Tony Blair visitó a tropas británicas en Basora
Blair, quien arribó ayer proveniente de Kuwait, se reunió con el jefe del régimen de ocupación, el norteamericano Paul Bremer, y con el enviado británico, John Sawers.
El premier, primer gobernante occidental que visita Irak tras el derrocamiento de Saddam, visitó una escuela y luego se reunió con 400 soldados británicos frente a uno de los palacios presidenciales de Saddam, en las afueras de Basora, 550 kilómetros al sur de Bagdad.
Blair agradeció a las tropas por lo que llamó «su magnífico trabajo para liberar a Irak del régimen de Saddam Hussein».
«Soy consciente de que hubo muchos desacuerdos en el país sobre mi decisión de ordenar la acción, pero puedo asegurarles una cosa: nunca se discutió en Gran Bretaña sobre vuestro profesionalismo, vuestro coraje y vuestro empeño», dijo.
Por su parte, Sawers dijo que Bremer ilustró al premier británico sobre los problemas de la posguerra: la economía, la delincuencia y la presencia de miembros del partido Baaz de Saddam Hussein en el país.
Le informó además acerca de «la creciente preocupación por el fundamentalismo islámico chiíta, que está claramente apoyado por elementos iraníes».
Durante su viaje a la región del Golfo, Blair advirtió a Irán y a Siria que no interfieran en el futuro de Irak, en línea con la posición de Estados Unidos.
Sawers dijo ayer que algunos dirigentes religiosos chiítas intentan «imponer restricciones» a la población de Bassora, como la prohibición de la venta de alcohol, y presionan a las mujeres para que lleven el velo islámico.
El enviado británico recordó que los chiítas, que son mayoría en Irak, fueron reprimidos durante el régimen de Saddam y «ahora quieren recuperar la plena libertad religiosa».
Gran Bretaña envió a la región del Golfo más de 45 mil soldados para combatir contra Irak. De ese total, 34 murieron en combate o en supuestos accidentes. Mientras tanto, se intensifican las protestas de los iraquíes contra las fuerzas angloestadounidenses, a las que acusan de comportarse como fuerzas de ocupación y de no respetar los derechos de la población.
El general David McKiernan, que guía las fuerzas terrestres de la coalición, anunció ayer que ante la proliferación de emboscadas y manifestaciones hostiles, Estados Unidos decidió enviar más tropas a las regiones noroccidentales del país, donde en los últimos días se produjeron los hechos más graves.
El militar dijo que considera que los ataques contra los soldados estadounidenses son orquestados por «nostálgicos del viejo régimen», que siguen teniendo una fuerte presencia en las ciudades de Fallujah, Ramadi y Hit.
Desde el 1 de mayo, cuando el presidente estadounidense George W. Bush decretó el fin de las hostilidades en Irak, unos 30 militares norteamericanos murieron en emboscadas.
Por otro lado, Downing Street negó ayer que el informe sobre las supuestas armas de destrucción masiva haya sido reescrito para hacerlo más «impresionante». El subsecretario de Defensa, Adam Ingram, dijo ayer que el gobierno no intentó hacer «más impresionante» el informe introduciendo elementos falsos, y agregó que «no hay ni una sola palabra del documento que no sea atribuible a los servicios de Inteligencia».
El texto sostiene, entre otras cosas, que el presidente derrocado podía activar un supuesto arsenal químico y biológico en sólo 45 minutos, aunque más de 70 días después de iniciada la guerra las fuerzas de ocupación no ofrecieron pruebas al respecto.
Un alto funcionario del gobierno británico, que pidió mantenerse anónimo, aseguró esta mañana a la radio 4 de la BBC que ese pasaje fue agregado por el gobierno, y que se trata sólo de una de las tantas modificaciones «aportadas» contra el parecer de los servicios secretos, que elaboraron la base del informe.
El funcionario sostuvo que el informe, de unas 50 páginas, presentado como documento para convencer a la opinión pública y a los parlamentarios sobre la «amenaza» que representaba supuestamente el gobierno iraquí, fue transformado una semana antes de su publicación, para hacerlo «más convincente».
La oposición interna y externa no le perdonan a Blair la decisión de haber iniciado la guerra contra Irak sin el aval de las Naciones Unidas. Tam Dalyell, parlamentario laborista, dijo que ahora Blair deberá presentarse ante el Parlamento y confirmar si es verdad que el informe fue modificado por el responsable de comunicación de Downing Street. La oposición liberal democrática pidió que una comisión parlamentaria investigue el caso. *
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