Chechenos divididos por atentados
Al mismo tiempo, el liberal Boris Nemsov pidió al presidente ruso Vladimir Putin que entable negociaciones con el presidente checheno, considerado en posiciones más moderadas.
Ese pedido difícilmente será aceptado por Putin, que acusa a la guerrilla de ser «un anillo de la cadena» del terrorismo que atacó también a Arabia Saudita y Marruecos. Basayev reivindicó hoy para su batallón de mártires el camión-bomba que estalló en Znamenskoie y la acción de dos mujeres kamikaze en Islikhan-Iurt.
El jefe guerrillero informó que esas acciones «son sólo una pequeña parte de las operaciones proyectadas para este año» en el marco de una nueva campaña contra el «terrorismo» ruso denominada Tornado.
«Este Tornado atacará en cualquier parte», subrayó amenazante.
«Con el consenso tácito de la comunidad mundial denunció el comandante rebelde el pueblo checheno es víctima de un genocidio y nos reservamos el derecho de utilizar todas las fuerzas y medios a disposición para detenerlo y liberar a la patria del yugo extranjero».
Maskhadov, en cambio, desmintió estar involucrado en los atentados de Znamenskoie e Iliskhan-Yurt, pero la reivindicación de Basayev confirma que el control militar de la guerrilla está cada vez menos en manos del presidente.
Después del secuestro de 700 rehenes en el teatro Dubrovka de Moscú en octubre último, del que Basayev admitió su responsabilidad, Maskhadov lo suspendió como comandante militar sin destituirlo en espera de los resultados de la investigación.
El Ministerio de Exteriores independentista, encabezado por Ilyas Akhmadov, relanzó ayer la necesidad de una negociación de paz sobre la base de un plan presentado públicamente meses atrás.
Según Akhmadov, los atentados son el fruto de la «desesperación» del pueblo checheno sometido a la violenta represión rusa y abandonado por Estados Unidos para favorecer un apoyo de Moscú en la crisis iraquí. Y además las esperanzas, siempre para Akhmadov, descansan sólo en Europa.
El plan de Akhmadov prevé el retiro de las tropas rusas de Chechenia y su sustitución por los Cascos Azules para llegar a la independencia después de un proceso de supervisión de las Naciones Unidas y con garantías de Moscú.
Maskhadov dejó entrever que estaba dispuesto a discutir el proyecto que fue ignorado por las autoridades rusas.
Basayev se declaró contrario a cualquier hipótesis de renuncia a la independencia y después del secuestro en el Dubrovk, Moscú acusó al propio Maskhadov de ser el cerebro de la operación excluyendo definitivamente hipótesis de diálogo.
Putin, por su parte, ratificó después de los atentados que apuntaban al proceso de normalización lanzado con el referéndum constitucional de marzo que obtuvo el «sí» de la mayor parte de la población de la república y que prevé una amplia autonomía para Chechenia en el marco de la federación rusa.
Después de los atentados, Putin presentó un proyecto de amnistía que excluye a los principales dirigentes de la guerrilla y que debería abrir el camino a nuevas elecciones presidenciales en diciembre.
La resistencia chechena calificó el referéndum de Putin como «una farsa bajo la amenaza de las armas» de los 80 mil soldados rusos que están en Chechenia.
Y los atentados son aparentemente la respuesta a un proceso de normalización que para Basayev es sólo el instrumento para terminar con las aspiraciones independentistas. *
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