ASTRONOMÍA

Captan inédito fin de estrella supermasiva convertida en supernova horas después

Una estrella de dimensiones colosales situada a 360 millones de años luz de la Tierra, fue captada en el breve tiempo que se convirtió en supernova arrojando nueva información sobre los orígenes estelares.

La imagen muestra a la estrella antes de su explosión en la derecha y luego de convertirse en una Supernova en la izquierda.

Los astrónomos del Instituto Weizmann para la Ciencia, en Israel, lograron registrar el inédito fenómeno que transcurrió en apenas una horas, donde una estrella supermasiva, ubicada en la constelación de Bootes “murió” en una violenta explosión que la convirtió en una supernova del tipo IIb.

La estrella que pertenece al llamado Grupo Wolf-Rayet, era uno de los gigantes cósmicos más densos conocidos, veinte veces más masivo que nuestro Sol y al menos cinco veces más caliente, y su grupo es aún considerado “raro” por los astrónomos en tanto se trata de uno de los menos estudiados por las limitaciones que hasta ahora tenía la tecnología.

Una observación que aporta mucho sobre el origen y evolución estelares

“Las nuevas capacidades de observación nos permiten ahora estudiar las estrellas que estallan de maneras que sólo podíamos soñar antes. Estamos avanzando hacia los estudios en tiempo real de las supernovas”, detalló el astrofísico Gal-Yam, del Departamento de Física de Partículas y Astrofísica del Instituto Weizmann.

La conversión de estrellas masivas en los denominados grupos Wolf-Rayets, en supernovas, constituye un aspecto trascendente pese a la distancia a que se encuentran, ya que se entienden que abastecen a las galaxias de elementos químicos pesados, que a lo largo de tiempos siderales, se convierten en elementos básicos para la formación y sustentación tanto de los planetas como de la misma vida.

Los científicos quieren ahora saber, qué tipo de estrellas son las que estallan, porqué y cuáles son exactamente los elementos que se producen a partir de esas megaexplosiones.

Las observaciones del seguimiento del hecho fueron compartidos tanto desde la Tierra como desde el satélite Swift, de la NASA, para luego poder sumarse todos los telescopios existentes que intentaron ver la resultancia de lo que había sido expulsado en el momento crítico.

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