Decenas de miles de fieles festejaron el cumpleaños del Papa
Unas 50.000 personas recibieron al Papa en Plaza San Pedro agitando banderas blancas y amarillas, los colores del Vaticano, y las blancas y rojas de los 20.000 compatriotas polacos que llegaron a Roma para rendirle homenaje y asistir a las canonizaciones.
Desde Polonia viajaron también las máximas autoridades encabezadas por el presidente Aleksandr Kwasnieuwski y una numerosa delegación de obispos guiados por el cardenal arzobispo de Varsovia, Josef Glemp, y el arzobispo de Cracovia, Franciszek Macharski.
«Beatissimo padre ad multus annus», fueron las palabras pronunciadas en latín por el cardenal Joseph Ratzinger, uno de sus más estrechos colaboradores, antes del inicio de la ceremonia.
Fue la única concesión del ceremonial para los 83 años de Karol Wojtyla, el Papa más amado por los jóvenes, que celebrará este año los 25 años de su pontificado, el cuarto más largo de la historia de la Iglesia.
«Santo Padre, gracias de corazón, que el Señor pueda devolverle con creces lo que da a sus fieles servidores», dijo Ratzinger a Juan Pablo II.
El cardenal manifestó al Papa la «gratitud por todo lo que hace», no sólo de parte de los presentes, sino también de las innumerables personas de todo el mundo y no sólo cristianos.
Juan Pablo II recibió estos días innumerables mensajes de todo el mundo a la dirección de correo electrónico, creada expresamente por la Santa Sede.
El cardenal José Saraiva Martins abrió después el rito de la canonización de los cuatro beatos: la noble romana del siglo XVII Virginia Centurione Bracelli, que dedicó la vida a los pobres, María de Mattias, una monja del siglo XIX, que creó escuelas rurales para los pobres, Jozef Sebastian Pelczar, obispo polaco promotor de la ayuda social y Urszula Ledochowska, una monja polaca fundadora de escuelas y de una orden religiosa.
La misa celebrada al aire libre duró dos horas y media durante las cuales el Papa habló siempre con voz clara, interrumpido cada tanto por los aplausos de los fieles.
El Papa dijo al recordar la vida de Orsola Ledochowska que todos pueden aprender de la obra de la nueva santa «cómo edificar con Cristo un mundo más humano, en el cual serán realizados «plenamente valores como la justicia, la libertad, la solidaridad y la paz».
Ledochowska fundó la Congregación de las monjas polacas que asisten a su santidad.
Bajo el sol de la primavera romana, los peregrinos esperaron pacientemente el final de la misa para cantar un improvisado «Feliz cumpleaños» al pontífice y sus compatriotas le desearon con una canción tradicional «cien años más de vida» en polaco.
Juan Pablo II agradeció a todos por los augurios recibidos y pidió a los fieles que rezaran para ayudarlo a continuar su misión, antes de retornar a su departamento en el Vaticano, donde las monjas polacas lo esperaban con una torta con 83 velitas.
La infatigable dedicación a favor de los derechos humanos del Papa le valieron el sábado la atribución del doctorado Honoris Causa en Jurisprudencia de parte de la Universidad de Roma, que lo honró además con el título de «magno».
Este Papa pasará así a la historia como «Juan Pablo II el grande», un título que recibieron solamente tres de sus predecesores, entre ellos San Gregorio el Grande. *
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