La espiral de sangre sin fin

Nadie puede sorprenderse. La guerra infinita lanzada por Bush tras el 11 de setiembre de 2001 a pretexto de la «lucha antiterrorista» («o están con nosotros o con los terroristas») se tradujo en las invasiones a Afganistán e Irak, en la más cruda aplicación del terrorismo de Estado, y en la intensificación de las masacres y ocupaciones de territorio por parte de Israel (el aliado incondicional de EEUU en Oriente Medio) contra los palestinos. Como era previsible, como alertaron voces sensatas en todo el mundo y millones de manifestantes por la paz en el más vasto movimiento conocido en la historia, ello sólo podría generar el auge del terrorismo y su extensión geográfica. Es lo que el mundo está viendo con horror, de Arabia a Marruecos pasando por Israel.

 

Las invasiones a Afganistán e Irak

Como consecuencia de la invasión encabezada por EEUU, Afganistán es hoy un territorio desolado, arrasado por las bombas y las tropas yankis de ocupación y con un número de víctimas inocentes que nunca se han querido reconocer. El pretexto era la captura de Bin Laden y el desmantelamiento de Al Qaeda, la red terrorista formada en todas sus piezas y financiada por EEUU para luchar contra la ocupación soviética del país. Sin embargo, no sólo Bin Laden está vivito y coleando sino que, según la CIA, Al Qaeda es la responsable del mortífero triple atentado del 12 de mayo en Riad contra la presencia de las tropas y de las bases norteamericanas en Arabia Saudita. Otro tanto sucedió en Irak. Con el objetivo proclamado de terminar con Saddam Hussein y con las armas de destrucción masiva, se decretó una «guerra preventiva» en violación de la Carta de la ONU y del derecho internacional, se produjeron los bombardeos más concentrados que se recuerde, se mató y destruyó a mansalva. Ahora aparecen incluso nuevas enfermedades. Saddam no ha sido capturado ni asesinado, como ordenaron las tropas de ocupación; las armas destructivas no aparecieron por ningún lado, los yankis renovaron varias veces el ridículo en que cayó Colin Powell en el Consejo de Seguridad (presentando documentos burdamente falsificados), e incluso se proponen enviar otros 2.000 agentes militares y civiles para buscarlas. Lo que sí ha quedado en claro es que la mafia del petróleo (de Cheney y Condoleezza Rice) se apropia de toda la riqueza petrolera del país y que los fondos para la reconstrucción saldrán del petróleo iraquí.

 

Después de Arabia, Marruecos

Paul Bremer, nuevo jefe supremo enviado por Bush tras sacar al general Jay Garner como chicharra de un ala, declaró que la formación de un gobierno iraquí ha sido pospuesta indefinidamente y que los miembros del Partido Baas están excluidos de toda función pública.

Las tropas yankis ocupan los centros de enseñanza en Bagdad, expulsan ametralladora en mano a quienes protestan, mientras crecientes manifestaciones (la última de chiítas, sunnitas y cristianos unidos) reclaman el retiro de las fuerzas de ocupación y la formación de un gobierno propio.

Cuatro días después de los sucesos de Riad, la ola se extiende a Marruecos y cinco atentados conmueven Casablanca. Aquí los objetivos son instituciones vinculadas a Israel (por su persecución a los palestinos) y a España (por su participación en la guerra contra Irak).

Esto último tendrá sin duda consecuencias en las elecciones municipales y regionales del 25 de mayo en España, del mismo modo que ya produjeron un sensible retroceso de los laboristas en las recientes elecciones municipales en Gran Bretaña.

Acto seguido, volvió a agudizarse la situación en Israel y los Territorios.

 

Las represalias de Sharon

El gobierno de Sharon cerró todas las fronteras, encerró a todos los palestinos en los Territorios, y anunció nuevas represalias, como respuesta a una serie de atentados terroristas suicidas en Gaza, Hebrón y Jerusalén. El viernes pasado, el ejército israelí continuaba ocupando el norte de la franja de Gaza, donde cinco palestinos murieron por una incursión israelí, y 70 blindados, acompañados por bulldozers y helicópteros de asalto rastrillaban una serie de localidades y el campo de refugiados de jabaliya. En las últimas horas, Sharon se reunió con el primer ministro palestino Mahmud Abbas, y no sólo relegó a Arafat, sino que anunció que no se entrevistará con nadie que lo haga con el líder palestino (y Javier Solana, que representa a la Unión Europea, aceptó esa humillación).

José Levy alude con desparpajo en la CNN a «la política de Estados Unidos para modificar la estructura del gobierno palestino», o sea dejar a Arafat al margen.

El gabinete de Sharon incluye partidos de extrema derecha que preconizan la expulsión de todos los palestinos de sus tierras, y ahora en su seno se alzaron voces  como la del ministro de la Defensa, Shaul Mofaz  clamando por la expulsión de Arafat, que está recluido en la ciudad de Ramalá.

En estas condiciones, se propuso la programada entrevista de Sharon con Bush en la Casa Blanca, destinada a poner en marcha un llamado plan de paz que posterga la exigencia palestina de un estado independiente y no contempla sus aspiraciones en cuanto a un territorio unificado y al retorno de los refugiados.

 

El terrorismo imperial

Esta espiral de sangre sin fin muestra que el camino emprendido por EEUU lleva al mundo a una dramática extensión de los actos terroristas, agravados por la modalidad del terrorismo suicida. La campaña antiterrorista mundial debiera lógicamente estar en manos de Naciones Unidas, pero es precisamente lo que no quiere admitir Estados Unidos, dispuesto a llevar hasta el fin el terrorismo de Estado, como siempre lo ha hecho. Sin ir más lejos, acaban de desclasificarse los documentos reveladores de la conspiración terrorista de la CIA para derrocar al gobierno de Arbenz en 1954, que transformó a Guatemala en un lago de sangre. *

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