El príncipe Carlos se muda a la antigua y lujosa residencia de la Reina Madre

Clarence House, la antigua residencia de la fallecida Reina Madre, se convertirá a partir del lunes en la nueva casa londinense del príncipe Carlos de Inglaterra, si bien una parte de la morada, cuya renovación ha costado 8,5 millones de euros (prácticamente la misma cantidad en dólares), será abierta a los visitantes este verano (boreal).

El emblema del príncipe de Gales será erigido el lunes, fecha aniversario del nacimiento de la Reina Madre, el 4 de agosto de 1900, en esta residencia donde el heredero de la Corona británica ya vivió en su más tierna infancia.

En efecto, Clarence House fue la primera residencia de casados de Isabel II, entonces princesa y el duque de Edimburgo tras su boda en 1947.

Cuando murió el rey Jorge VI en 1952, Isabel, ya reina, se fue a Buckingham Palace, mientras que su madre se instaló en Clarence House donde vivió hasta su muerte, en marzo de 2002.

La casa, que siempre ha sido preservada de la mirada del público, es una de las residencias preferidas de la familia real inglesa desde que fue construída en 1820.

En esta ocasión Carlos de Inglaterra ordenó un programa de obras de renovación que costará 4,4 millones de libras (unos 6,2 millones de dólares) a los contribuyentes británicos. Para amueblarla Carlos de Inglaterra ha utilizado piezas de la Colección Real.

Sin embargo, la familia real se negó a asumir el coste de las dos habitaciones reservadas a la compañera sentimental de Carlos, Camilla Parker-Bowles, así que el heredero ha tenido que pagar de su bolsillo 1,6 millones de libras (2,2 millones de euros).

La astronómica factura de la rehabilitación de Clarence House ha provocado que más de un británico frunciera el ceño, sobre todo porque el príncipe de Gales ingresó el año pasado unos 10 millones de libras (14,2 millones de euros) de su Ducado de Cornuailles, lo que supuso un incremento de un 27,7% en un solo año.

Al renovar este edificio de cuatro plantas, el príncipe ha querido preservar la atmósfera que reinó en vida de su abuela, una anciana llena de vitalidad y sentido del humor hasta que murió a los 101 años.

«La consigna era no cambiar nada», reveló el arquitecto de interiores del príncipe Carlos, Robert Kim. «Evidentemente, todo ha cambiado. La casa no había sido pintada en 50 años ni cambiada la instalación eléctrica. *

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