La paciencia y la esperanza

Este miércoles, a la mañana, visitó la Cámara de Diputados y recibió preguntas de los legisladores, el Presidente del Banco Central del Brasil, Henrique Meirelles. Afortunadamente, la sesión fue transmitida en directo por la televisión y la pude ver aquí, en Río de Janeiro.

Su presencia en el Parlamento y lo que iba a decir, concitaba la atención de todos, ya que el actual presidente del Banco Central no ha sido, en estos cuatro meses de gestión, muy afecto a decir mucho. Más bien, ha eludido elegantemente las frecuentes declaraciones y las entrevistas, con una prudencia, que es propia de un hombre que ocupa un cargo tan importante en el equipo económico que orienta la política económica brasileña.

Especialmente en este momento, en el que existe una gran preocupación por las altas tasas de interés imperantes y la reciente decisión oficial de mantener la Selic en 26,5% anual. Lula, cuando era candidato, siempre criticó lo alto de los intereses y se comprometió a bajarlos. Sin embargo, en el gobierno, hasta ahora no ha podido hacerlo y existe una sensación de que, expandiendo el crédito, Brasil podría crecer a un ritmo mucho mayor que el actual.

Por eso, era tan esperada la presencia de Meirelles ante los diputados. Uno podía esperar que fuera una sesión de cierta tensión en algunos pasajes entre los legisladores y el invitado. Pero no fue. Por el contrario, pareció una amigable charla que disimuló una amistosa clase. Porque el expositor explicó, con lenguaje muy claro, lo que está haciendo el gobierno y las metas que tiene; y lo hizo con una tranquilidad, que sólo parecen poseer quienes saben de lo que están hablando.

No es que fuera una disertación magistral, para nada lo fue. El presidente del Banco Central contestó con sencillez las preguntas e inquietudes de los parlamentarios y de sus respuestas, fue surgiendo una radiografía nítida de lo que ve el gobierno. De lo que ha hecho, de por qué lo hizo, de lo que puede hacer, de lo que no hará y, sobre todo, de lo que espera, suceda en el Brasil.

Resumiendo su mensaje, habría que empezar diciendo que, lo que menos se puede esperar, son cambios abruptos. Meirelles, durante todas sus intervenciones, transmitió una calma y una moderación, que contagiaron a los otros congresales. Muchos legisladores se deshicieron en elogios a la gestión banco centralista, antes de efectuar sus preguntas. El mensaje que dejó en el recinto la autoridad invitada, es que hay que seguir confiados por este camino. Que los intereses irán bajando a medida que se disipen los temores inflacionarios y que, en esto, tienen un papel crucial los empresarios privados que determinan los precios, quienes se quejan de lo caro de los intereses, pero que, si se aumentara la demanda de sus productos, por una revitalización del crédito, muy probablemente, muchos aprovechen el alta en el consumo para remarcar hacia arriba sus precios.

La cultura de convivir por años con la inflación no desaparece de un día para el otro, y en ella, Brasil tiene una larga historia. El gobierno piensa que está avanzando en este camino, pero lo quiere hacer de una manera ponderada y prudente. No quiere dejarse ganar por la impaciencia. Apuesta como fundamental, la aprobación legislativa de las reformas tributaria y de la Previsión Social y ese hecho, puede ser el que genere la confianza de los capitales internacional para invertir en Brasil a largo plazo.

Este es el flujo de capitales que más necesita el país para comenzar una etapa de crecimiento acelerado: inversión directa, en emprendimientos productivos. Pero Meirelles explicó magistralmente que el proceso de invertir en un país casi siempre comienza por las colocaciones a corto plazo, y luego vienen las inversiones más duraderas. Por eso, hay que esperar y continuar por el mismo camino y con la misma conducta.

No hay que desesperar, porque los resultados van a llegar. Esa parece haber sido la atmósfera que dejó el presidente del Banco Central en la Cámara de Diputados. Un mensaje de optimismo, pero con una carga especial de paciencia.

Para que las cosas den bien, cada uno tiene que hacer lo que le corresponde. El gobierno continua seguro por esta senda de prudencia y moderación; y los parlamentarios, a votar las reformas propuestas.

Lula parece ya haber consolidado las mayorías legislativas necesarias para la aprobación de estas normas. En unos pocos meses, muy probablemente, estén entrando en vigencia.

¿Será ese el momento de despegue de la economía brasileña? El ex banquero privado internacional auguró que sí, pero en esto también mostró moderación. El despegue también será lento y pausado; y siempre habrá que cultivar la perseverancia y la paciencia. Dos virtudes que no son comunes en la sicología popular del brasileño. *

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