Brasil y los cambios en América Latina
Néstor Kirchner asume la presidencia de la Argentina en la histórica fecha del 25 de mayo. Cuando se reunió con Lula en Brasilia, antes de la huida vergonzante de Menem, anunció el fin de las «relaciones carnales» con EEUU y su propósito de sumar esfuerzos para reconstruir el Mercosur y otorgar un mayor peso a América Latina en el mundo. Simultáneamente Duhalde reseñaba en nuestro país los resultados nefastos de las políticas neoliberales. Estas posiciones se asientan en un terreno común con las del gobierno brasileño. Gana espacio la lucha contra el neoliberalismo, contra las privatizaciones que caracterizaron el decenio menemista, política que hubiera persistido de haber ganado la porfía él o López Murphy, que mostró la hilacha en su fugaz pasaje por el Ministerio de Economía de De la Rúa hasta que la movilización popular lo sacó de la troya.
Mercosur afianzado y lucha antineoliberal
Hoy el tema se plantea sobre nuevas bases. Brasil otorga particular relevancia al Mercosur, para intensificar las relaciones de todo orden entre sus integrantes y para negociar conjuntamente con máxima eficacia con otros países o bloques. Si Collor de Mello fue el adalid de las políticas neoliberales en estado puro, no debe olvidarse que bajo FH Cardoso las privatizaciones sumaron 100.000 millones de dólares. En contraposición, el gobierno brasileño se orienta a reconstituir un proyecto de desarrollo nacional sobre la base de un crecimiento que contemple las fronteras sociales (incorporando 40 millones de brasileños al tejado social), dotado de una dimensión democrática cabal, no restringida ni autoritaria, con nuevas formas de participación popular y de conformación de espacios públicos, todo ello en un plano de afirmación de la soberanía nacional en el ámbito latinoamericano. Los avances políticos del Mercosur (por ejemplo, el Parlamento propio, electo por voto popular) podrán contribuir eficazmente a los avances económicos. Este es un concepto teórico relevante e innovador ante opiniones generalmente admitidas.
Por su parte Duhalde (el primer mandatario en ser visitado por Lula como presidente electo) destacó en nuestro país la responsabilidad de la política de los gobiernos de Menem en la crisis argentina, definiéndolos como «un neoliberalismo vernáculo, criollo, mediocre, incapaz, antiargentino». Ante la Asamblea General enfatizó que «es imprescindible fortalecer y profundizar el Mercosur», condenó la política de subsidios de EEUU y Europa, así como la conducta belicista de Washington.
Sin duda, esas posiciones comunes de los dos mayores países del bloque influencian positivamente a los otros dos integrantes (Paraguay y Uruguay) y a los dos asociados (Chile y Bolivia). Se acrecienta la posibilidad de negociar desde el Mercosur como bloque, y de abordar a partir del mismo (y en conjunción con otros países o asociaciones, llámense Venezuela o Pacto Andino) proyectos tan controvertidos como el ALCA. De todos modos, compárense las actuales perspectivas del Mercosur con las imperantes cuando la batuta estaba en manos del dúo Collor-Menem.
Panamá, nuevas perspectivas
Por otra parte, se abren nuevas perspectivas para la izquierda en el continente. Un caso poco difundido es el de Panamá, abocado a próximas elecciones presidenciales. Las encuestas dan al candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Martín Torrijos, el 51% de respaldo de los electores. El candidato es hijo del líder panameño Omar Torrijos, muerto el 31 de julio de 1981 en accidente de aviación (o más probablemente asesinado por la CIA), que entró en la historia porque logró, en tratado firmado con Carter en 1977, la devolución del Canal a Panamá. Según la encuesta realizada por PSM-Sigma para Crítica y Telemetro entre los días 24 y 27 de abril, llegaría un segundo lugar con 31% Guillermo Endara, el ex presidente que juró su cargo en la base norteamericana de Fort Clayton luego de la invasión yanki lanzada a traición el 20 de diciembre de 1989 y de las matanzas perpetradas en el barrio popular de Los Chorrillos. José Miguel Alemán aparece como el mejor candidato del arnulfismo (el partido fundado por Arnulfo Arias), y le sigue Marco Ameglio. En la alcaldía de la capital también hay buenas perspectivas para el PRD, con Juan Carlos navarro (53%).
Salvador, Venezuela, Ecuador
Ya hemos señalado los grandes avances del FML en las elecciones municipales y legislativas de El Salvador (la mayor bancada parlamentaria, conquista de 9 de las 10 cabezas de los departamentos más poblados), del activo intercambio de visitas de sus dirigentes políticos con el gobierno de Brasil y con las autoridades del PT. En Venezuela, la situación del presidente Chávez se consolida, más allá de los recrudecidos intentos golpistas de los sectores oligárquicos y de la embajada norteamericana (y de la conspiración de Otto Reich con el empresario Pedro Carmona, acogido por el ex presidente Monge en Costa Rica). Es digno de destaque que en medio de la huelga desencadenada por los golpistas contra Pdvsa, en diciembre pasado, Brasil envió gasolina a Venezuela, y ella se hizo en acuerdo con el gobierno saliente. En Ecuador el gobierno encabezado por Lucio Gutiérrez, a pesar de sus contradicciones con el movimiento indígena, tiene francas definiciones de izquierda. O sea que el panorama de América Latina en su conjunto está cambiando.
Un ciclo a la izquierda
En tal sentido, la elección de Lula y los formidables avances del PT en todo Brasil no significan una culminación, sino probablemente el inicio de un nuevo ciclo hacia la izquierda y de afirmación de la democracia a lo extenso de la América Latina y caribeña. En el problemático cuadro mundial de hoy, es América Latina el continente donde ya se están procesando los mayores cambios hacia la izquierda, con posibilidades abiertas de extensión de esa tendencia a otros países de la región. *
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