Los líderes del mundo se reúnen en San Petersburgo
Antes de que comenzaran, las celebraciones de San Petersburgo y del G8 se vieron presididas por el espíritu de la reconciliación de la comunidad internacional tras la crisis iraquí.
De esta forma, el primer ministro británico Tony Blair, que visitó el sur de Irak y Varsovia antes de llegar a Rusia, advirtió de que el mundo se encontraba actualmente en un «momento crucial» y que era «la hora de la reconciliación o de la separación».
A los europeos que se opusieron a la guerra en Irak, Blair dijo que el terrorismo y la proliferación de armas eran «las nuevas amenazas de la seguridad, que se ciernen tanto sobre Estados Unidos como sobre Europa». Según él, Europa quiere ser «el socio de Estados Unidos y no su adversario».
Por su parte, el presidente estadounidense George W. Bush, que sólo llegará a San Petersburgo el sábado por la tarde y se entrevistará con Putin el domingo por la mañana, poco antes de que ambos salgan a Evian, también realizó declaraciones en el mismo sentido.
«Estoy decidido a trabajar con Francia y sus dirigentes», porque «compartimos los mismos objetivos en todas las cuestiones vitales», declaró durante una entrevista concedida el jueves a periodistas europeos y árabes.
Su homólogo francés, Jacques Chirac, aseguró a su llegada a San Petersburgo que estaba «muy feliz» por la ocasión que tendrá de encontrarse con Bush en Evian.
«Tenemos que hacer referencia a los problemas de la forma más positiva posible», dijo.
Por su parte, el canciller alemán Gerhard Schroeder realizó declaraciones similares al subrayar que la alianza Rusia-Francia-Alemania, creada para oponerse a la guerra, no estaba dirigida «contra Estados Unidos».
A la espera de que estas buenas intenciones se concreten en Evian, los 40 jefes de Estado reunidos en San Petersburgo iniciaron las festividades del tricentenario.
Putin quiso recibirlos, acompañados de sus esposas, al pie de la estatua del «Caballero de bronce», que representa al fundador de la ciudad, el zar Pedro I, a lomos de un caballo.
Pero la lluvia insistente y el frío viento obligaron a Putin y a su esposa Liudmila a refugiarse en un barco en el puerto para recibir a sus invitados, antes de conducirlos bajo paraguas a la catedral de San Isaac.
La tarde continuará con un concierto de gala en el teatro Mariinski y una cena oficial a bordo del palacio flotante Silver Whisper.
El esplendor de estas fiestas, que mezclan conciertos de gala, espectáculos acuáticos y recepciones en numerosos palacios de San Petersburgo, ciudad natal del presidente ruso y «ventana a Europa» del país, desea mostrar al mundo entero en qué se convirtió la Rusia de Putin, después de tres años de reformas, estabilidad y precios del petróleo en alza. *
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