Cuando la impunidad comienza a desmoronarse en Argentina
Los tiempos corren para la Corte Suprema de Justicia donde el embate contra lo que fuera la mayoría automática del menemismo podría acelerar la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad.
Los senderos no tienden a bifurcarse. Néstor Kirchner dio un pronunciamiento expreso a favor de sacar del camino las leyes que amnistiaron a acusados de violar los derechos humanos y pidió al Parlamento que también aporte en esa dirección.
Aclaremos: las leyes no están ahora en vigencia; fueron derogadas en el año 2000. Pero son sus efectos lo que impiden llevar a juicio aquí, por caso, a los militares, policías y civiles reclamados desde Madrid por Baltasar Garzón Real. Casi todos o fueron beneficiados por las leyes de impunidad o quedaron protegidos por indultos que firmó en 1990 Carlos Menem.
¿Puede el Parlamento derogar los efectos de esa legislación? Un sector piensa que sí y para el 12 está prevista una gran concentración para respaldar el pedido de la legisladora de Izquierda Unida Patricia Walsh y otros más, para que se discuta la anulación de las protecciones judiciales por actos de militares en los años de plomo. Hay otra biblioteca que sostiene que no sería constitucional: un sector del peronismo respalda este criterio.
Puede ser otro modo de presionar sobre la Corte pero todos los caminos conducen a ella. De derogarse efectivamente las leyes que oportunamente aprobó el Congreso, cada afectado pedirá acogerse por la le legislación más benigna y finalmente deberá pronunciarse el más alto tribunal. Va de suyo que un reclamo legislativo afinaría los argumentos de los supremos que están de acuerdo con declarar la inconstitucionalidad.
La política hace lo suyo en diversos planos. La Comisión de Juicio Político de la Cámara baja ya aprobó casi por unanimidad sacar del camino a Eduardo Moliné O’Connor, acaso el cerebro de lo que se llamara «fuerzas de tareas de Menem» en el Poder Judicial.
Moliné ha dicho que se defenderá, pero será muy difícil al Senado revertir esa tendencia, aunque allí el menemismo lo defenderá. No es improbable que otros dos supremos dimitan antes de ser juzgados con lo que Kirchner daría un paso categórico para renovar la cabeza de la Justicia y darle paraguas para que el saneamiento continúe abajo.
Los respaldos populares
En pocos días, la Cámara alta deberá dar acuerdo a favor de Raúl Zaffaroni, para cubrir la silla vacante por renuncia del titular de la Corte, Julio Nazareno. La campaña derechista para impedirlo revela fielmente el impacto de la nominación que hizo Kirchner. Se conocen impugnaciones –y muchos respaldos para el mayor experto penal de este país– porque por primera vez la designación de tan alto magistrado no es materia de cenáculos cerrados. Incluso el debate será televisado y en la Facultad de Derecho los estudiantes promovieron una votación, otra manera de airear este proceso.
El ingreso de Zaffaroni al tribunal máximo, daría el pretexto suficiente para que quienes pensaban votar por declarar constitucionales las leyes en cuestión cambien de opinión: es el contexto político, la inmensa popularidad que conserva el Presidente y la muy fuerte repulsa pública a que subsista la impunidad, la que modifica el escenario.
Es imposible soslayar en este contexto, el reclamo de extradición de Garzón y la derogación del decreto que vedada abordarlo. Los dos hechos apuran las definiciones sobre las leyes de amnistía pero acaso bloquean definitivamente la posibilidad de que los acusados deban ser enviados a España. Desde el Presidente a las Abuelas de Plaza de Mayo por principio, y un sector de la derecha por que no tiene otra alternativa, prefieren que los procesos se realicen en el país.
Nada será rápido. La derogación de la Ley de Punto Final, abrirá nuevos juicios, acaso más de 1.300 incluso algunos oficiales que siguen en el servicio activo. Hoy no se puede hablar de crisis, aunque las decisiones presidenciales no caen bien en los uniformados. Puede que a la política de Derechos Humanos le falta un sostén que permita a los actuales cuadros de las FFAA desligarse completamente del pasado.
Hay organizaciones sociales que trabajan en esa dirección pero tal vez el mayor aporte lo deberían dar los uniformados añadiendo a la autocrítica que hiciera en su momento el general Martín Balza, un pedido de perdón a la sociedad junto con toda la información que se oculta sobre qué paso con cada uno de los detenidos desaparecidos. Son los grandes archivos aún vedados en la búsqueda de la Verdad.
Apoyos y consejos externos
El influyente Eduardo Duhalde no comparte lo que hace el Presidente y de eso hablaron el viernes en el vuelo que los llevó al Valle de Humahuaca, declarado patrimonio de la humanidad. Algunos caciques de los distritos bonaerenses han sido socios de los represores y Duhalde, que cuida a sus coroneles, no quisiera que se enfrenten al Presidente.
La vida tiene sus compensaciones. Kirchner ha recibido alientos del exterior y uno de sus presidentes amigos, Ricardo Lagos invito a cenar en su residencia privada al canciller Rafael Bielsa.
Hay dos asuntos que le importan al trasandino: que su par argentino no abra demasiados frentes al mismo tiempo y la situación en Colombia. Un tercero obsesiona a Bielsa: la presión de Washington para enviar tropas a Irak: quiere un compromiso con Chile y Brasil, al menos, que nada se hará sin las Naciones Unidas. Es lo que le dirán al delegado americano ante la ONU, John Negroponte, cuando venga por estos lados en setiembre.
Veamos lo primero. Salvo la derecha y esos reparos de Duhalde, una mayoría no le objeta la andanada contra la Corte, la política militar y la de derechos humanos. Pero hay dentro y fuera del gobierno algunos gestos que se consideran altisonantes, por caso, haber rechazado la invitación de la Sociedad Rural para inaugurar su feria anual. El mensaje es claro si se tiene en cuenta que representa el liderazgo de esa entidad. Algo intuyó porque decidió recibir a la directiva y paseará los próximos días por la Exposición.
Kirchner apaciguó algunas irritaciones de los mandos actuales de las FFAA al saludarlos durante un almuerzo del jefe de Gabinete con ellos en la Rosada. La señal: exhibir que no hay animosidad con los militares. Es lo que dice la derecha para desacreditar al primer mandatario. El Presidente no invitó todavía al alto mando: reciben órdenes a través del ministro de Defensa.
Vale la pena insistir: la derecha no acepta lo diferente a su pensamiento, y todo lo que oscile hacia otro lado, es «la vuelta del zurdaje», ese argumento que alentó a instalar el terror en los 70.
Lagos invita a Bielsa
Sigamos con Lagos-Bielsa: el chileno teme que la escalada norteamericana en Colombia termine por generar un escenario vietnamita y derrape por el Cono Sur. Bielsa piensa lo mismo, pero no acepta descalificar a las FARC como narco-terroristas. Por eso Kirchner designó a un profesional como el ex jefe del Ejército, Martín Balza, para que sirva de consejero sobre el terreno y, acaso, inducir a alguna forma de mediación.
No se sabe si el trasandino puso en la charla la cuestión del ALCA. Ya se sabe que es un objetivo estratégico para los norteamericanos, que en esa dirección firmaron con Chile un tratado de Libre Comercio.
Como era importante para Washington, no es cierto que se olvidó del voto chileno en la cuestión de Irak en el Consejo de Seguridad. Le hizo notar a Lagos firmando aquel protocolo en Miami, no en la Casa Blanca como esperaba el socialdemócrata.
Pero para 2005 falta poco y en la Cancillería se piensa, al igual que en Itamaraty, que no se alcanzarán los acuerdos necesari
os (hay 5 mil diferencias de todo tipo): como dice el brasileño Celso Amorín «negociaciones exitosas significa preservar espacio para decidir con autonomía nuestras políticas». No es sólo eso, Argentina y Brasil procuran equilibrar el liderazgo norteamericano en las negociaciones y a ello tienden los encuentros Mercosur con el Pacto Andino como el de mañana en Montevideo. «Habrá que encontrar la manera que los norteamericanos no aparezca como derrotados», comentan en voz baja en el Palacio San Martín.
Con esta óptica el Gobierno entra en el difícil terreno de la negociación con el FMI que tiene como objetivo reprogramar 13.971 millones de dólares, que son los vencimientos entre septiembre próximo y agosto del 2006.
Es una negociación dura porque el Fondo quiere imponer lo que en el gobierno se definen como «postulaciones ideológicas» que siempre tienen atado el ajuste. O las llamadas «reformas estructurales» que encubren más concesiones al capital financiero.
La pulseada con el FMI
Kirchner no quiere ir más allá del 3% del PBI como superávit fiscal para atender los compromisos de la reprogramación de la deuda externa privada, actualmente en default, pero el FMI quiere elevarlo al 4,5%. Así a secas, lija cualquier moneda sobrante para atender el desarrollo económico.
El Presidente sostiene que no deben darse concesiones ajenas a la discusión sobre el programa de reprogramación de la deuda. Cree que de otro modo sus planes se estancarían las cifras alarmantes sobre desempleo, a pesar de un pequeño retroceso dicen bastante y correría el peligro de que le pase lo de Lula.
El FMI ha instalado aquí al Gran Hermano, John Dodsworth. Abrió casa para vivir tres años y de hecho luego del ministro de economía, Roberto Lavagna y del titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, será la tercer figura económica en importancia.
Depende del espacio que se le aceptará. Hay datos interesantes: el aliento a las organizaciones de derechos humanos para que se movilicen ante el Parlamento para que se deroguen las leyes de impunidad, el guiño del Palacio San Martín a las protestas contra el ALCA, a guisa de contrapeso de las que vienen desde el Norte.
Pueden leerse como la opción de Kirchner para acumular poder frente a un peronismo que donde ha podido, lo ha dejado de lado en la definición de candidaturas para las parlamentarias en curso.
El Presidente sólo los desafía, por ahora sin dramatismo, en la definición del gobernador de Misiones, diferenciándose de Duhalde y juega una carta brava apoyando al progresista Aníbal Ibarra contra el derechista Mauricio Macri en el control del distrito porteño donde el menemismo respalda al empresario pero el bonaerense mira hacia otro lado. *
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