La globalización neoliberal recibió un golpe en la Argentina
Fidel Castro no pasó por la Argentina como una sombra fugaz.
Con su presencia y por el nuevo enfoque de la política exterior de Néstor Kirchner se implantó el deshielo en las relaciones bilaterales y pronto irá un embajador a La Habana a elevar el rango de la representación diplomática que redujo Fernando de la Rúa cuando mando de vuelta a Buenos Aires a Oscar Torres Avalos luego de votar contra la Isla en Ginebra y se escuchó aquello de «lamebotas» en la voz de Fidel.
Castro mantuvo con Kirchner una larga conversación y de su boca salió la propuesta de renegociar la deuda por 1.500 millones de dólares que vienen de los años del último gobierno de Juan Perón cuando por motorización del entonces ministro de economía José Ber Gelbard, la Argentina obligó a las automotrices argentinas venderle autos a Cuba con créditos oficiales.
Gelbard murió poco después del golpe militar y Fidel recordó hace poco que él era afiliado al Partido Comunista argentino y un leal amigo de la Revolución.
«Dudé en venir para no crearte problemas», cuentan que Castro le dijo a Kirchner apenas se saludaron. Y en rigor, si se interpreta bien el discurso que el Comandante improvisó en las escalinatas de la Facultad de Derecho, le dio por varias vertientes un implícito respaldo al nuevo mandatario.
«La globalización neoliberal ha recibido un colosal golpe. Ustedes no saben el servicio que les han prestado a América Latina y el mundo al hundir en la fosa del Pacífico al símbolo de la globalización neoliberal». Fue claro: su flecha dirigida contra Carlos Menem, de valorizar el proceso electoral fulminado aquí por sectores de izquierda histórica y de empinar la figura de Kichner cuyo discurso ante la Asamblea Legislativa, Castro subrayó pacientemente.
No sólo defendió la obra de la Revolución ante una multitud que llegó más espontáneamente que por aparato, que no faltó, claro. Envió mensajes urbi et orbi, como volver a alertar sobre una agresión norteamericana contra la Isla. Pero el líder cubano insistió en otra idea: la de convencer a la opinión pública norteamericana, llegando a ella con argumentos que muestren el error de respaldar la política agresiva de sus dirigentes oficiales. «Hay que usar Internet» para llegar a todos lados, al pueblo norteamericano en primer lugar, un puntapié inicial de una cruzada informativa para romper el muro que imponen las corporaciones y Washington para repetir, en otras condiciones históricas, que los norteamericanos comunes, su intelectualidad sobre todo, lo que hicieron durante la guerra de Vietnam.
Otro mundo es posible
Castro está convencido, y lo subrayó, que quienes pueden hacer dar marcha atrás al proceso de fascistización del Estado norteamericano, es su propia opinión pública. No en vano señaló una y otra vez que jamás educaron a su pueblo al odio hacia los norteamericanos.
La arenga estuvo cargada de información sobre la realidad cubana pero también de mensajes que podrían ser tomados como «consejos», aunque se encargó de puntualizar una y otra vez, que se cuidaba mucho que lo que dijera no se entendiera como injerencia en los asuntos internos.
El improvisado discurso tuvo una gran lógica didáctica, donde enfatizó en aquello de prueba y error, recalcando que incluso «sentía vergüenza» por no haber comprendido antes algunas cosas que surgieron de la práctica revolucionaria en varios asuntos, el educativo y el sanitario, en particular.
En esa lógica señaló en un momento que «no tenía un átomo de duda» sobre el hecho revolucionario de 1959 pero que hoy hay otra realidad donde es posible en diversas formaciones económicas y sociales construir otro mundo. «Otro mundo es posible», lanzó como consigna para que a la vez que se consigan metas hay que seguir insistiendo una y otra vez más que «otro mundo es posible». No predicó «tomar el cielo por asalto».
Fue de alguna manera proclamar que vale la pena no hostigar a Kirchner.
Castro fue la gran estrella de la ceremonia de traspaso del mando presidencial y la derecha se puso casi loca, como revelan editoriales de La Nación, Ambito Financiero o Infobae, amén del veneno que salió por el éter. Pero el comandante fue ovacionado en la Asamblea Legislativa, con lo verificó el «aplausómetro»; fue seguido por mucha gente allí donde se hizo presente, y convocó a una multitud frente a las escalinatas de la Facultad de Derecho en el muy paquete barrio de La Recoleta.
Va de suyo que no todas fueron rosas con el visitante, pero no es audaz colegir que gran parte de los argentinos, aún desde posiciones críticas con aspectos de la realidad cubana, entiende la epopeya de ese pueblo y que encara Fidel.
Concluir con un eje La Habana, Caracas, Brasilia, Buenos Aires, no es una conclusión real. Sí se puede hablar de más acercamiento para encarar los nuevos desafíos de la época.
Kirchner no se anota en una cruzada antinorteamericana. Viajará a los EEUU en 90 días, como se lo dijo el lunes al enviado de Washington a las ceremonias, el cubano-norteamericano, el secretario de Vivienda, Mel Martines.
Los informes sobre rating revelaron que el discurso de Castro tuvo elevada audiencia. El líder de la Revolución voló ayer por la mañana a su país y charló también con políticos locales como Raúl Alfonsín. *
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