En Brasil subastan adolescentes vírgenes entre 10 y 17 años

En locales del norte de Brasil «se subastan» mujeres vírgenes, denunció la prensa brasileña en la víspera del día nacional de combate al abuso y la explotación sexual de niños y adolescentes.

La explotación y el abuso sexual se extiende por todo el territorio brasileño con 6.000 denuncias entre 1996 y 2002, de acuerdo a datos de Radiobras.

La misma fuente dice que en el norte del país, en zonas portuarias y mineras se registran «remates de mujeres vírgenes» y se practica el turismo sexual.

El 18 de mayo fue instituido como el Día Nacional de Combate al Abuso y Explotación de menores y adolescentes porque fue la fecha de la muerte de Araceli Santos, víctima de una secuestro, violación y asesinato en Vitoria, capital del estado de Espírito Santo.

Este año el comité nacional de enfrentamiento a la violencia sexual presentó una campaña para incentivar las denuncias bajo la consigna «olvidar es permitir, recordar es combatir» los abusos.

Sólo durante este año las entidades recibieron un total de 1.500 denuncias sobre abusos sexuales, de los cuales un poco más de la mitad da cuenta que el delito ocurrió al interior de la familia de la víctima.

De ese total, el 73 por ciento de las víctimas son mujeres menores de edad y los delitos afectan una franja de entre 12 y 17 años de edad.

La mayor parte de las víctimas de los abusos es mulata o descendiente de africanos, dice la estadística.

La violencia sexual, explica el coordinador para Brasil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Pedro Américo, se divide en dos categorías: abuso y explotación con fines comerciales.

En este último caso el adulto busca un retorno financiero que a su vez se subdivide en prostitución infantil, pornografía, turismo sexual y tráfico de menores.

Los estudios dicen en que en la mayoría de los casos las menores sufrieron algún tipo de violencia dentro de su familia, o en las calles.

Esa violencia, explica Américo, se resume en violaciones, seducción, negligencia, abandono, malos tratos o violencia física o psicológica.

«El agresor es generalmente un hombre conocido de la familia», resalta el funcionario.

El tráfico para fines sexuales se produce dentro del territorio brasileño y también hacia el exterior, indica Pedro Américo.

Agrega que es difícil enfrentar el tráfico dentro de Brasil porque «no existe una legislación específica para este tipo de delitos en el Código Penal».

«Esperamos en este día actualizar el compromiso del presidente (Luiz Inácio Lula da Silva) que garantizó que el enfrentamiento a la violencia sexual es una prioridad del país», manifestó Américo.

Al respecto el ministro de Justicia, Marcio Thomas Bastos, anunció que ocho ministerios participarán de una campaña contra los abusos sexuales que son «una llaga intolerable dentro de la sociedad brasileña».

La OIT denunció también que sólo en la Triple Frontera de Brasil con Paraguay y Argentina fueron denunciados 3.500 casos de víctimas de la explotación sexual.

Las menores tienen entre 10 y 17 años y «son explotadas en las calles, burdeles, boites y saunas. Los clientes generalmente son hombres viejos, turistas extranjeros y brasileños», de acuerdo a la entidad laboral.

La OIT inició en el año 2001 en Foz de Iguazú, la ciudad limítrofe con Argentina y Paraguay, un programa de eliminación del trabajo infantil para intentar rescatar a niños y adolescentes explotados sexualmente con fines comerciales. El programa, que debe terminar en 2004, invertirá 2 millones de dólares y es auspiciado por el Departamento del Trabajo del gobierno de Estados Unidos. *

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