Hoy renuncia a su cargo de gobernador de Santa Cruz

Néstor Kirchner: "No hay pactos a espaldas de la gente"

Pasó estos días recluido en Calafate, un paraíso del sur del país, en la frontera con Chile, meditando sobre su cuerpo de colaboradores, lejos de las presiones abiertas de diversos sectores por imponer nombres y rumbos.

No es una tarea fácil. El actual presidente, Eduardo Duhalde, trata de amortiguar su presencia en estos días de definiciones sustanciales, y emite señales de que no molestará al nuevo habitante de la Casa Rosada con un viaje a Europa apenas entregue los símbolos del mando al que llega. Volará hasta Brasil llevado por el mismísimo Lula, cuando regrese a su patria tras las ceremonias del 25 de mayo, con el que el brasileño exhibe una vez más cuánto apoya al santacruceño, y qué empatía tiene con el hombre que se va.

Pero hay muchos puntos oscuros. El diario Clarín revela que la ministra de Trabajo, Graciela Ocaña, esposa del senador Luis Barrionuevo, un sindicalista de la vieja guardia burocrática que apostó a Carlos Menem, precisó en un encuentro que Kirchner «o gobierna con nosotros (es decir la burocracia gremial) o no gobierna», amenaza que se repite en varios escalones del mixturado mundo del justicialismo.

Son presiones por espacio de poder, similares a la que un sector del menemismo intentó negociar con el futuro mandatario la salida de Menem del escenario electoral. En esas horas de inestabilidad o falta de informaciones, LA REPUBLICA alertó sobre el intento de negociaciones clandestinas entre el menemismo y sectores del duhaldismo de las que ayer se hacen eco diversos medios locales.

Al menemismo se le atribuye demandar impunidad para su jefe, así como espacios de poder futuros –en la lógica relatada de la señora Ocaña de Barrionuevo– en la que no es un asunto menor el deseo que quede en la Secretaría de Informaciones del Estado, SIDE, su actual titular, Miguel Angel Toma.

Jamás Duhalde explicó por qué colocó a Toma en ese lugar tan estratégico, sabiendo que su corazón estaba con el ex presidente, lo que en su momento generó tantos choques que Kirchner pidió su desplazamiento en plena campaña electoral.

 

Trampas menemistas

La presencia de Toma y Ocaña Barrionuevo en el gabinete de un gobierno con Duhalde a la cabeza que apostó a Kirchner es uno de los tantos puntos oscuros que quedarán no como anécdotas, sino de esos compromisos non sanctos que unen más cerca del más allá que de los mortales a duhaldistas, menemistas y, de estos dos sectores, con algunos de la Unión Cívica Radical.

Sostiene Clarín con la firma de su columnista de fuste, Eduardo Van de Kooy, que «la dilación que rodeó a la renuncia de Menem tuvo menos que ver con las rencillas internas  que las hubo a granel– que con la voluntad nítida de dañar a las instituciones y al gobierno que vendrá».

Así como La Nación apretó días atrás al nuevo mandatario con aquello que círculos influyentes de los EEUU anticipan nada más que un año de gobierno de Kirchner, no está esclarecido si Menem en esas horas claves de indecisión se comunicó con sus amigos norteamericanos, entre los que se destaca George Bush padre. Hay analistas que estiman que sí, para utilizar el daño como otro factor de presión para que se defiendan algunos negocios concretos.

Aunque hay una lotería de nombres sobre ministros futuros, Kirchner insiste en que el miércoles dará a conocer el elenco de colaboradores más significativos. Los más cercanos al sureño juran que es inmune, al menos por ahora, a las presiones sectoriales. «No hay pactos a espaldas de la gente» le aseguró a Página/12.

Y le dijo al matutino que los grandes grupos económicos buscan sacar partido del no balotaje que generó Menem con su decisión de no competir ayer, porque «ellos necesitan que uno esté lo menos plebiscitado posible para decir: como no hay nivel de votación, acá hay que buscar consensos».

Es otro de los cantos de sirena de estas horas: la unidad nacional, por encima de los planteos ideológicos o de los objetivos que se prometieron al país en la campaña electoral.

Ciertas palabras tienen sentido, según quien las pronuncia. Días importantes. *

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