desarrapado delante de la cámara y exhibiendo su tremenda fuerza de convicción. Son de antología las secuencias de los chicos que llevan en sus cuerpos las balas del atentado en la high school de Columbine, en el estado de Colorado, que dejó muertos a 12 alumnos y una profesora. Y más aún la extensa entrevista final, en Beverley Hills, al actor Charlton Heston, capo máximo de la National Rifle Association. Prefiero no comentarla, y recomendarles que la vean con sus propios ojos.
El documental procura ir al fondo, escudriñar la psicología de hombres y mujeres que dicen, sienten y hacen cosas terribles, al margen de la condición humana. Y no deja de señalar a los verdaderos responsables, que aparecen con su propio rostro, de Bush a Rumsfeld pasando por Cheney, y a la vez de internarse en los antecedentes, en el pasado intervencionista de la nación, en los desembarcos de marines y las guerras sucias en el último medio siglo. El presidente que aparece en pantalla es el mismo que el cineasta calificó, al recibir el Oscar al mejor documental, como «ilegítimo, falso e invasor».
Kosovo y Columbine
Existe una coincidencia cronológica que adquiere el valor de un símbolo y es debidamente resaltada en el filme: el mismo día de la masacre perpetrada por dos alumnos en Columbine, el 20 de abril de 1999, Estados Unidos lanzó los más mortíferos bombardeos sobre Kosovo. *
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