Kirchner: un discurso alentador
Se escuchó durante los 48 minutos de su arenga ante la Asamblea Legislativa una insistencia sobre su militancia pasada de la generación que intento tomar el cielo por asalto en los 70, pero así como fue duro con el terrorismo de Estado, no silenció la autocrítica personal y generacional, por los propios errores cometidos.
Se trata de abrir el camino a los «hombres comunes» y habrá que ver Kirchner alertó si estarán a las alturas de sus responsabilidades porque hay un relevo donde quedan atrás los grandes liderazgos y ahora corresponde construir el futuro conociendo las consecuencias que dejó el neoliberalismo al que sólo le importó la previsibilidad de los grandes negocios y no como iba derrumbándose las fuentes de trabajo y empinándose la cesantía y la marginalidad.
El pasado y el futuro fue una constante en su discurso liminar y dio una explicación sin referencias explícitas, al porque del relevo del 50% del cuerpo de generales y el 25% del de brigadieres y almirantes quiere FFAA mirando al futuro sin estar vigilando el pasado. ¿De qué se trata?: de la insistencia del alto mando actual por incidir en resoluciones judiciales o políticas acerca de la constitucionalidad o no de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Kirchner conoce de las presiones del jefe del Ejército, Ricardo Brinzzoni, sobre la Suprema Corte que tiene en sus manos decidir sobre fallos de jueces y cámaras federales para que se anulen los efectos de las llamadas Leyes de Impunidad que permitieron zafar en los 80 a cerca de 800 oficiales de ser juzgados por violaciones a los derechos humanos. Sabe también que la mayoría de los oficiales que serán jubilados, dieron su respaldo a Carlos Menem o al emergente de la derecha, Ricardo López Murphy. Y entonces unió lo útil con lo agradable, recordó que no hay olvido sobre la represión y colocó, al menos en el Ejército, a un general joven de su amistad personal.
Ha sido un paso de autoridad en el momento en que su llegada tiene amplio consenso popular, incluso exhibido el 25 de mayo en las calles porteñas, y un primer escalón para construir poder, que requiere de amplios consensos para enfrentar su curso de acción explicitado ante las dos cámaras y frente a los principales mandatarios de América Latina donde Fidel Castro fue el que mayor aplausos recibió y junto a Lula y Chávez, algunos sectores se ilusionan con un espacio político internacional de nueva configuración.
En este cuadro se entiende los ajustes de la política externa, explicitados en el objetivo estratégico del Mercosur y la integración sudamericana para desde allí tener relaciones responsables con los EEUU y la Comunidad Económica Europea, pero buscando además como iguales a los emergentes asiáticos.
Embebido por el pensamiento neokeyneasiano, Kirchner prometió un Estado comprometido con la economía, para corregir las iniquidades del mercado y como promotor de inversiones especialmente en las públicas sin «obras faraónicas» sino con emprendimientos necesarios, viviendas especialmente, que ayuden a revertir la insolente tasa de desempleo y marginalidad.
En el plano económico, el Presidente prometió «traje a rayas» para los evasores económicos, desafíos que no son inéditos pero siempre incumplidos o frustrados, por el lobby que esos intereses ejercen sobre el poder político o judicial que demandan de una enorme voluntad efectiva de modificar claramente esas frustraciones, apoyadas en una base política que Kirchner necesitará construir pero es un trayecto que requiere tiempo.
Un mundo difícil
Por ahora cuenta con el ángel que acompañan a los nuevos mandatarios, luna de miel que el propio justicialismo excepto bolsones del menemismo viven estas horas, pero ya se sabe que muchos demasiados de sus compañeros, en el pasado le dieron a Menem toda la legislación que requería para su proyecto conservador, injusto y corrupto. La oposición de centro-izquierda que encabeza Elisa Carrió le da su respaldo «sin mezclarse» con el Gobierno, pero con la misma satisfacción por lo oído el domingo, como lo recibió la gente.
López Murphy no concurrió al Parlamento, no es legislador, pero como el nuevo referente conservador o liberal o centro-derechista, exhibió una actitud intolerante que constituye una rémora en la construcción de un país políticamente civilizado.
A los mercados le dijo lo que quieren oír: que será inflexible con las cuentas fiscales, buscando el equilibrio como buena manera de administrar, cosa que por otro lado demostró en Santa Cruz por once años.
Pero prometió que la deuda sola será posible si el país crece, lo que no es posible con ajustes, a los que descartó, y se renegocian generosamente los compromisos.
Dicho de otra manera: fue el primer presidente constitucional que no prometió honrar la deuda a cualquier precio, aunque aclaró que no es un mandatario para el default. «No se paga con el hambre del pueblo», sintetizó. Y la sigla FMI fue otra ausente.
Kirchner sabe que poco puede contar con la derecha y que debe remover otros obstáculos, como el de la Suprema Corte. No dijo nada al respecto, lo que quiere decir que oficialmente no impulsará la remoción vía juicio político, pero no hará nada por frenar los que hay en curso, que buscan además, motivar a algunos supremos a jubilarse y permitir la oxigenación en el Poder Judicial.
Mensaje visto como una bocanada de aire fresco, aunque hay lagunas sobre cómo motivar a millones de desamparados castigados por las carencias y la falta de empleo. Pero dejó una definición terminante: el desempleo es un problema económico, no de ayuda solidaria.
Y dos desafíos más: ¿cómo conjugar sus convicciones en el mundo de George W. Bush, de qué manera plasmarlas mientras amasa un poder político que todavía no tiene? *
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