Hace 30 años otro peronista progresista asumía la presidencia en Argentina

El "Tío" Cámpora

Argentina despertaba de una dictadura militar que se instaló en 1966 pero que tuvo que improvisar una salida no muy decorosa con las elecciones del 11 de marzo de 1973, pero que logró su meta de impedir la postulación de Perón.

El viejo líder, desde su exilio en Madrid, designó a su fiel delegado ‘el Tío’ Cámpora para encabezar la lista del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) que, con casi 50% de los votos, vencería al radical Ricardo Balbín.

El 25 de mayo del 73 estalló el fervor popular, contenido por años de prohibiciones y persecuciones, y la asunción en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno mezcló militantes peronistas con funcionarios e invitados, mientras la Plaza de Mayo era un hervidero de gente cantando y agitando banderas.

Especialmente cálida fue la recepción a Salvador Allende, con su particular experiencia en el vecino Chile, y a Osvaldo Dorticós, el presidente de Cuba, en cuyo espejo se miraba la izquierda argentina, quienes acompañaron a Cámpora en el famoso balcón de la Casa Rosada. En contraste, el presidente uruguayo Juan María Bordaberry, quien desde febrero gobernaba con apoyo militar, recibió un generalizado repudio.

Entre los enfervorizados integrantes de la Juventud Peronista (izquierda) que colmaron la Plaza de Mayo para vivar a Cámpora se encontraba un joven militante venido del extremo sur del país, Néstor Kirchner, el mismo que ingresará 30 años más tarde a la Casa Rosada con el pecho cruzado por la banda presidencial.

El gobierno del ‘Tío’ duró 45 días, un suspiro en la historia contemporánea argentina, y fue bautizado como ‘La primavera de Cámpora’ por su fervor popular a flor de piel y las libertades públicas en su máxima expresión.

Héctor Cámpora –odontólogo de profesión– cumplió al pie de la letra su rol y presentó su renuncia para dar paso a una nueva elección, que permitiera el regreso de Juan Perón al poder 18 años después de haber sido derrocado en setiembre de 1955.

El fin de la ‘primavera’ camporista abrió las compuertas para el descenso del país a los infiernos, con la derecha peronista ocupando a sangre y fuego los espacios, antesala del cruento golpe militar de 1976.

Tras un breve interinato de Raúl Lastiri, yerno del temido José López Rega, fundador de las parapoliciales ‘Triple A’, Perón arrasó en las elecciones y asumió la presidencia en octubre de 1973.

Pero el que regresó no era el líder indiscutido y vital de los años 40 y 50, sino un anciano al borde de la muerte que sobrevendría el 1 de julio de 1974.

Perón ya no tenía a su lado la mítica Evita, muerta en 1952, sino una inoperante y débil Isabel Martínez, fácil presa del dominio del ‘brujo’ López Rega.

Cámpora fue literalmente enviado a un exilio dorado, como embajador en México y, ya de regreso a Argentina, el golpe del general Jorge Videla en marzo de 1976 lo obligó a asilarse en la embajada mexicana en Buenos Aires, de la que saldría en 1979 para morir de cáncer dos años después. *

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