El gobierno del presidente Toledo es jaqueado por la ola de protestas

Perú: un muerto y más de 50 heridos

Inicialmente el médico Isaac Manzaneda, director del hospital regional de Puno, informó que las víctimas fueron dos jóvenes, pero luego se rectificó y aclaró que el fallecido es uno, Edy Quilca Cruz, por herida de bala en el abdomen.

Omar Saravia Quispe, quien fue señalado como la otra víctima por el médico, se encuentra en cuidados intensivos tras ser intervenido por perforación de bala en el tórax.

En los enfrentamientos resultaron heridos 46 civiles y trece uniformados, entre soldados y policías algunos de los cuales tienen heridas de gravedad, dijo Loret de Mola, al subrayar que cinco personas fueron detenidas en los choques.

Estudiantes relataron a radioemisoras de Lima que los graves incidentes ocurrieron en violentas refriegas que estallaron en las cercanías de la Universidad del Altiplano, en Puno (1.200 km al sudeste de Lima), donde efectivos policiales y soldados dispararon contra los estudiantes que se concentraban en el local universitario.

Varios de los heridos presentaban un cuadro de gravedad, informó el director del hospital, declarado en «alerta rojo» para atender a los pacientes que ingresaron de urgencia.

El Defensor del Pueblo de Puno, Alfredo Herrera, relató a la AFP que soldados dispararon balas al aire y a ras del suelo para dispersar a cientos de estudiantes congregados ante la sede universitaria, y que policías lanzaron gases lacrimógenos.

Herrera precisó que intercedió ante un general del Ejército para que los soldados dejaran de disparar.

El enfrentamiento generó una situación tensa y conflictiva en Puno, donde cientos de estudiantes marcharon por las calles de la ciudad hacia la plaza principal, fuertemente custodiada por soldados y policías.

Otros grupos de jóvenes se concentraron frente al hospital regional donde están internados los estudiantes, coreando lemas contra las fuerzas del orden y en respaldo a las huelgas de maestros y trabajadores del Poder Judicial.

La situación de convulsión social se extendía a por lo menos siete ciudades, al norte y sur del país, donde cientos de maestros en huelga salieron a las calles a despecho del estado de emergencia decretado por el gobierno del presidente Alejandro Toledo para hacer frente a huelgas que derivaron en acciones de violencia.

Las movilizaciones ocurrieron en Trujillo, Cajamarca, Chiclayo y Chimbote (norte), Arequipa y Tacna (sur), así como en la surandina Cusco.

En esta última ciudad los profesores marcharon amordazados y portando cartelones condenando el estado de emergencia.

En Lima, la Policía reprimió con gases lacrimógenos una concentración de trabajadores del Poder Judicial, en huelga desde la semana pasada, que se realizaba en las puertas del Palacio de Justicia.

El primer ministro, Luis Solari, sostuvo que las protestas en diferentes partes del país «demuestran que existía la intención de una escalada de violencia».

«Esos actos demuestran que había una intención con una ola o una escalada de violencia del país», dijo Solari al ingresar al Palacio de Gobierno convocado para una reunión urgente del Consejo de Ministros para analizar la situación que vive el país.

Olmedo Auris, dirigente del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación, reiteró que la huelga se mantendrá a pesar del estado de excepción y llamó a los maestros a realizar marchas relámpago» (concentrarse, protestar y rápidamente disolverse), y a persistir en «ollas comunes» en colegios estatales.

El gobierno, jaqueado por la ola de protestas, declaró como urgente la compra de granadas y cartuchos lacrimógenos por valor de medio millón de soles (143.700 dólares), según una resolución del Ministerio del Interior divulgada en la gaceta oficial. *

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