El fantasma del macarthismo se pasea por EEUU

El título reproduce las conclusiones de un reciente informe elaborado por los periodistas Jim Cason y David Brooks, precedido por la siguiente frase: «Cuando el director de Amnistía Internacional, junto con estrellas de Hollywood, un grupo de música country, profesores y periodistas de renombre pueden ser tachados de ‘traidores’ y ‘antiamericanos’, uno puede sólo imaginarse lo que ocurre con cientos o tal vez miles de desconocidos que se atreven a expresar opiniones disonantes con la política oficial estadounidense». El informe menciona un documento de la Unión Americana de Libertades Civiles, que brega por la vigencia de las garantías constitucionales.

 

Libertad bajo fuego

Dicho documento, rotulado: «Libertad bajo fuego: el disenso en la América pos 11 de setiembre», señala que «agentes de seguridad pública en todo el país han interrogado, detenido y fiscalizado a cientos de personas por ejercer sus libertades de expresión y asamblea, estipuladas en la primera enmienda constitucional» y asevera que la conducta de muchos funcionarios gubernamentales «viola tan claramente la letra y el espíritu de la suprema ley de esta nación, que amenaza los fundamentos de la propia democracia».

Esta conclusión de extrema gravedad está avalada por una masa impresionante de hechos. A vía de ejemplo, menciona que Las Dixie Chicks, Tim Robbins, Susan Sarandon, Danny Glover, estudiantes, académicos, periodistas, inmigrantes y muchos más han sido blanco de intimidación, ataques, boicoteos y represión por expresar opiniones disidentes. Los tres actores mencionados, y otros, han recibido presiones y represalias por parte de la industria cinematográfica y de las autoridades por su postura contra la guerra de Irak. La galardonada actriz, que se expresó por la paz en la última entrega de los Oscar, declaró que la libertad de expresión «está en riesgo» en EEUU y existe el peligro de la autocensura por temor «a desaparecer de los medios que propagan el odio si alguien dice algo contra el discurso oficial de EEUU». A ella y a su esposo Tim Robbins les retiraron invitaciones a eventos significativos. Martin Sheen, Jessica Lange, Sean Penn también sufren represalias.

El procurador general John Ashcroft dio la medida de la postura macarthista al descalificar a todos los defensores de las libertades civiles con estas palabras: «Para aquellos que espantan a la gente con el fantasma de las libertades perdidas, mi mensaje es éste: sus tácticas sólo ayudan a los terroristas».

 

Disparen a los periodistas

Los periodistas Andy Rooney, del noticiero de mayor rating (6o minutos) y Robert Scheer, de Los Angeles Times, fueron calificados de traidores por no plegarse al discurso oficial. El último fue atacado por una vocera del Pentágono porque demostró la patraña urdida en torno a la soldado Jessica Lynch. Phil Donahue, director de un programa de TV por cable, fue despedido por sus opiniones críticas. Lo mismo aconteció con Peter Arnett, de la NBC, por unas declaraciones a la TV iraquí. El caricaturista Aaron McGruder fue censurado por el Boston Globe. El periodista Seymour Hersh, de The New York Times, luego de The New Yorker, ganador del premio Pulitzer y autor de varios best-sellers, fue acusado por el asesor presidencial Richard Perle (otro típico representante de la fauna macarthista) como «lo más cercano a ser terrorista dentro del periodismo estadounidense».

Los ataques llegan también al universo académico. Un profesor de antropología de Columbia, por sus comentarios antibélicos en un foro estudiantil, recibió amenazas de muerte y 104 legisladores republicanos reclamaron su destitución en carta al rector.

Una profesora de Yale que escribió en un periódico universitario una nota contra la guerra fue objeto de amenazas de violación sexual y muerte. Un grupo ultraconservador montó hace un año la organización Campus Watch para espiar a los académicos en áreas de estudios relacionados con Medio Oriente, y difunde fichas sobre decenas de docentes acusándolos de apologistas de las causas árabes. El profesor de historia Eric Foner fue acusado de «odiar América» porque señaló que Japón invocó la idea de la «guerra preventiva» al atacar Pearl Harbor.

 

El odio xenófobo

En el terreno artístico, basta como botón de muestra que Clear Channel, la mayor empresa de radio, con 1.200 estaciones en el país, ordenó que todas sus filiales dejaran de trasmitir la música del grupo country Dixie Chicks porque sus integrantes dijeron que las avergonzaba el hecho de que Bush también fuera texano.

Por añadidura, se despliega una campaña de odio racista y xenófobo. Escriben Cason y Brooks: «De nuevo en esta coyuntura se ha desatado una histeria nacionalista, de muchas maneras igual a las que envenenaron a esta sociedad durante la primera guerra mundial y en el período del macarthismo en los ’50. Aunque las anteriores campañas se lanzaron contra anarquistas, pacifistas, comunistas y socialistas, hoy, como entonces, son contra el ‘elemento extranjero’. Las más afectadas son las comunidades árabes y musulmanas». Un ejemplo tremendo: más de 15 mil de los 100 mil inmigrantes pakistaníes de Brooklyn, New York, han huido del país o han sido deportados. Millares más se sienten acosados todos los días, y se reportan numerosos casos de crímenes de odio en su contra en las calles de Estados Unidos.

 

Los derechos vulnerados

Esto se une a la situación de miles de ciudadanos norteamericanos y extranjeros encarcelados sin ningún juicio, despojados de sus derechos, sin abogados ni visitas familiares, sin que se conozca sus nombres y lugares de detención, todo ello en violación de las normas constitucionales. Y se suma también a la situación dantesca impuesta por el gobierno de Bush a los presos en la base de Guantánamo, ese puñal clavado en el costado de Cuba. *

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