Incendios, sequía y desastre en Portugal
El primer ministro portugués, Jose Manuel Durão Barroso, ordenó al Ministerio de Finanzas poner a disposición de los consejos (distritos) afectados por los incendios una suma inicial de 50 millones de euros.
Las llamas ya causaron nueve muertos, entre ellos dos ciudadanos chilenos miembros de una brigada aerotransportada de ese país especializada en combate al fuego en las zonas madereras, estacionada provisoriamente en Portugal para dar cursos de instrucción y especialización a bomberos lusos.
Estimaciones oficiales dicen que en los últimos ocho días ardieron unas 16.000 hectáreas, lo que eleva a unas 45.000 las hectáreas de bosques quemados desde el inicio del año, en la mayor catástrofe de este tipo en Portugal.
Los incendios afectan a 15 de los 18 distritos en que se divide el país, y se ven atizados por temperaturas máximas de 42 y mínimas de 34 grados. La fuerza del fuego se hace sentir en especial en los distritos de Castelo Branco, Leiria, Portalegre y Santarem, todos ubicados en el centro del país.
El fuego consumió algunas casas aisladas y avanzó sobre aldeas y pueblos, causando cortes de electricidad, de teléfonos y agua, líneas de ferrocarril, carreteras y caminos rurales.
En la vasta acción son usados 36 medios aéreos, entre aviones y helicópteros, y 850 vehículos terrestres. Están empeñados unos 3.000 bomberos y 2.000 soldados, apoyados por los habitantes de las zonas afectadas.
Entretanto, la situación en la región española de Extremadura (oeste, en la frontera con Portugal) es hoy «infinitamente mejor», aunque dos de los incendios que afectaron a la zona siguen activos, dijo hoy el responsable de Desarrollo Agrícola local, Javier López Iniesta.
El incendio que había estallado en Valencia de Alcántara, precisó López Iniesta, ahora está bajo control gracias a un cambio de viento, y la evacuación de los habitantes de la zona fue suspendida. El de Ceclavin-Gargante la Olla, por su parte, «está en óptimas condiciones para ser controlado en pocas horas».
Sin embargo, está fuera de control el incendio que ya consumió más de 5.000 hectáreas en la provincia de Avila (Castilla, al oeste de Madrid), donde varias decenas de vecinos del lugar fueron evacuados a partir del domingo por la tarde.
El fuego también afectó ayer el norte de Italia: un fuerte incendio estalló en la zona boscosa de Caralte, cerca de la importante localidad turística montañosa de Cortina d’Ampezzo.
Los bomberos, que acudieron con tres equipos, no lograron dominarlo hasta ayer, y el denso humo impedía la intervención de un helicóptero para arrojar agua.
Una vasta zona boscosa al sur de Berlín, en el noreste de Alemania, también está sufriendo un violento incendio, cuyas causas se relacionan con la sequía y el calor. Están ardiendo unas 30 hectáreas, a 60 kilómetros de la capital.
Para los próximos días, los meteorólogos prevén que en algunas zonas de Alemania la temperatura podrá tocar 40 grados, algo pocas veces visto. La escasez de lluvias, con el consiguiente descenso del nivel de lagos y ríos, puede provocar bajas en la producción de energía eléctrica, en tanto la sequía afectará a las cosechas.
En todas partes la temperaturas están muy por arriba de 30 grados, y para el miércoles se estima que tocará los 40 en Friburgo, Heidelberg y Stuttgart (sudoeste).
La ola de calor también recalentó las aguas del Mar del Norte y el Báltico, con temperaturas de hasta 24 grados. En el fin de semana, cinco personas sobre todo ancianas murieron en Baja Sajonia (noroeste), y algunos no excluyen que sea por el calor.
Otras capitales europeas sufren el intenso calor. En París la temperatura volvió a subir excepcionalmente, con picos de entre 35 y 37 grados, y desencadenó la alarma por la contaminación de ozono, agravada por la total ausencia de viento.
En Ile-de-France, la región donde se encuentra la capital, el calor volvió el sábado tras una pausa refrescante de algunos días. Por lo tanto las prefecturas locales decidieron reducir a 30 kilómetros por hora la velocidad en las calles.
También en el sur, en el departamento de Bouches-du-Rhóne y en Grenoble, la alarma por el ozono impulsó a las autoridades a bajar consistentemente los habituales límites de velocidad.
El calor provocó también la rotura de un cable de alta tensión en la zona de Bordeaux (sudoeste), donde 4.000 personas se quedaron sin electricidad. *
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