Neumonía atípica ensombrece el viaje del presidente chino

La sombra de la neumonía atípica (SARS) se cierne sobre el viaje del nuevo presidente chino, Hu Jintao, que busca afirmar su liderazgo en la escena internacional después de que la epidemia sacó a la luz, en el frente interno, las debilidades del sistema chino.

Hicieron falta más de dos meses para que China, donde reina el liberalismo económico acompañado por un rígido autoritarismo político, pusiera fin al torpe intento de minimizar el alcance de la crisis y comenzara la difícil batalla contra el SARS.

El terremoto político provocado por la epidemia y la movilización general ordenada por Hu en la última semana ya están dando sus frutos: los casos de infección pasaron de entre 100 y 150 al día a los ocho de ayer, con sólo dos muertes; además disminuyó la mortalidad y bajaron netamente las infecciones entre los operadores sanitarios.

China pagó un precio muy alto por el virus y su propia incapacidad de intervenir a tiempo: los muertos fueron 317 (168 de ellos en Pekín) y 5.316 personas se contagiaron. Recurriendo a los viejos eslóganes maoístas –el SARS es un «enemigo» contra el cual «el pueblo chino ganará bajo la guía del Partido Comunista»– Hu y sus hombres finalmente tomaron la dirección efectiva de las operaciones. La «tutela» de los «ancianos» –encabezados por el ex presidente y jefe de la poderosa Comisión Militar Central, Jiang Zeming– se mantiene, pero está debilitada. Así Hu podrá hablar con sus interlocutores como un líder sin incómodos «protectores».

Pero eso no quita que la epidemia haya sacado a la luz los límites de un experimento que tuvo gran éxito en el campo económico –con una tasa de crecimiento promedio del PBI del 10 por ciento al año, durante los últimos 13 años– pero que sigue siendo frágil desde el punto de vista político, con una ambigua relación entre libertad social y autoritarismo político. La sociedad china mostró que no tiene confianza en sus líderes: antes de que se revelara el intento de cobertura de la crisis, decenas de ciudadanos escribieron y llamaron a los medios de comunicación.

Luego, viendo que no daba resultado, se comunicaron con los medios extranjeros, denunciando la situación real. Millones de operarios y estudiantes extranjeros no respetaron la orden de no dejar la capital, epicentro de la epidemia, y en el norte de China miles de personas se rebelaron abiertamente, atacando hospitales y centros de cuarentena. *

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